Rusia es una rareza económica ya que como podemos ver en esta imagen:

Crece como si fuera una potencia emergente, su nivel de deuda es bajísimo pero su gasto militar es de una superpotencia. Es un país al que apenas se cita como lugar preferido para invertir y al que no se considera como futurible líder económico mundial y sin embargo tiene muchos más recursos naturales que China con menor población. En PIB total, si sigue la actual tendencia, en 2020 será el 4º del mundo

Pero sigue siendo un gran desconocido del que incluso la prensa más especializada habla muy poco. Hoy vamos a intentar conocer un poco de él gracias a un español que reside allí hace años y está casado con una rusa. Amadeo Gellida es un valenciano que recaló en el mundo financiero al poco de acabar la carrera con la mala suerte de coincidir conmigo en la misma empresa en Madrid. Yo le animé a que dejara un sector en el que no veía su futuro y aunque en un primer momento no me hizo caso, las circunstancias de la vida le han llevado a su verdadera vocación: la chatarra

Droblo – ¿Puedes contar un poco de tu trayectoria profesional hasta el momento actual?

Amadeo Gellida – Tras salir del mundo financiero estuve algún tiempo trabajando de auditor hasta que vine a Rusia con una beca ICEX. Ya en Rusia he estado trabajando en la Oficina Comercial de la Embajada de España, en Teka y en Porcelanosa, desarrollando funciones tanto financieras como comerciales.

Actualmente trabajo en Gescrap Kaluga, una pequeña unidad de negocio dedicada al procesamiento y la venta de la chatarra que se genera en los procesos productivos de otras empresas del grupo. Gescrap se instaló en Rusia de la mano de Gestamp Automoción, una gran empresa española que se dedica a la fabricación de componentes metálicos para el automóvil. Gestamp en Rusia hace básicamente estampación y nosotros recogemos los residuos metálicos del proceso, los compactamos para facilitar su almacenamiento, manejo y transporte y buscamos comprador final entre acerías o fundiciones cerrando el círculo del acero. Es algo bastante similar al trading de commodities, pero con particularidades, ya que el mercado es menos perfecto por estar menos estandarizado.

D- (de hecho puedo atestiguar que la última vez que le vi –en una escala que hizo en Barcelona en uno de sus frecuentes viajes Rusia/España al que le obliga su cargo de director de Gescrap Kaluga- estaba todo el rato al móvil recibiendo llamadas de las que no me enteraba de nada cuando las contestaba en ruso pero a las que ponía atención cuando eran en castellano y era curioso ver cómo discutía céntimos de euros en el precio de las toneladas de chatarra que adquiría o las condiciones para pasar la carga por la frontera ferroviaria de Bielorrusia que no son las mismas que por ejemplo en la de Polonia) Tras tantos años viviendo en Rusia, ¿Tienes alguna explicación de cómo es posible que a comienzos de siglo vivierais una quiebra y ahora seáis uno de los países que los mercados de deuda soberna más se disputan por su liquidez? ¿Es por la subida del precio de las materias primas o hay más?

AG- A mi parecer el precio de las materias primas es un factor clave, pero no el único. Rusia carece de infraestructuras, su parque de viviendas está en malas condiciones y la población tiene una propensión al ahorro insignificante. Probablemente las materias primas aportan la solvencia, mientras que estos otros factores aportan dinamismo y potencial.

D- Esta última crisis, ¿cómo se vivió en el país, ha acabado ya?

AG-Fue absolutamente efímera y está totalmente superada. La crisis tardó mucho en llegar. En 2008 yo trabajaba para Porcelanosa buscando grandes proyectos en los que introducirnos, por lo que estaba en contacto con arquitectos y promotores constantemente. Hasta octubre de 2008 todo seguía como si en el mundo exterior no pasase nada. Los clientes decían que Rusia estaba al margen de esa crisis y que no nos iba a afectar. En octubre estuve una semana de vacaciones en España y cuando volví todo se había detenido de repente. El mercado estuvo un año en coma. Durante ese periodo hubo muchos recortes de personal y reducciones salariales importantes, de hasta el 50% del salario. Transcurrido ese año todo se empezó a acelerar otra vez, algo más lento que antes de la crisis, pero en trayectoria claramente ascendente. Año y medio después ya nadie hablaba de la crisis.

D- El fin del comunismo trajo problemas que antes no habían existido como el del paro y quizás una mayor contraste social, ¿quedan muchos nostálgicos del régimen anterior?

AG-Algo queda, sí, pero hace poco ruido. Mucha gente mayor habla maravillas de los viejos tiempos, pero como las cosas en los últimos tiempos siempre han ido a mejor se oye poco descontento. La única salvedad son las protestas populares de los últimos tiempos por las elecciones, aunque sinceramente no confío en que vayan a tener ningún efecto.

Respecto al paro, aquí no saben lo que es. Durante la época soviética era ilegal estar parado y eso ha dejado una secuela de miles de puestos de trabajo inútiles y muy mal retribuidos. Es fácil ver en el metro de Moscú controladoras de escaleras mecánicas, mujeres sentadas en unas cabinas que hay en la parte de abajo de las escaleras simplemente revisando que la escalera funciona y apagando o encendiendo escaleras. También hay muchísima gente trabajando en seguridad privada que tampoco hacen nada más que acto de presencia. Por estos trabajos se obtienen retribuciones mínimas por lo que mucha gente está pluriempleada.

D- Tú que estás en contacto con ambos países, ¿Cuál consideras que es más rico? ¿En cuál vive mejor –en promedio- la población?

AG- Hasta hace unos años no habría dudado en responder que España era claramente un país más rico en el que se vivía mucho mejor. Probablemente esto siga siendo cierto ahora, ya que a Rusia le queda mucho por hacer, pero aquí se vive con la sensación de que vamos a ir constantemente a mejor, mientras que España actualmente está en un pozo y no está claro cuándo ni en qué medida esto puede empezar a cambiar. En términos de calidad de vida sin duda se vive mejor en España, pero el problema es que en España le damos demasiada importancia a la calidad de vida y quizá por eso estamos donde estamos.

Muchas gracias por tu tiempo.