Estos días se cumplen 5 años de festival bursátil: el 9 de marzo de 2009 se marcaban mínimos de este siglo en los índices norteamericanos y desde entonces el S&P500 ha subido en torno al 175% y otras muchas bolsas (Alemania, India, Hong Kong, Japón…) también han tenido revalorizaciones superiores al 100% (el Ibex –que ha tenido una estupenda semana- tiene una dinámica diferente ya que marcó sus mínimos en verano de 2012). El motivo por el que el mayor índice bursátil mundial ha subido tanto parece claro: la FED quitó el miedo a una caída del sistema financiero -lo que descontaban las cotizaciones a comienzos de 2009- con sus inyecciones de liquidez y compras de deuda hipotecaria e incluso participaciones directas (como la que tomó en Citigroup), toda esa liquidez ayudó a bancos y grandes empresas y eso se trasladó a las cifras macro norteamericanas. Bueno, eso son los motivos que explican el cambio de una tendencia bajista a una alcista pero la magnitud de la subida es menos explicable. Y más teniendo en cuenta que las cotizaciones están más de un 10% por encima de los máximos de 2007 a pesar de que la situación económica y financiera, tanto norteamericana como mundial, es bastante peor y el crecimiento global se ralentiza año tras año como se puede ver aquí:

Quizás tanto divorcio entre bolsa y economía lleva a que sea considerado “el rally más odiado” aunque el primero de los motivos para recelar de él fue que casi nadie se lo creyó al principio puesto que el bajista 2008 también fue el año de los grandes rebotes y se pensó –yo el primero- que el de marzo de 2009 era uno más que no cambiaría la tendencia de fondo. Creo que desde agosto de ese año el gráfico ya no dejaba lugar a dudas y con pocas correcciones no ha dejado de subir entrando, en opinión de muchos, en zona de burbuja una vez superó en 2013 los anteriores máximos históricos de 2007. Ha conseguido obviar tres ampliaciones del techo de deuda en los EUA, 2 crisis de deuda soberana en la €zona (2010 y 2012), la actual crisis de los emergentes, tensiones geopolíticas (que incluyen la participación directa de los EUA en la Guerra de Libia), guerras de divisas, desaceleración china, una rebaja de ráting… e incluso el comienzo, al parecer definitivo, de las ayudas de la FED que iniciaron la actual tendencia alcista. Es decir, parece tener una salud óptima contra viento y marea. Y la prueba la hemos vuelto a tener esta semana.

El viernes pasado Wall Street volvió a marcar máximos a pesar de que se revisó a la baja el último dato del PIB lo que confirmó que 2013 fue peor que 2012 y que su tendencia trimestral va a la baja –y más después del peor ISM desde 2010 conocido esta semana- pero por supuesto la idea de no crecer mucho para que la FED siga apoyando sigue siendo un factor alcista. El lunes saltó el tema de Ucrania y parecía que era muy grave pero esta semana el S&P500 marcó otra vez nuevos máximos históricos ¿Y qué pasa en Ucrania? Pues se podría escribir un libro pero lo que está claro es que lo que hacen algunos de intentar ideologizar este conflicto no parece acertado: el problema no va de derechas contra izquierdas. Putin puede ser un símbolo para los que están cansados del poder norteamericano pero no es para nada un gobernante de izquierdas. Lo que sí es cierto es que no está nada claro si el actual gobierno, creado tras 3 meses de protestas, es más legal que el anterior y si Rusia no reconoce al nuevo y sí al antiguo cuyo presidente ha pedido la intervención rusa, ¿ se puede considerar una invasión? La historia se repite: En 1978 una “revolución” hizo de Afganistán un “estado socialista” y el nuevo mandatario ejecutó al anterior. Esto provocó que un grupo de guerrilleros islamistas apoyados por Reino Unido, algunos países árabes como Arabia Saudí y Pakistán y sobre todo por los EUA, los llamados muyahidines, iniciaran una guerra civil que dio tanto miedo al gobierno que solicitó ayuda militar a la URSS un año después. Su intervención llevó a que casi 60 países boicotearan las Olimpiadas de 1980 de Moscú. Hasta 1989 no se fueron del país las últimas tropas soviéticas que sufrieron mucho debido al amplio apoyo internacional de los rebeldes que no vencieron hasta 1992 estableciendo un estado islámico que 9 años después, tras el atentado del 11-S, sería invadido por los EUA.

Es evidente que hay un conflicto más geopolítico que político, Ucrania en ruso significa tierra de frontera y es uno de los pocos países del este de Europa que no ha ingresado aún en la OTAN, algo que Rusia quiere evitar a toda costa. Es además el segundo país más grande de Europa, su importancia estratégica es norme y su población está muy dividida entre los que se sienten más cercanos a los rusos tras décadas de pertenencia a la URSS y los que miran hacia Occidente. La división del país podría ser una consecuencia hasta lógica ya que Crimea (regalo de un presidente de la URSS que nació en un territorio ruso fronterizo con Ucrania donde residió en su juventud –Khrushchev– que decidió que dejara de ser rusa y pasara a ser ucraniana hace 60 años), con autonomía desde años, tiene una población más pro-rusa así como varias regiones del sudeste si bien no hay que olvidar tampoco el asunto económico. Ucrania está arruinada, lleva años en la lista de los países con más posibilidad de quiebra y la corrupción de sus gobernantes parece ser una de las causas. Una de sus mayores bazas es que a través de su territorio pasa gran parte del gas uso –el 66%- que necesita Europa y eso lo hace muy dependiente de Rusia que hace unos pocos meses accedió a ayudarles financieramente. ¿Está Rusia protegiendo a los ucranianos que se sienten rusos o el dinero invertido? Porque un tema del que pocos hablan, y es para mi el más importante, es el de la situación económica de Rusia porque Ucrania en el PIB mundial es intrascendente pero Rusia no.

Lo mismo me equivoco y se monta una guerra pero mi opinión es que Putin ha frenado la tensión ante la posibilidad de sanciones económicas y el desplome de su moneda y su bolsa ya que se juega la estabilidad económica de todo el país. Habrá –o hay ya- algún arreglo entre potencias que dibujará el futuro de Ucrania y Crimea y de sus habitantes y se garantizará que el gas siga fluyendo. A fin de cuentas, como pasó con Siria o con Egipto, el suministro es lo único que parece importar. Y por supuesto esto no es nada que cambie la actual tendencia bursátil, complaciente ante todos los problemas. De hecho cada vez las “crisis” duran menos. En los mercados, claro.

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