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 # 59Anónimo

20 de marzo de 2012, a las 11:20

 

Mis padres fueron estafados por Caixa Laietana. Les propusieron poner sus ahorros en un plazo fijo al 3% de interés. Como a todo el mundo, les ocultaron que se trataba de un producto de alto riesgo (“participaciones preferentes”) y que estaban cediendo su patrimonio a perpetuidad. El contracto de mis padres, además, se rige según el derecho de las Islas Caymán.

A diferencia de lo que dice “Kassandra”, las entidades explotaron a su favor la relación de proximidad que tienen con sus clientes. Estos clientes confiaron en su entidad, en el empleado o en el director de la entidad, que NO les explicaron que estaban contratando un producto de elevado riesgo, insisto, a cambio de un 3 ó 4% de interés (un 3% en el caso de mis padres). El fraude ha sido muy selectivo: personas de avanzada edad, de bajo nivel educativo, financieramente analfabetas, con ahorros de su vida. Yo no he visto en las reuniones de afectados a intelectuales, ni a inversores cualificados.

Mi padre se crió en un latifundio en Cáceres y a los 7 años era pastor. Mi madre estuvo ingresada en un internado de monjas de la Caridad en Burgos. Sus ahorros son fruto de su política de austeridad. Ahora, debido a la comercialización fraudulenta de un producto tóxico por parte de la entidad, mis padres han perdido sus 42.000 euros, fruto de cuatro décadas de renuncias y ahorros.

La cosa no acaba aquí. Caixa Laietana (y el resto de las 52 entidades involucradas en lo que se está convirtiendo en la mayor estafa bancaria de este país) se está aprovechando de la confusión de los clientes para colarles un canje envenado. A través de este canje cientos de miles de pequeños ahorradores se convierten a la fuerza en accionistas, en inversores de Bolsa. Estos contratos tienen cláusulas que dicen a) que el cliente no tiene el perfil para convertirse en accionista pero b) que el cliente insiste en hacer el canje, por lo que la entidad les vende las acciones y que c) los clientes asumen el riesgo de perderlo todo. A la práctica, los clientes están tan desorientados y confundidos que están firmando de nuevo sin saber lo que hacen. Además, están colando cláusulas o formularios a través del cual los clientes se comprometen a renunciar a hacer acciones legales en contra de la entidad por la comercialización fraudulenta de las participaciones preferentes.

Yo he visto a ancianos octogenarios en mi barrio de Barcelona que pese a tener ahorros no pueden pagarse la residencia y tienen ataques de ansiedad; he conocido a personas en paro a las que les han puesto sus indemnizaciones por despido en participaciones preferentes y ahora no pueden hacer frente a sus necesidades económicas, etc., etc., etc. Yo le pregunto a “Kassandra” si es capaz de empatizar con estas personas y dejar de lado su discurso demagógico. Es todo muy grotesco. La única solución es poner una demanda en contra de la entidad. Para ello uno puede asesorarse a través de ADICAE, el Colectivo Ronda (Cataluña) o abogados especializados en temas financieros.