Si hay un espécimen radiotelevisivo al que detesto es al tertuliano habitual, personaje que dice saber de todo y por lo tanto opina con absoluta certeza de cualquier tema, desde la monarquía al ébola pasando por el conflicto palestino. Hace años un ingeniero nuclear con cierto prestigio me confesó su decepción por ser llamado a un programa de radio para debatir sobre la energía nuclear… con Ramoncín. Con todo, lo que más me molesta es la falta de objetividad. Ya sé que todos tenemos nuestras filias y fobias y que nadie es imparcial al 100% pero tengo claro que hay ciertas cosas que están mal, las haga alguien que me cae bien o las haga alguien que detesto. Huir de la policía debería ser juzgado de la misma manera lo haga una política del PP o una de IU y sin embargo todos sabemos que la postura de los tertulianos habituales serían radicalmente distintas si el personaje fuera uno u otro. Es quizás por eso que jamás haya tenido noticia que en un debate televisivo algún contertulio reconociera que otro le había  convencido con sus argumentos y por lo tanto le había hecho cambiar de opinión. Nunca, porque lo que impregna los debates es la parcialidad de los actores y no el peso de los razonamientos. Es como una discusión entre aficionados del Real Madrid y del Barça, domina más la idea –o el sentimiento- preconcebida que lo que se pueda argumentar.

Y es triste que ese sea el nivel del debate político actual: los míos buenos hagan lo que hagan, los tuyos malos hagan lo que hagan, incluso si hacen lo mismo que los míos. Los argumentos son lo de menos. De este modo posiciones políticas que nacen de sentimientos –como el independentismo catalán o Podemos- tienen grandes apoyos y sus contrincantes hacen aumentar dichos apoyos ya que se intentan vencer con demagogia. Incluso los más críticos con Castro o con la Venezuela chavista reconocen que la mayoría de los ciudadanos de esos países apoyaron a esos dirigentes cuando llegaron debido a lo mal que lo hicieron los anteriores. Me encanta la Historia pero tiene el defecto de repetirse. A mi no me gusta Podemos porque su programa económico es un disparate pero quiero un cambio, como muchos. Jamás ganará en España una opción radical si los que gobiernan lo hacen bien. Pero si PPPSOE –y CIU- siguen siendo cómplices de la corrupción de los suyos, ¿con qué autoridad moral van a criticar a quien promete cosas que sabe que no va a poder cumplir? Si donde gobiernan no hacen caso a la mayoría social, ¿cómo van a reclamar después el voto mayoritario? Si se empeñan en mantener una Constitución caduca que ni siquiera garantiza la separación de poderes y una ley electoral claramente injusta, ¿quién va a creerse que realmente quieren regenerar la política de este país?

La desesperación del PP ante la segura pérdida de la mayoría absoluta de la que disfruta en muchas administraciones locales le ha llevado a proponer un cambio (de forma unilateral y a meses de las elecciones, algo que en su día Cospedal criticó por «iberoamericano»): el que la lista más votada en cada ayuntamiento se asegure la alcaldía. El PSOE lo critica pero en el fondo, como cree que el sistema de alternancia en el poder va a seguir vivo, se frota las manos pensando en que en las siguientes puede ellos sean los más votados y que ayudará a minusvalorar los resultados de los partidos más pequeños eliminando su competencia. De este modo quieren matar la capacidad de influencia del electorado que apoya a Podemos, UPyD, Ciudadanos, IU… además de dar aún más poder local a los nacionalistas vascos y catalanes. El votante español es el que tiene que demostrar si esa decisión –si el PP la mantiene-, más propia de un cacique del siglo XIX, merece un premio en las urnas. Lo que tengo claro es que con medidas así nadie debería extrañarse del auge de opciones radicales y quién es el verdadero culpable de ese auge.

La política internacional no es que ande mucho mejor, para prueba la actitud de los EUA con Siria. Hace unos meses iba a bombardearla para atacar a su gobierno y si no lo hizo fue porque el Parlamento británico rechazó la operación y sin su habitual aliado Obama decidió esperar y abrazó con entusiasmo una solución de compromiso promovida por Putin. De eso no hace ni un año y ahora los EUA se plantean bombardear a la más feroz oposición al gobierno sirio dentro de Siria mientras con Rusia se ha iniciado casi una segunda guerra fría. Cambios de bando que muestran que si quizás los EUA hubieran intervenido en Siria hace unos meses habrían vuelto a hacer el juego a los radicales islámicos como ya hizo con Bin Laden al ayudarle en la lucha de los talibanes afganos contra los rusos. Como dije antes, la Historia se empeña en repetirse y los que más deberían aprender de ella, los que mandan, continúan ignorándola.

Pasa igual en la economía, cada vez esta salida de la crisis se parece más a la de 2001 pero con cifras absolutas mucho peores. Quizás por eso no se consolida la recuperación o donde sí parece hacerlo como en los EUA, la población no la siente. Y en los mercados la euforia es cada vez menos comprensible. Esta semana los mercados decidieron interpretar el discurso de Draghi en Jackson Hole como que hará algo en septiembre (hay reunión el próximo jueves) u octubre, el € perdió los 1.32 contra el $, la deuda a 10 años marcó mínimos históricos en la mayoría de países de la €zona y las bolsas reaccionaron al alza, confirmadas por el nuevo máximo histórico del S&P500 que ya triplica la cotización que tenía en los mínimos de marzo de 2009. Un agosto que se puso muy complicado va a cerrar en claros números verdes. La esperanza en BCE estará en la balanza contra el lío de Ucrania y la estadística el próximo mes ya que septiembre es, con diferencia, el mes históricamente más bajista para las bolsas:

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