Ya empiezo a oír a algunos de mis amigos, por la calle, en el gimnasio o en el metro: ¡qué bien, ya hemos empezado la jornada de verano en la empresa!, o, ¡qué bien, ya no queda nada para empezar la jornada de verano! Es una de las épocas del año que más gusta a todos los trabajadores.

Pero no te creas que esto siempre ha sido así. La jornada intensiva de verano surgió debido a que las altas temperaturas que tenemos en nuestro país en los meses de verano hacían difícil el poder concentrarse pero con este nuevo horario, los días se hacían más llevaderos y aunque después apareció el aire acondicionado, las empresas siguen manteniendo la jornada intensiva durante la época estival para facilitar a los empleados la conciliación de la vida laboral con la familiar teniendo en cuenta el periodo vacacional de los colegios.

Además, en la época estival hay menos volumen de trabajo y la jornada intensiva coincide con las vacaciones de los clientes y proveedores. No es que trabajemos menos horas, si no que el cómputo de horas de trabajo anual se reparte en horario de invierno y de verano, por lo que las horas de trabajo son las mismas a final de año.

He aquí unas cuantas buenas razones para se implante la jornada de verano:

Aumenta la motivación. Las personas que tienen jornada intensiva están más satisfechas, más felices y con mejor disposición para el trabajo debido a que tienen tiempo para dedicarlo a su vida personal y a su familia.

Incrementa la productividad. Debido a este aumento de la motivación, se consigue que se aumente la productividad, lo que repercute en la rentabilidad de la empresa. No se trata de cantidad de horas de trabajo, si no de calidad de las mismas.

Reduce el estrés. El hecho de tener tiempo para dedicárselo a la familia, los amigos, el ocio y las obligaciones cotidianas, supone que va a reducir el estrés de los trabajadores.Esto hace que lleguen menos cansado al trabajo y poder afrontar mejor la jornada. El tiempo de ocio es fundamental para liberar la mente.

Se consigue optimizar el tiempo. Al tener un menor número de horas para realizar las mismas tareas que durante el invierno se distribuían a lo largo de una jornada completa, los empleados aprenden a optimizar sus horas de trabajo, a ser más eficaces y resolutivos en la realización de sus labores profesionales diarias.

Permite aprender cosas nuevas y facilita el trabajo en equipo. Debido a que gran parte de la plantilla coge las vacaciones durante el periodo estival (hay empresas que incluso «te obligan» a ello), las personas que se quedan en la oficina hacen el trabajo de los que están fuera, lo que ayuda a la colaboración entre ellos y permite que conozcan otras actividades de la empresa que tal vez no conocían.

Está claro que no todos están a favor de la jornada de verano y están quienes argumentan que:

Se puede llegar a perder negocio. Si un cliente llama a una empresa a las 5 de la tarde para resolver un problema y nadie le coge el teléfono, será un cliente enfadado que posiblemente no quiera volver a hacer negocios con tu empresa.

No se trabaja lo mismo que con jornada partida. Al ser menos las horas de trabajo, no se puede llegar a cumplir con todo el trabajo.

Y aunque debido a la crisis, el empleado ahora la mayoría de las veces no está en situación de elegir, sí que es verdad que en los procesos de selección los candidatos cada vez valoran más tener jornada intensiva en verano y los viernes por la tarde libres.

¿Estás a favor de la jornada intensiva de verano? ¿Vas más motivado a trabajar?