Todos tendemos a establecer comparaciones y la situación en España y en Grecia no se ha sustraído a esa tentación ya que hay ciertas similitudes. Sin embargo, hay una gran diferencia: la situación de las finanzas públicas antes de la crisis. España cerró 2007 con un superávit del 2% (es decir, ingresó más de lo que gastó) y una deuda pública que no superaba los 384 mil millones de €, poco más de 8 mil € por persona. Y nadie discute que esas cifras no sean ciertas. Sin embargo, Grecia mintió cuando presentaba sus cuentas y publicó durante años falsos datos de déficit aunque no se descubrió hasta finales de 2009. Así pues, a finales de 2007 la deuda pública era de 240 mil millones de € lo que supone que cada griego debía ya entonces 21.500 € y el déficit de aquel año fue del 6.7% (se gastó bastante más de lo que se ingresó). Esta gran diferencia es muy importante porque si bien el error de los gestores políticos españoles en 2007 fue el de no darse cuenta de lo excepcional de aquellos ingresos (y por eso su desplome se trocó en déficits presupuestarios cubiertos con deuda que en pocos años han llevado a que las instituciones públicas españolas deban 1 billón de €), el de los griegos fue bastante peor porque sabiendo que las cifras eran tan malas, no hicieron absolutamente nada para remediarlo. Lo dice el alcalde actual de Atenas “Grecia ha vivido un sistema clientelista que la ha llevado a la bancarrota”. Y lo que se ve en esta tabla elaborada por Perpe es que Grecia lleva décadas –incluso antes de la entrada en la  Eurozona a la que algunos achacan todos los males- gastando por sistema mucho más de lo que tenían y cubriendo el desfase con deuda:

Es decir, los gobernantes griegos ya sabían que si incluso en plena expansión económica las cuentas no cuadraban y los gastos superaban con mucho a los ingresos y si la deuda ya era excesiva, era evidente que había que reducir los gastos. Sin embargo, hay pruebas de que hacían todo lo contrario: el derroche de los JJ.OO. de 2004, la falta de control que llevaba a que miles estafaran a los seguros sociales, los altos salarios de los empleados públicos (el salario medio en una empresa pública griega triplicaba al salario medio nacional, como ejemplo más evidente el empleado medio de la compañía de ferrocarriles pública griega cobraba 65.000 euros al año), la ausencia de lucha contra el fraude fiscal, el descontrol con las pensiones ( hasta 600 profesiones como peluqueros, locutores de radio o músicos se jubilaban a los 55)… Resumiendo, en España había y hay mucha corrupción, se hicieron muchas cosas mal antes de la crisis pero nuestra cuentas públicas estaban saneadas y no estaban falseadas. A pesar de eso hoy cada español debe casi 21 mil € por la deuda pública oficial mientras que un griego debe casi 29 mil. Comparativamente, hemos empeorado mucho más que ellos, ¿por qué? La parte de España como comenté antes se ha debido sobre todo a la bajada de ingresos que los gobiernos taparon con deuda y la de Grecia a que hubo una importante quita de la deuda cuyo coste asumieron inversores privados y que también se puede apreciar con claridad en este gráfico de Perpe. Sin embargo, la tendencia de ambas sigue siendo al alza, seguimos gastando más de lo que ingresamos y no podemos echarle la culpa a los intereses de la deuda que en España están en mínimos históricos y en Grecia, como a quien más debe es a la UE y las condiciones fueron mejoradas, también.

