El día 5 de junio Grecia afrontará el pago de una parte de su deuda al Fondo Monetario Internacional, 310 millones de euros que se suman a los casi mil ya pagados en mayo, realizados entre fuertes tensiones y a duras penas. Se espera ahora comprobar si Grecia podrá hacer frente a este pago porque si no fuera así, técnicamente produciría un “default”, ya que difícilmente iba a poder hacer frente a los pagos que vencen la semana siguiente: el día 12 de junio ha de enfrentarse al pago de otros 350 millones al FMI y a 3600 millones de vencimiento de deuda contratada a 13 y 26 semanas. Además, el hecho de que el FMI vincule la entrega del siguiente tramo de ayuda al país heleno, 7.200 millones de euros, a que éste entregue un programa detallado de las medidas económicas que están dispuestos a adoptar, muchas de las cuales podrían incurrir en contradicción con el propio programa electoral de gobierno griego, tampoco ayuda a despejar el horizonte. Por tanto todo parece indicar que, salvo que ocurra un cambio importante de alguna de las posturas Grecia se enfrenta a un futuro desolador.

De hecho, según la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, en declaraciones al diario alemán «Frankfurter Allgemeine Zeitung», «La salida (del euro) de Grecia es una posibilidad«. Y aunque parezca que el FMI nada tengas que opinar sobre cuestiones internas de la Unión Europea, lo cierto es que estas declaraciones indican que a la “troika” no le temblará el pulso en forzar una salida del euro a Grecia si ésta incumple con su deuda.

Sin embargo, ni siquiera eso es fácil. Ni el Tratado de Maastrich de 1992, ni el de Lisboa de 2009 contemplan la posibilidad de que un estado miembro deje unilateralmente la moneda única, así como tampoco el que un país pueda ser expulsado por terceros miembros, el mecanismo sería que Grecia solicite su salida al Consejo Europeo, que debería ser respaldada por el Parlamento Europeo y aprobada por una mayoría cualificada.

De aceptarse y procederse a la salida de Grecia comenzaría entonces lo que podría constituir el verdadero calvario griego. En primer lugar debería enfrentarse al cierre de la financiación internacional, con lo cual debería bastarse ella sola con sus propios recursos para hacer frente a sus perentorias necesidades de financiación. Pero es que además deberá hacer frente a una segunda oleada de fuga de capitales, peor que la anterior que sólo podría desembocar en un “corralito” para evitar la sangría. Además, la vuelta al dracma significaría una pérdida de poder adquisitivo para los ciudadanos y empresas griegas. No podrían mantener sus deudas en euros ya que la diferencia cambiaría sería muy alta. Lo mismo ocurriría con sus ahorros, al menos hasta que el cambio se estabilizase en los mercados. Para parar la sangría el país heleno debería aumentar los tipos de interés, cuyo efecto no debería tardar en notarse con más o menos fortuna. Además, la devaluación de la moneda (que ya nacería debilitada) sería brutal y conllevaría un aumento de los costes de la deuda, lo que aseguraría la imposibilidad de pagarla. Por tanto se trataría de una quiebra técnica. Sería, a corto plazo, la ruina definitiva del país a nivel de bancos, de gobierno y de los ciudadanos.

Por otro lado, esta misma depreciación aumentaría los precios a las importaciones al mismo tiempo que aumentaría la competitividad de sus exportaciones. En otras palabras, aumentarían los precios de los productos importados, impulsando la inflación y reduciendo el poder adquisitivo de los griegos, y bajarían los costes productivos, favoreciendo las exportaciones. Por desgracia, Grecia no se caracteriza por sus ventas al exterior pero quizás su situación podría mejorar a medio plazo gracias al turismo, de hecho tendría todos los ingredientes para convertirse en una gran potencia mundial del turismo si la estabilidad social no le falla. Esta posibilidad le da más morbo al asunto: ¿qué ocurriría en la Europa de la austeridad y de la devaluación interna si a Grecia, tras unos cuantos años de pasarlo realmente mal, el turismo empieza a tirar de la economía y la recuperación del país heleno se convierte en un hecho?

¿Y para Europa? La situación es algo mejor que en el 2012, al fin y al cabo, la economía griega sólo aporta un 2% al PIB de la Unión y debido a que la prima de riesgo de la deuda griega ha limitado la inversión privada en la misma, por eso los mayores garantes de esta deuda son los propios estados de la UE. Si se produjera la salida de Grecia, y el consiguiente impago, indudablemente tendríamos un efecto negativo en el resto de la UE pero sin llegar al efecto contagio de España o Italia que en 2012 se contemplaba como posibilidad. El problema será convencer a los mercados que es una situación puntual que no volverá a repetirse. Lo que sí se puede decir es que los costes para Europa serán altos sea cual sea la solución del conflicto.

Se anuncian, por tanto decisiones importantes. Europa insiste en que Grecia debe profundizar sus reformas en busca de la austeridad perfecta y Grecia aduce que no puede exigir más a sus ciudadanos y que no quiere más rescates, sino una quita de la deuda como la llevada a cabo a Alemania en 1953 en el Acuerdo de Londres, además quieres que la UE le indemnice por la pérdida de exportaciones debidas a las sanciones contra Rusia (adonde se dirigían el 70% de las mismas). Si no es así Grecia asegura que el efecto de su forzada salida del euro será devastador para la UE, ya que tanto en España como en Italia existe base política que apoyan las tesis griegas.