Como si de un suceso bíblico se tratase, Rajoy ha dado por concluida la crisis definitivamente y tras los siete años de vacas flacas ha anunciado el comienzo de la edad dorada de la prosperidad. De hecho, si 2013 fue el año de los ajustes, el 2014 ha sido el de la consolidación y en el 2015, vale más que nos agarremos porque el crecimiento va a ser tan notable que podría hasta causarnos mareos. Es decir, nuestro Gobierno ha invertido tres años en dejarse su sudor, y posiblemente su rédito electoral, para mejorar nuestras vidas y ahora en el cuarto llega el momento de la abundancia de la cosecha y aún nos quejamos… ¿Y total por qué? ¿Porque todavía hay más de 500.000 afiliados menos a la Seguridad Social que cuando empezó su legislatura? ¿O porque el nivel de cobertura social haya caído 10 puntos porcentuales en tres años? ¿O porque la tasa de pobreza haya aumentado? ¿O quizás porque día tras día siguen en los titulares de todas las noticias los casos de corrupción? Va a ser que simplemente nos gusta quejarnos de todo.

Y es que los números esgrimidos por el Gobierno son casi incontestables.

«España crea más que nuestros socios europeos y es el país que más empleo crea de la Unión. Sé que a algunos les cuesta creerlo, pero esta es la realidad». Es verdad, en el último  medio año se han creado 550.000 empleos. El que la mayoría sean precarios no importa para la estadística: el 8% de los nuevos contratos de cada mes lo son, a los que tenemos que sumar los contratos de jornada parcial: el 30% en noviembre y que afectan ya a 2.251.200 personas, con el problema añadido de las horas extras ilegales y mal pagadas que muchos de estos trabajadores han de cubrir si quieren conservar su trabajo y llegar a fin de mes.

En cuanto a las pensiones, Rajoy comentó que no han bajado en cuantía y que se pagan 400.000 más que en 2011. Verdadero, pero a cambio cada vez más parados dejan de recibir cualquier tipo de prestación y pasan a depender de las pensiones de sus mayores.

Lo demás, el incremento en el PIB y sus previsiones, el aumento de la inversión extrajera, la mejora de las expectativas en el consumo de cara a la Navidad, la vuelta a positivo de los beneficios de las grandes empresas son todo noticias, etc. son otros de los argumentos adicionales que dan más peso a la argumentación navideña del Presidente.

Sin embargo, existen también una serie de números que no son mencionados en los discursos navideños. Para empezar los números que se derivan del Informe Mundial sobre Salarios 2014/2015 de la OIT, en el que nos dice que la brecha que separa la parte más rica de la parte más pobre de la población se ha incrementado entre un 40% y un 50%, y ha transformado España en el segundo país más desigual de occidente (sólo por detrás de Estados Unidos), y que las principales razones de este aumento de las diferencias son el desempleo y la precariedad en el trabajo.

Tampoco se habla de la pobreza energética que impide calentar millones de hogares de manera adecuada. De hecho, no se habla que somos uno de los pocos países de nuestro entorno que no tienen instrumentalizada una medida eficaz de manera predeterminada para el caso de las familias que no puedan pagar su recibo eléctrico. Lo poco que se ha intentado: establecer una tregua invernal en Cataluña (con un 13% de hogares en situación de pobreza energética) para los hogares sin recursos está recurrido en el Constitucional por el Gobierno que nos está sacando de la crisis.

Como tampoco se habla de los desahucios que siguen llevándose a cabo aun en estas fechas y que hasta septiembre fueron 13.341, con repunte del 7% en el tercer trimestre. Para saber las cifras navideñas hemos de esperar al comienzo del año de la recuperación.

Y tampoco habló de la pobreza infantil, ni de que somos el tercer país europeo más golpeado por esta lacra, sólo por detrás de Rumanía y de Grecia. No dijo nada acerca de lo que Unicef desvela en su informe bianual La infancia en España 2014 (PDF) en el que se habla de que el 23,3% de las familias con uno o dos hijos viven en situación de pobreza, una tasa que se dispara al 46,9% entre las familias formadas por dos adultos y tres o más pequeños.

Tan sólo habló de la mejora de las magnitudes macroeconómicas que, aun siendo reales, distan aún mucho de llegar a la mayoría de la población. La redistribución de la riqueza que ha acabado con la clase media española ha mejorado los números generales pero ha empobrecido a una gran parte de la población enriqueciendo a una minoría. Sólo nos falta saber si entre los planes del año del despegue figura por fin alguno que mejore sensiblemente la calidad de vida de los que han pagado realmente esta crisis.