Dejando claro que los gestores políticos nacionales son los principales responsables de lo ocurrido en ambos países, también lo son los internacionales Por ejemplo, creo que, como he comentado ya muchas veces, la estructura errónea de la Eurozona creó unas condiciones que provocaban una falsa ilusión de riqueza en los países receptores de capital barato –la mayoría de los periféricos- y con ello la tentación de endeudarse a bajos tipos de interés confiados en la seguridad del paraguas protector del €. Pero es evidente que Grecia reaccionó mucho peor que España (o que Italia o Irlanda o Portugal) porque su desbarajuste en las cuentas públicas era mucho más grave. La victima de todo esto han sido los griegos (aunque también hay que decir que muchos se beneficiaron de ese enorme gasto público pre-crisis) sobre todo tras la errónea decisión –a mi juicio, como ya dije en mayo de 2010- de su gobierno de pedir un rescate en lugar de asumir la quiebra. Una vez solicitado, la llamada Troika lo aprobó con unas condiciones –en principio parecía lógico que a un manirroto mentiroso se le exijieran contrapartidas a cambio de tanta cantidad de dinero prestada cuando nadie más quería hacerlo- que en general resultaron contraproducentes no porque algunos puntos no fueran adecuados (un país pobre y arruinado como Grecia no podía aspirar a gastos públicos propios de Noruega o Suiza) sino porque un país no es una empresa y no se puede tratar a millones de ciudadanos como acreedores. El rescate tuvo que ser ampliado, las condiciones fueron mejoradas (muchísimo, de hecho el principal del primer préstamo no se empieza a devolver hasta 2020 y el del segundo hasta 2040) pero -incluso sin tener en cuenta el daño que el factor contagio provocó a otros miembros de la Eurozona de 2010 a 2012- su balance es desastroso y por eso los griegos han optado por votar a una opción política teóricamente diferente –que gracias al sistema electoral griego que concede 50 escaños a la lista más votada tiene una mayoría holgada- que pretende renegociar una vez más las ya muy laxas condiciones del pago de la deuda.

Pero la realidad es que, dejando de lado el tema de la deuda, el programa de Syriza no supone ninguna novedad: pretenden aumentar el gasto público, algo que ya hicieron en Grecia antes de la crisis y que fue lo que les llevó a unas cuentas públicas tan malas incluso con la economía en pleno apogeo. Para mí la cuestión no es austeridad o gasto sino buena gestión; la cuestión no es, como por ejemplo pasa en nuestro país, recortar en investigación y seguir gastando en senadores. En España tenemos este 2015 un ejemplo clarísimo: hacer coincidir todas las convocatorias electorales en una sola fecha supone un ahorro de decenas de millones de € y sin embargo cada convocante (sea Mas, Susana Díaz o Rajoy) mira antes por su propio beneficio político que por hacer lo más racional para el gasto público. Al final de poco valen las ideologías si el que gobierna no lo hace primando el interés general por encima de todo. Volviendo a Grecia, a ningún miembro de la Eurozona le interesa que Grecia se vaya y que no pague lo que debe y los griegos tampoco parece que quieran asumir un default lo que es un buen principio para tratar de llegar a un acuerdo. Pero el tema de que BCE siga auxiliando a la banca griega aunque no cumpla con los requisitos o el de reducir el importe de la deuda o el de alargar -¡aún más!- los plazos de lo que el país heleno debe a sus socios es sólo una parte del problema. Si el nuevo gobierno griego no es capaz de equilibrar el presupuesto y sigue gastando más de lo que ingresa, volverá a crear nueva deuda y para poder colocarla tendrá que aceptar condiciones… En resumen, como sabe cualquier hipotecado, sólo se puede ser libre de las exigencias del banco el día que pagas la última cuota; mientras tanto, la libertad financiera será limitada. Y si además pides una ampliación de la hipoteca con el precio de la vivienda a la baja… todo se complica aún más.

Para sorpresa de muchos, y eso que lo que salió fue más o menos lo anunciado por las encuestas, los mercados reaccionaron con calma tras las elecciones griegas continuando al comienzo de la semana el fuerte rebote –auspiciado por las medidas de BCE- tras los mínimos de enero en las bolsas europeas e incluso hubo un repunte del € tras los mínimos multianuales de la madrugada del lunes. Pero el martes cambió: las primeras medidas del nuevo gobierno griego anunciando más gasto de un dinero que Europa le debe dar (hay que resaltar que antes de pensar en las condiciones de la devolución de la deuda, el nuevo gobierno debe conseguir nuevos fondos las próximas semanas para no caer en el default -y seguir pagando los servicios públicos más básicos- y en los mercados no los va a conseguir), giró a la baja a las bolsas eurozoneras periféricas –y hundió a la griega, temerosa sobre todo de la solvencia de una banca con alarmantes fugas de depósitos- mientras Wall Street ni siquiera salvaba los muebles a pesar de los magníficos resultados de Apple, la mayor empresa por capitalización bursátil del mundo. Enero acaba con unas bolsas norteamericanas con menor entusiasmo del demostrado en 2014 y unas bolsas eurozoneras en positivo gracias a las medidas de BCE, especialmente la alemana. Incluso el Ibex ha salvado un mes complicadísimo tras la ampliación del Santander y el lío griego. Éste parece que será el tema principal para febrero.

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