La vuelta de la fiebre del oro negro parece estar de vuelta en España, tras la sufrida en los años 60 en Burgos y Tarragona sobre todo, en la que los más optimistas veían una futura producción petrolífera al más puro estilo tejano (quizás por eso la compañía prospectora y explotadora fue Chevron), pero que nunca llegó a un volumen significativo de producto. De hecho, estas explotaciones han seguido produciendo todos estos años a niveles irrisorios, ya que nunca han llegado a cubrir apenas el 3% de las necesidades del país, situándose ahora en el 0,2%.

Sin embargo, algo se mueve en el mundo de las prospecciones petrolíferas con respecto a España. El yacimiento de La Lora, en Burgos, apenas obtiene 100 barriles diarios, pero se estima que podría tener reservas de hasta 100 millones de barriles de petróleo de buena calidad cuya extracción podría resultar rentable con la actual tecnología; esto ha significado la subida en bolsa de la compañía explotadora (la británica Leni Gas & Oil) y la solicitud de permisos para nuevas prospecciones. En la costa de Tarragona, donde se extrae casi todo nuestro producto nacional, ha aumentado también el interés, con más solicitud de prospecciones; y así podríamos seguir con el golfo de Valencia, la costa de Huelva, etc. hasta un total de 75 peticiones de permisos para la prospección en diversas zonas del país por un total de 30 empresas nacionales y extranjeras.

Pero sin duda, el caso que más interés ha levantado, tanto por el volumen estimado de producto, como por la repercusión internacional, ya que sería un yacimiento compartido con otro país, es el de Canarias, donde de habla de una producción de hasta 140.000 barriles diarios durante los próximos 20 años en un yacimiento situado a caballo entre las aguas territoriales de España y Marruecos. Si estas predicciones se cumplieran, podríamos hablar de cubrir un 10% de las necesidades nacionales durante esos 20 años y un ahorro en la factura energética de 28.000 millones de euros, lo que posiblemente equilibraría nuestra balanza de pagos o la llevaría al positivo.

Y sin embargo no estamos contentos. Tanto gobierno autónomo, como empresarios de la hostelería y, como no, grupos ecologistas, se oponen a las prospecciones que tiene previsto comenzar Repsol este mismo año, alegando el terrible impacto sobre el turismo que tendría, tanto por el impacto visual, como por la contaminación de sus costas debido a los posibles vertidos. Y no sólo en Canarias, en las prospecciones del Golfo de Valencia ya se habla del perjuicio a los cachalotes por el alto nivel de ruidos.

Sin defender las políticas de las grandes compañías petroleras, lo cierto es que un nuevo aliciente a la economía canaria no le vendría nada mal. El monocultivo del turismo no logra ser suficiente para mantener a raya las tasas de paro y lograr un crecimiento sostenido. Además, el impacto visual es casi nulo, ya que las explotaciones están mar adentro y la posible contaminación, aun siendo un riesgo evidente, es inevitable: no podemos olvidar que Marruecos está sólo un poco más allá y dudo mucho que a ellos les importe el turismo canario, con lo que el riesgo sigue existiendo.

Por tanto, la política adoptada es seguir adelante con el proyecto, a pesar de las quejas, y empezar con las prospecciones en las distintas zonas marcadas con sonoros vocablos hortelanos (“Sandía”, “Plátano”, “Cebolla”, etc.), en una contra reloj en la que ya partimos con desventaja sobre Marruecos; que no sólo ha empezado antes, sino que además, a la hora de obtener permisos, realizar estudios ambientales y demás trámites, no son quizás los más concienzudos, pero sí más rápidos, debido a la mayor exigencia de la política medioambiental europea.

Por otro lado, alimentando nuestras disputas, el país vecino juega al despiste, por un lado declaran oficialmente no tener mucho interés por realizar prospecciones y por otro lado llevan años realizándolas, de modo que pueden llegar a tener un pozo operativo a finales de este año, mientras que Repsol, se estima que aún tardará entre dos y tres años.