El hecho de que la CNMC esté tan desprestigiada y tan politizada no esconde el que, de vez en cuando, y aunque sólo sea por la presión social, haga su trabajo. Sin embargo, no debemos llevarnos a engaño, la reciente sanción a cinco compañías petroleras por pactar precios nada tiene que ver con lo vivido en los últimos tiempos con  el desplome del precio del barril de petróleo y las tímidas bajadas consiguientes de los precios al consumidor de los carburantes. Tiene que ver con las investigaciones iniciadas en 2013 acerca de pactos entre estaciones de servicio de 5 compañías, en zonas muy concretas. Estas investigaciones determinan, con la prueba de correos electrónicos intervenidos a las compañías, que Cepsa, Repsol, Meriva, Disa y Galp pactaron precios entre los años 2011 y 2013 en diversas zonas de España. Además Cepsa y Repsol establecieron relaciones de no agresión entre sus gasolineras abanderadas y, por si fuera poco, se confirma la existencia del “efecto lunes”, política llevada a cabo por Repsol, con seguimiento de las demás, que consistía en la bajada del precio del carburante ese día de la semana, ya que ese era el día en el que se tomaban datos para las estadísticas europeas, para irlo subiendo paulatina y coordinadamente a lo largo de la semana.

De hecho, en determinadas comunicaciones internas de Repsol se pueden encontrar expresiones como «para asegurar una buena lectura europea», o «de cara a la foto del próximo lunes», a pesar de que el coste de esta estrategia «en términos anuales nos puede costar unos 8 millones de euros». En este sentido, la defensa de Repsol es, según explicó en junio de 2013, que su política de bajar los precios los lunes era «para favorecer a los profesionales del transporte que utilizan mayoritariamente ese día para cargar sus depósitos de cara a su actividad semanal».

Pues con esos mimbres se han determinado las multas a las distintas compañías: Repsol (20 millones), Cepsa (10 millones), Disa (1,3 millones), Galp (800.000 euros) y Meroil (300.000 euros). Un total de 32,4 millones de euros para unas sanciones que ya han sido recurridas a pesar de las pruebas evidentes, gracias a que tal sanción fue aprobada por tres votos a favor y dos en contra.

Sin embargo, esto puede no ser sino la punta del iceberg del verdadero problema: aunque es difícilmente demostrable por ahora, la percepción general es que realmente existe un acuerdo entre las petroleras para manipular precios.

En los informes mensuales de distribución de carburantes elaborados por la CNMC se viene señalando un fenómeno ya endémico en nuestro mercado de carburantes: los márgenes de distribución son mayores en España que en los países europeos de nuestro entorno. Y no sólo eso, sino que además estos márgenes han aumentado a lo largo del periodo en que el precio del petróleo ha estado cayendo. Por poner un ejemplo, en el informe referido a octubre, se aprecia que los márgenes de distribución se habían ampliado hasta un 5,1% respecto a septiembre. Esto significa que las gasolineras apenas trasladan al público las rebajas de precios en origen. Así, mientras en España el precio de la gasolina caía en octubre un 3,4%, en el resto de Europa lo hacía un 9,1%, siendo las cifras para el gasóleo de un 3% en España y un 6,9% en el exterior. Así las cosas, los márgenes por litro aumentaban en España hasta los 17,9 céntimos por litro en la gasolina y 17,3 en el gasóleo.

En enero de este año (PDF), el margen bruto promedio de la gasolina 95 en España fue superior en 3,3 céntimos por litro al indicador correspondiente europeo, lo que supone un aumento del 96,0% frente a la diferencia registrada el mes anterior. En cuanto al gasóleo, la diferencia aumentó en un 27,1 %, hasta los 2,8 céntimos. Esto significa, según la CNMC, que las gasolineras españolas tienen algunos de los márgenes más elevados de Europa.

Lo que esto viene a corroborar es simplemente que la crónica falta de competencia en el sector supone que aun en escenarios de bajadas de precios del petróleo, las compañías son capaces de ganar aún más simplemente postergando la decisión de bajar el precio de los carburantes. Así, entre julio y septiembre del 2014, cuando el barril de Brent cayó un 22%, el precio de la gasolina apenas lo hizo un 1,8% y un 0,5% el gasóleo. A partir de septiembre, la bajada de la gasolina fue del 6,7% y del 5,5% la del gasóleo.

Ahora que la subida del precio del barril es ya un hecho, los precios de los carburantes acumulan subidas del 8% desde el 19 de enero y el 16 de febrero, lo que evidencia, según la OCU, “la diferente velocidad de variación del precio del combustible en función del precio del petróleo», ya que las subidas se incorporan «de forma inmediata al precio del carburante, mientras que las bajadas lo hacen de una forma mucho más pausada».

Así se consigue que el consumidor no pueda beneficiarse inmediata e íntegramente de las bajadas de precios pero si se vea afectado directamente de las subidas. Algo que ya se ha denunciado desde hace tiempo desde la CNMC y su predecesora, la Comisión Nacional de la Competencia, que ya habían acusado a las gasolineras de coordinación en los precios para mantener unos márgenes artificialmente altos. Al igual que se criticó la dificultad para abrir nuevos establecimientos, lo que causa una gran concentración del mercado en manos de las tres grandes distribuidoras. Todo esto estaría provocando que los precios del gasóleo antes de impuestos se sitúen entre los más altos de Europa.