Ya hemos pasado la resaca electoral de una campaña en la que los candidatos han estado más entretenidos en descalificaciones que en explicar a los ciudadanos cómo se van a ganar el nutridísimo sueldo que ganarán, si son elegidos.

Las cantidades que estos ciudadanos manejan superan con creces la remuneración de la mayoría de los mortales de cuyo voto depende la consecución de tal prebenda. La asignación mensual básica asciende en 2014 a 8.020,53 euros brutos al mes, que tras el pago de impuestos se queda en 6.250,37 euros netos, superando incluso al sueldo del presidente de nuestro Gobierno, que con 6.515 euros brutos al mes debe mirar con cierta envidia al señor Cañete. Pero no sólo en eso queda la retribución, cada eurodiputado recibe al mes otros 4.299 euros mensuales para cubrir los gastos de gestión de oficina (gastos de teléfono y postales, compra y mantenimiento de equipos informáticos, etc.). Igualmente, cada eurodiputado dispone de 21.209 euros mensuales para contratar asesores, pudiendo elegir para este puesto a quien deseen, menos familiares directos, aunque aún se permita para aquellos que ya estuvieran contratados en la legislatura anterior; de hecho, un eurodiputado puede pagar hasta 5.000 euros mensuales por un solo informe a quien desee y sobre el asunto que le plazca. Pero además, por gastos de dietas, por cada día de trabajo en la sede del Parlamento (que tampoco son demasiados), reciben 304 euros; por gastos fuera de la Unión Europea, reciben 152 euros, gastos de hotel aparte.

Sin embargo no acaban aquí los privilegios; así, viajan siempre gratis y en primera, si viajan con su propio coche, no pagan peajes y tienen pagado el carburante más una compensación en función de la distancia recorrida y si viajan a otros lugares con fines distintos a la asistencia a actos oficiales, tienen una asignación de 4.243 euros anuales para gastos de viaje, alojamientos y otros gastos asociados. Por otro lado, el mero hecho de haber sido Eurodiputado les habilita ya una indemnización para cuando dejen de serlo (6 meses de sueldo, ampliable hasta a 24, dependiendo de los años en el cargo) más una pensión por haberlo sido, que será de un 3,5% de la asignación parlamentaria por año desempeñado en el cargo, con un máximo del 70% de esa asignación. Esto, sin contar que la empezarán a percibir a los 63 años de edad, edad de jubilación de un Eurodiputado.

Aunque esta información es pública, faltan algunos flecos por saber, como si el hecho de ir estreñidos a consecuencia de los viajes, por ejemplo, genera algún tipo de compensación adicional.

Evidentemente, estas altas compensaciones económicas tienen que verse equilibradas por una preparación académica y una carga de trabajo asumible por pocos mortales en este mundo. O no. Para empezar, los únicos requisitos que hacen falta para ser Eurodiputado son los normales para presentarse a unas elecciones democráticas y, además, poseer una cierta madurez moral, un mínimo de educación (dominar un idioma oficial de la UE) y no tener conflicto de intereses con la labor a desempeñar. Es decir, se exigen menos requisitos que para optar a cualquier oposición del Estado, de modo que casi cualquier funcionario de la UE, con menos sueldo, puede estar más preparado que muchas de sus señorías.

Entonces deben ganarse el sueldo merced al intensísimo trabajo que realizan… esta es la gran duda, porque, más allá de lo que nos quieran contar, no sabemos muy bien a qué se dedican realmente. Sabemos que tienen funciones legislativas, presupuestarias, consultivas y de control político, como cualquier Cámara de Representantes de una Democracia; como también sabemos que, a veces, se dan casos de alguien en estas cámaras a los que les da por trabajar; pero también sabemos, por desgracia, los innumerables casos de cargos electos que han dedicado sus años en tales Cámaras a votar los que el partido les haya dicho, a no asistir, si el asunto o su bolsillo no lo requería, y a dormitar (o dormir abiertamente) en según qué sesiones parlamentarias.

Así pues, podemos decir que por su sueldo, por las prebendas que lleva aparejado el escaño, por el reducido calendario de trabajo y por los asesores que pueden contratar con cargo a la Unión Europea para ejercer sus funciones, constituyen sin duda la élite política privilegiada. Entre los distintos conceptos de su asignación, cada eurodiputado puede manejar 37.275 euros al mes, lo que equivale a 447.300 euros al año, sin contar con que viajan gratis en avión, tren o coche, lo que eleva la factura por encima de los 500.000 euros anuales por cada diputado. Eso explica que, pese a la escasa relevancia del cargo, no falten aspirantes.

En cuanto a los partidos, encantados. Para empezar anuncian alegremente el recorte de los gastos de campaña de un 11,65% menos que las elecciones del 2009 (de 136 millones a 120), luego acuerdan el incremento de las contraprestaciones del Estado por escaño y por voto obtenido. Así, cada partido que obtenga representación en la Eurocámara recibirá 32.508,74 € por escaño y 1,08 € por voto; más de lo que se paga en elecciones generales, a lo que hay que añadir las ayudas para el envío de propaganda electoral, con una cantidad que oscila entre los 2 céntimos y los 16, dependiendo del número de votos obtenidos.