Encuentro muy similares las actitudes de muchos hacia la religión que profesan y hacia la nación a la que pertenecen. Ambos son mayoritariamente sentimientos aprehendidos por el entorno, no vienen por ninguna inspiración: un bebé alemán si es criado en Argentina y desconoce su origen, de adulto tendrá un sentimiento nacionalista hacia su país de adopción al igual que si un bebé del Yemen se cría con una familia cristiana de Sevilla difícilmente será musulmán. Ambos posiblemente creerán que su país es el mejor y que su religión es la verdadera y estarán convencidos que esos sentimientos están por encima de la lógica. Por eso es tan difícil hacerles comprender que ha sido principalmente el ambiente familiar donde se han criado lo que ha determinado que crean eso. Usando el raciocinio que sí solemos utilizar en otras facetas de la vida, es fácil deducir que es imposible saber si nuestro país o nuestra religión es la mejor puesto que para afirmar eso deberíamos antes conocer todos los demás países y todas las demás creencias. Es algo similar a cuando creemos que hemos encontrado la pareja sentimental ideal, la lógica nos dice –y por desgracia muchas veces la vida también- que no podemos estar seguros de ello pero nos empecinamos.

 

Cuando Colón llegó a América, si hubiera encontrado que allí se profesaba una religión igual a las ya conocidas en Europa –la que fuera-, se podía haber deducido que había alguna influencia divina, que esa era la verdadera pero no fue así, las religiones no son sólo inventos humanos, sino fruto de un entorno cultural concreto, así como su evolución, éxitos y fracasos (muchas religiones han muerto porque las civilizaciones que las profesaban desaparecieron como la egipcia tras 5 mil años). Nos lo dice la antropología, la historia y ciertamente la lógica pero eso no importa, quien realmente tiene fe en que su religión es la verdadera, la que su Dios quiere que profese, morirá convencido como seguramente murieron muchos creyentes en Ra, Zeus, Thor, Zoroastro… Del mismo modo le ocurre al nacionalismo, países que existen desde hace unas pocas décadas como la mayoría de los africanos y los de Oriente Medio han provocado que miles de personas hayan matado y muerto en nombre de unas fronteras nacidas muchas veces por capricho de algún funcionario inglés.

 

Y es que pocas causas como el nacionalismo y la religión han provocado más luchas en la historia de la civilización humana. Y sin embargo, no aprendemos, en pleno siglo XXI seguimos empeñados en ahondar en las diferencias que nosotros mismos creamos. Y en la actualidad son los extremismos nacionalistas y religiosos los mayores peligros geopolíticos y por lo tanto económicos. Una invasión rusa de Ucrania o la victoria de los radicales islámicos en Iraq parecen algo más cercano que un nuevo “Lehman Brothers”. Porque pueden no hacer caso pero sí se puede razonar con las autoridades políticas y financieras para intentar evitar que un banco se apalanque demasiado en posiciones de riesgo que no están cubiertas con un capital suficiente pero parece imposible convencer a un miembro del ISIS que decapitar periodistas no agradaría a ningún Dios creador o a un ruso de Donetsk que matar o morir por tener o no tener pasaporte ucraniano o ruso es una exageración.

 

Y sin llegar a la violencia, el nacionalismo puede provocar un terremoto financiero gravísimo. Estuvo a punto de pasar con Escocia (¿qué hubiera ocurrido si hubiera ganado el sí?) y puede pasar en España con Cataluña. Mucho mayor dada la relevancia económica de ésta que es mucho más importante (más del doble en términos de PIB) para España de lo que es Escocia para el Reino Unido como refleja este gráfico de Perpe:

Se esté a favor o en contra, las consecuencias económicas de un conflicto institucional de tal calibre (que parece que por fin el Ibex empieza a tener en cuenta) llevarán seguro de vuelta a la recesión al país e incluso puede que a toda la €zona. Pocos momentos peores que el actual para poner más piedras en el camino básicamente por dos motivos:

Da igual si la culpa –en este país somos más de buscar culpables que soluciones- la ha tenido el bando independentista por acelerar sus reivindicaciones en plena crisis o el gobierno por dejar pasar el tiempo sin cortar de raíz el problema o ambos, la cuestión es que todo esto puede hacer mucho daño a todos los españoles (catalanes incluidos) en muy corto espacio de tiempo.

En cuanto a la semana en los mercados, el sí de Escocia a seguir en el Reino unido provocó un cierre semanal en positivo (tampoco en exceso, +1%) pero estos días, como predije el viernes pasado, se han impuesto las ventas. La estadística decía que esta semana post-vencimientos es de las menos rentables del año y parece se cumplirá aunque aún queda la duda si también acertará la que dice que septiembre suele acabar en negativo. Pero aparte de la estadística y del mal de altura de Wall Street tras unos últimos máximos históricos sin motivo aparente, tras este menor interés en comprar puede haber la decepción entre los inversores europeos de la marcha de la economía de la €zona. La enorme liquidez inyectada por BCE es una gran ayuda pero el miedo a una nueva recesión aumenta cada día así como los datos para justificar ese miedo como por el ejemplo los PMI:

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