Las buenas noticias respecto al empleo parecen acompañar el inicio de la precampaña electoral del PP. A dos meses de las elecciones generales, los datos sobre el tercer trimestre de la Encuesta de la Población Activa (PDF) publicados por el Instituto Nacional de Estadística suponen un respiro para el Gobierno: la radiografía del mercado laboral arroja por fin un nivel de paro por debajo de la barrera de los cinco millones -con una bajada de casi 300.000 desempleados, queda en 4.850.800- y una población ocupada que supera, después de años, los 18 millones de trabajadores, con un incremento de 182.200 entre los meses de julio y septiembre. Esto significa que a final de legislatura el total de parados se situaría a los mismos niveles del 2011, es decir, en los mismos números que se encontró el PP cuando comenzó a gobernar.

Sin embargo mucho ha cambiado el panorama laboral en el país desde entonces. En primer lugar, la población activa se ha reducido en 116.000 personas, hasta alcanzar los 22.899.500 españoles, debido fundamentalmente a un menor número de mujeres activas, además del fuerte movimiento migratorio habido en estos años. De esta forma, el número de ocupados se sitúa en 18.048.700.

En segundo lugar, y en referencia al tipo de contratación, el total de asalariados con contrato indefinido desciende en 18.900 este trimestre, mientras que el de asalariados con contrato temporal aumenta en 205.500. En variación anual, el empleo indefinido se ha incrementado en 178.100 personas y el temporal en 357.700. Lo que significa que la temporalidad del empleo sigue siendo la tónica dominante en los buenos números del empleo.

En tercer lugar, disminuyen los hogares con todos sus miembros en paro. En este tercer trimestre hay 84.600 hogares menos con todos sus miembros en paro y suman 1.572.900 hogares en total. El número de hogares en los que todos sus miembros activos están ocupados aumentó en 172.400, hasta 9.466.000. Sin embargo, no hay que olvidar que hay, según el INE, 721.900 hogares en los que no entra ningún tipo de ingreso procedente del empleo, por lo que, puesto que es evidente que algún ingreso tendrán, serán hogares que subsisten de pensiones o rentas que nada tiene que ver con el trabajo o directamente englobados dentro de la economía sumergida, en los que la precariedad y el no llegar sino al mínimo de la subsistencia es la tónica dominante. Esta cifra era de 365.300 en el 2007, al inicio de la crisis, ascendiendo lentamente hasta su máximo del 2013. Desde entonces no baja de los 700.000 hogares.

Relacionado con lo anterior, la evolución del paro de larga duración experimenta una ligera mejora, pero sólo en aquellos trabajadores que lleven entre un año y dos en situación de desempleo, es decir, el trabajador que cae en el paro, tiene tanto más difícil encontrar empleo cuanto más tiempo lleve parado, lo que lo convierte en un círculo vicioso muy complicado de romper y creador de una bolsa de pobreza que, sin políticas de empleo mucho más agresivas, puede llegar a ser endémica.

Pero hay otro dato más a analizar y es el aumento de la brecha salarial. En 2014 los salarios apenas crecieron, pero aumentó la diferencia entre los que más cobran y los que menos. El sueldo medio del 10% de los asalariados que menos cobran bajó en 3,3 euros mensuales y quedó en 411,2 euros brutos al mes. En el otro extremo, las remuneraciones de los que más ganan crecieron en 42 euros, hasta una mensualidad de 4.616,9. De esta forma, la brecha salarial se ensanchó en 45 euros y se situó en 4.205,7, según datos de la Encuesta de Población Activa.

Puestos así, no es extraño que con estos mimbres, los políticos de los distintos partidos elaboren cada uno la cesta que más le convenga para recoger la mayor cantidad de votos posibles. Es por eso que mientras el Gobierno se felicita y poco le falta para montar la “fiesta de la EPA”, centrándose en los datos estrictos de la bajada del paro, a los que une el discurso del éxito de las medidas de ajuste y el “haber evitado el rescate” para apuntalar su estrategia de cara a la cita electoral (si no fuera por las piedrecitas en el zapato de Cataluña y la corrupción…), los partidos de la oposición se centran en la precariedad del empleo, que se ha establecido al parecer para quedarse, en la enorme cantidad de hogares sin ingresos, o en el fenómeno los “trabajadores pobres”, es decir aquellos cuyo empleo no es precario, ni siquiera tiene porqué ser temporal, pero que no genera los ingresos necesarios para cubrir las necesidades del hogar.