Ya han comenzado en Canarias las prospecciones petrolíferas, a pesar de la oposición de todas las fuerzas vivas del archipiélago. Ya se está perforando en la primera de las zonas señaladas y no tardaremos mucho en saber si nuestra compañía estrella petrolífera va a ser un poco más poderosa. Mientras tanto, el precio del crudo en los mercados internacionales sigue a la baja sin que nadie sepa muy bien dar una explicación clara. Desde explicaciones puramente económicas que hablan de la debilidad de la demanda provocada por la crisis, con guerra de precios incluida entre los países productores, hasta explicaciones más ancladas en la estrategia: Arabia Saudí pretende desincentivar las inversiones de Estados Unidos en “fracking” ofertando petróleo a unos precios que hagan inviables tales inversiones; e incluso explicaciones casi conspirativas que hablan del gran daño que un precio bajo del petróleo estaría causando a los principales enemigos de occidente: Venezuela, Rusia y el naciente Estado Islámico.

El caso es que sea como sea la explicación que se dé, el petróleo sigue bajando y anda ya por debajo de los 75 dólares el barril de Brent, acumulando una pérdida de precio del 33% en lo que va de año y así continuará mientras la OPEP no se ponga de acuerdo en reducir la producción para ajustarla a la demanda. Algo que por ahora no parece que vaya a suceder.

Sin embargo, a pesar de estas bajadas, los precios a los que los consumidores llenamos nuestros depósitos sólo se han reducido en un 7% de media en el mismo periodo. La poco convincente explicación nos la dan las propias compañías: por un lado, los precios de los carburantes se determinan por la cotización de la gasolina y el gasóleo en los mercados al por mayor (con esto pretenden despistar un poco, pero lo cierto es que también en estos mercados se acumulan grandes bajadas del 25% en lo que va de año); por otro lado, también afirman las compañías que estas cotizaciones también se ven influidas por el tipo de cambio euro-dólar que es claramente desfavorable para el lado europeo, ya que el euro se ha depreciado un 9% frente al dólar desde junio.

Así tenemos que por cada euro que baja el petróleo los carburantes bajan de media 30 céntimos y además no automáticamente, sino con un cierto retardo. Según la Comisión Nacional de la Competencia esto es debido a varias causas:

Además, conjuntando las dos razones anteriores se puede argumentar la tercera: si no interesa reducir precios a las compañías, para que éstas puedan aumentar sus márgenes, ni al Gobierno para ingresar un plus de IVA (además de lo que conlleva un precio de carburante resistente a la baja en la lucha contra la deflación), el resultado es que no le interesa a nadie disminuir precios más allá de lo que dicte el mínimo de la vergüenza. Bueno, a nadie no, pero el consumidor poco importa en estas decisiones.

Esto ha dado lugar al fenómeno conocido como pluma-cohete: cuando el precio del petróleo sube, el precio de los carburantes le sigue rápidamente en su ascenso, cuando el precio baja, el de los carburantes le sigue, pero de manera mucho más lenta. Este fenómeno, presente a nivel global es, como siempre que afecte al bolsillo de los ciudadanos, mucho más evidente en España, por lo que ya no sólo es que tengamos la gasolina más cara de Europa, sino también la menos permeable a bajadas.

Sin embargo, el mismo mecanismo funciona en la mente de los consumidores, que recordemos que se convertirán pronto en votantes: ante chapuzas, mangarrufas, engaños, corruptelas, etc. mostradas por el Gobierno, el nivel de enfado se dispara como un cohete (al tiempo que la intención de voto hacia otras formaciones), ante cosas bien hechas, medidas acertadas, etc. (que digo yo que alguna habrá), la intención de voto vuelve, pero lenta, plumíferamente, diría yo.