Cambio de rumbo con el petróleo canario. Sobre todo porque Repsol ha anunciado que tal petróleo es inexistente, o casi, ya que lo que ha comunicado es que «Los almacenes de petróleo y gas encontrados están saturados de agua y los hidrocarburos existentes se encuentran en capas muy delgadas no explotables». Inmediatamente el Gobierno canario se ha apuntado el tanto (como si de ellos dependiera) reforzando así su política de desarrollo basada en el turismo que tan buen resultado les está dando con un 30% de paro en las islas.

El caso es que, tras unos gastos de exploración cercanos a los cien millones de euros, Repsol ha decidido proceder a sellar los pozos de exploración abiertos, no seguir realizando más prospecciones, a pesar de que aún les quedan zonas en las que podrían hacerlo y abandonar el proyecto canario poniendo ahora sus miras en otras empresas menos arriesgadas dados los tiempos que corren en lo que a petróleo se refiere.

Así, hace cosa de un mes, Repsol presentó opción de compra sobre la canadiense Talisman Energy por 6.600 millones de euros (más una deuda de 3.760 millones), lo que incrementará la producción del grupo en un 75%, hasta 680.000 barriles de petróleo, y elevará el porcentaje de la producción en países OCDE del 11% al 36%. Esta operación, a falta de ser aceptada, multiplicará la deuda de la española hasta situarse en 12.300 millones de euros y muestra la desconfianza de Repsol a la perspectiva de un escenario de precios del petróleo bajos en los próximos años. La empresa entiende que esta situación de precios bajos no debería continuar a largo plazo: que la campaña emprendida por Arabia Saudí de bajar precios para desincentivar las inversiones norteamericanas basadas en el “fracking” y el beneplácito de la comunidad internacional a tales medidas por lo que conllevan en cuanto al castigo a la economía del naciente y sangriento estado islámico, no deberían tener un futuro demasiado largo debido a las tensiones internacionales que tales precios bajos generarán, sobre todo en países como Rusia, Venezuela, Nigeria, etc.. Es así que la petrolera entiende que es el momento de tomar posiciones como productor, aprovechando que las empresas del ramo no atraviesan su mejor momento, y esperar que el precio del crudo vuelva a subir para empezar a recoger ganancias en un futuro que esperan que no esté demasiado lejano.

Desde la petrolera también se insiste en que la operación es plenamente viable, ya que aseguran que una bajada de 10 dólares el barril sólo representan una pérdida de 140 millones de euros después de impuestos a la compañía. Esto no debería sorprendernos, dada la rigidez que existe en el mercado a la hora de trasladar las bajadas del precio del crudo a bajadas en el precio de los carburantes al consumidor final, rigidez que permite que aun en este contexto, las petroleras en España estén presentando unas cuentas cada vez mejores.

Los márgenes de las petroleras vienen subiendo desde que comenzó la caída libre de precios, según informes de la CNMC, con puntas de hasta el 5% en octubre del año pasado. Según el informe del organismo regulador sobre el mes de octubre, “es significativo que los márgenes brutos promedio que obtienen los distribuidores de gasolinas aumentaron en octubre con respecto a septiembre, situándose en 17,9 céntimos de litro para la gasolina 95 (+5,1%) y en 17,3 céntimos de litro para el gasóleo A (+3,4%)”. Fue en noviembre (PDF), momento en que tuvo lugar el tirón de orejas del gobierno, cuando se moderó la subida del margen hasta el 0,3% en la gasolina y del 0,9% en gasóleo.

De hecho, los ministros Luis de Guindos y José Manuel Soria han criticado duramente a las petroleras por no bajar los precios de los combustibles a la velocidad que se reduce el precio del crudo y la cotización de los combustibles a nivel internacional y por destinar parte de este dinero que no trasladan a sus gasolineras a engrosar sus márgenes brutos. Aunque también sea cierto lo contrario por parte del Sr. Soria, que defendía en noviembre que la competencia entre las gasolineras era evidente, sobre todo en las grandes ciudades. Por su parte, la CNMC tiene abiertas varias investigaciones sobre los posibles abusos de las petroleras en la formación de los precios de los carburantes en la venta al público. La petrolera de referencia, Repsol, se defiende por su parte diciendo que el alto nivel impositivo que grava el consumo de carburante dificulta que se vea la bajada efectiva de precios.

El caso es que esos márgenes han venido subiendo desde el verano, cuando comenzó la caída libre del precio del crudo, lo que no concuerda con la versión de Repsol, y que lleva a la conclusión de que las petroleras estén aprovechando la bajada de precios del crudo para hacer caja y poder acometer operaciones de gran calado como esa compra de la empresa canadiense que aseguren sus beneficios a largo plazo. A consecuencia de ello, los consumidores tenemos uno de los precios de los carburantes más altos en toda Europa (por encima de Francia y Alemania), sobre todo si el análisis lo hacemos con precios antes de impuestos, y el dudoso orgullo patrio de que una empresa española siga medrando internacionalmente financiada en buena medida por nuestros bolsillos y la indolencia de nuestros gobernantes.