Hay un dicho muy descriptivo que reza: “La victoria tiene muchas madres y la derrota es huérfana” que creo resume muy bien la actitud general respecto a la crisis de echar las culpas de su origen y su intensidad a otros. Y es cierto que de todo lo malo –como de lo bueno- todos somos un poco responsables pero claro, siempre hay alguien, generalmente un colectivo con el suficiente poder, que es el principal. No tengo duda que es la clase política europea la mayor culpable de la crisis de la €zona: se equivocaron en el diseño, no hicieron nada para frenar los evidentes desequilibrios en la época de crecimiento económico, no cumplieron las nomas fijadas, negaron los problemas cuando empezaron a ocurrir, afrontaron la crisis griega sin realismo y no consiguieron frenar su contagio y cuando por fin han reconocido la gravedad de la situación, la desunión y los intereses particulares han primado sobre una rápida solución. Ahora quieren cambiar parte del diseño original lo que está bien pero queda incompleto si no se afronta todo lo que no funciona adecuadamente como por ejemplo la función del BCE del que esperan haga milagros sin darle atribuciones suficientes como para siquiera intentarlos.

Esta semana se ha visto marcada por el desconcierto que generó la €cumbre del viernes pasado que condujo a una extrañas subidas bursátiles ese día que se trocaron en fuertes bajadas los días posteriores. Para mí la reunión derivó en un cúmulo de propósitos similar al de Julio pero con una gran diferencia: no se refieren sólo a dinero, también a política, lo que los convierte en aún de más difícil ejecución. Hay una falta de realismo evidente, por ejemplo se exige un límite de déficit estructural del 0,5%  cuando el del 3% se ha violado constantemente durante todos estos años de existencia del euro. Como describe gráficamente A. Laborda: “La casa del euro está ardiendo y los bomberos discuten interminablemente cómo diseñarla mejor para que no se produzcan fuegos en el futuro” Eso sí, se pacta que los bancos no participen en los rescates financieros, es decir que todo el aporte será de los estados, eso que no falte. Por otra parte Reino Unido no quiere el acuerdo porque exige unas medidas que perjudicarían el negocio de la City, componente clave del PIB británico y fuente importante de ingresos vía impuestos. Ni son menos europeístas que antes ni más anti-euro, defienden sus intereses económicos como hacen todos en esta Europa de mercaderes, otro ejemplo más del gran problema de esta “unión”: su artificialidad. Como artificial parece la “solución FMI”, que va a destinar 200 mil millones de euros para ayudar a la €zona pero lo curioso es que 150 mil de ellos procederá de la propia €zona con lo que los países nos endeudamos porque necesitamos dinero y si esa deuda la compra BCE, el FMI o cualquier otra institución financiada con dinero público, en el fondo no obtenemos nada. Lo que no tiene sentido, y así lo ha declarado el consejero alemán del BCE Weidmann, es que “haya gente que considere que se puede ganar confianza rompiendo las reglas”.

Mientras, en España la desconfianza hacia el sistema financiero sigue en pleno auge tras conocerse que la CAM tiene un valor de -5249 (o menos) millones de euros. La pregunta es obvia: ¿Cuánto es el valor negativo que se esconde tras las siglas de algunas entidades, cómo van a devolver las ayudas públicas del FROB las cajas y bancos? Claro, al final el estado responde por todas pero dado que es un estado que intenta evitar la necesidad de recurrir al BCE y próximamente al FMI para poder tener capital suficiente, debería disponer de un sistema financiero saneado que inspirara confianza en los inversores. Lástima que lo único que se le ocurre al nuevo gobierno para solucionarlo sea arriesgar aún más dinero público creando un banco malo –la próxima semana le dedicaré un artículo a este asunto- que aligere los balances de estas entidades tan mal supervisadas por el Banco de España, institución de la que extrañamente nadie pide una profunda reforma que la convierta en un mejor vigilante.

Cambiando de tema, voy a tratar de algo tan práctico como los efectos fiscales positivos de un año tan negativo como este para los inversores bursátiles de medio/largo plazo. Este mes son días de vender las posiciones en pérdidas para anotarse la pérdida en 2011 y, si se quiere seguir invertido, comprar otro valor similar del mismo sector y si se quiere, dentro de dos meses y un día, volver a cambiar de un valor a otro. No tiene sentido no aprovechar fiscalmente la situación y el que esté pillado por ejemplo con BBVA debería venderlas y comprar Santander manteniendo su inversión en un gran banco español. El caso más claro es para el que sea inversor de largo plazo en Banco Popular, sería un pecado que no vendiera sus acciones y comprara las del B. Pastor ya que no solo ganan por el efecto fiscal, además estarán comprando lo mismo mucho más barato ya que cotiza con mucho descuento. Actualmente las acciones del B. Popular cotizan un 10% por encima de las del B. Pastor y en cambio cuando se cumpla la OPA a cada accionista de B. Pastor le darán 1.15 acciones del B. Popular lo que significa que a través de Pastor compra un 10% más barato y un 15% más cantidad. Para entendernos, quien tenga 1000 acciones de B. Popular, si las vende a 3.30 puede comprar con ese dinero 1100 acciones de B. Pastor a 3 euros y cuando acabe el proceso de la opa tendrá 1265 acciones de B. Popular en lugar de las 1000 que tenía sin coste adicional alguno. El riesgo es que no saliera adelante la OPA pero dado el beneficio que supone para el accionista de B. Pastor el aceptarla lo considero mínimo.

Para la próxima semana tras el –para mi previsible y que me temo continuará- desplome del euro, símbolo claro de la desconfianza hacia nuestra área económica, se complica la posibilidad de un rally bursátil de fin de año pero sigo creyendo que el bajo volumen aumenta las posibilidades de manipulación –ayer por ejemplo se notó para los vencimientos de hoy- y hay muchos intereses muy poderosos que se van a unir para aupar las cotizaciones para el cierre anual. No obstante, se debe valorar si merece la pena el riesgo de comprar pensando en un posible rebote de 2 semanas cuando la tendencia de fondo es tan claramente bajista.

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