De entre todas las noticias que nos llegan sobre corrupción es difícil que una te sorprenda, pero el pasado Lunes una me resultó especialmente interesante y es la historia de Manuel Ramos el que fuera director comercial de una de las empresas más antiguas de España, la compañía estatal que explota las minas de mercurio Almadén, Mayasa. Lo que hacía este pájaro es que sacaba el líquido metal de la empresa y lo vendía en su nombre por el resto del mundo. En total se embolsó 8 millones de euros.

Lo curioso del asunto es que le pillaron porque al presidente de la compañía le dio por investigar por qué su director comercial no iba casi nunca a trabajar. En principio no debería resultar extraño que un directivo de una multinacional pasase gran parte de su tiempo en Asia, lo que le chocó a su jefe es que en Asia no vendían, así que poco se tuvo que investigar para dar con el fraude.

La corrupción es un mal endémico en muchas sociedades y la nuestra no se libra de ello. En los países desarrollados suele darse menos, quizás porque se vive mejor y no sale rentable meterse en líos. Así que lo lógico sería pensar que si se sube el sueldo, por ejemplo, a los políticos, estos tenderán a ser menos corruptos. A fin de cuentas uno se corrompe para recibir más pasta y si tu trabajo te da la pasta necesaria, no te corrompres

Esto lo probaron en Ghana, un país que está en la primera división de la corrupción y los resultados son más que interesantes.

En 2010 decidieron subir el sueldo a los funcionarios y los principales beneficiados fueron los policías a los que se les duplicó el salario, con la intención de que dejasen de hacer cosas tan incómodas para los ciudadanos como extorsionar a los conductores. Tal era el descontrol que tenían que el 91% de los Ghaneses pensaban que sus policías eran corruptos. Principalmente, porque lo eran

Casualmebte, por entonces, dos economistas estadounidenses (Jeremy Foltz y Kweku Opoku Agyemang) estaban realizando un largo estudio que consitía en preguntar a los camioneros que transitaban desde Ghana hasta la vecina Burkina Faso cuántas veces les había parado la policía y cuánto habían pagado en extorsiones tanto a las fuerzas de seguridad como a los funcionarios de aduana.

Tras analizar los datos obtenidos durante bastantes meses a 2.100 camiones, se dieron cuenta de que la policía de Ghana se volvió más corrupta tras la entrada en vigor de la nueva política salarial, tanto en términos absolutos como en relación con los funcionarios de aduanas y la policía de Burkina Faso. La policía Ghanesa paró a más camiones y les exigieron más dinero.

La teoría económica nos sugiere que esto no debería haber pasado. La corrupción es un acto arriesgado y cuanto más pierdas por ejercerla (principalmente un puesto de trabajo con un buen sueldo) menos rentable te sale. Pero sucedió lo contrario ¿por qué?

Para ello habría que meterse en la mente del corrupto y es probable que el aumento salarial incrementase también su propio valor, lo cual les llevaba a exigir más dinero por cada extorsión realizada. Lo conseguido por estos actos es una «extra» de su salario, que obviamente debe subir si su paga se incrementa.

Por último hay un matiz que quizás sea el que incline la balanza entre el comportamiento honrado y el deshonesto, el cálculo que todos hacemos entre el riesgo y la recompensa. Si para una beneficio pequeño tienes un riesgo nulo, te arriesgas. Y eso es lo que ocurre tanto en África como en España, el que la hace no la paga. En Singapur acabaron con la corrupción con un duro cambio legislativo y la creación del Buró de Investigación para Prácticas Corruptas (CPIB, en inglés), para descubrir prácticas ilegales e implementar duras sanciones contra quienes estuvieran vulnerando la ley. Quizás sea hora de tomar este ejemplo y no el de Ghana, con el que está demostrado que al final todos perdemos…