El pasado 4 de Abril se celebró la reunión anual de la Sociedad de Neurociencia Cognitiva, algo que habría pasado sin pena ni gloria por este blog si no hubiese sido por el eco que se hizo de ella la revista Wired, concretamente un estudio presentado por Oriel FeldmanHall de la Cambridge University se muestra que cuando se trata de estudios morales, los escenarios hipotéticos no funcionan para determinar las complejidades de las decisiones reales de la gente.

Esto suena a rollo, pero de verdad que es de lo más interesante para intentar comprender (que no justificar) gran parte del comportamiento del mundo financiero.

El estudio de FeldmanHall mostraba que lo que la gente dice que va a hacer en una determinada situación y lo que finalmente hacen son dos cosas totalmente distintas. Si le preguntamos a una persona si es capaz de dar una descarga eléctrica a otra persona por dinero,  la mayoría de la gente respondería que nunca podrían causar dolor a otra persona. Es lógico ¿Quién va a ser el loco que me ofrezca este trato tan raro? ¿Cómo voy a ser yo capaz de infringir dolor a alguien? Yo tengo unos principios que jamás se verán alterados por el dinero.

Sin embargo, en un escenario de la vida real, con dinero real y descargas eléctricas reales, las acciones fueron muy distintas. En el estudio de FeldmanHall, los sujetos se sometían a un escáner de IRM (una resonancia magnética) y se les daba la posibilidad de dar una descarga eléctrica a una persona situada en otra habitación y ganar dinero (una libra británica) o no causarle dolor y no recibir dinero. También se dividió la libra en porcentajes basados en la intensidad de la descarga, de modo que recibirían la libra íntegra si aplicaban una descarga más intensa y menos por descargas más suaves.

Se mostraba un video de la persona que recibía la descarga al sujeto que se encontraba en el IRM, que podía simplemente ver la convulsión de la mano o tanto la cara como la convulsión de la mano de la persona a la que se aplicaba la descarga. Cada participante tenía la posibilidad de aplicar descargas sobre otra persona 20 veces, con la consiguiente posibilidad de ganar 20 libras.

En el escenario hipotético, el 64% de los participantes afirmaron que nunca aplicarían una descarga a nadie por dinero. No obstante, en el mundo real ese número cambió, y considerablemente. Cuando se encontraban ante dinero de verdad, el 96% elegía aplicar descargas a la persona que se encontraba en la habitación de al lado por dinero.

Lo que marcaba la diferencia en cuántas veces los participantes realizaban la descarga era el video que estaban viendo. En promedio, los que solo veían la convulsión de las manos se marchaban con 15,77 libras, pero los que veían también las caras, se marchaban sólo con 11,55 libras.

El estudio también mostró que cuando estos individuos se encontraban ante un dilema moral, mostraban una actividad intensificada en la ínsula, una parte del cerebro que se considera vinculada a la emoción. Es esta falta de emoción y el dilema real lo que FeldmanHall considera que falta en los dilemas morales hipotéticos tradicionales.

La intención de utilizar este tipo de estudios es determinar la manera en que el cerebro dicta la compasión y el comportamiento moral de los individuos.

La verdad es que los datos del estudio me parecen desoladores y es este comportamiento que nos ha llevado a la situación actual. Por ejemplo, antes, una hipoteca dada a la ligera por el director del banco, podría llevar a que un cliente que se ha pasado toda la vida por la sucursal, acabe en la calle. Los daños tenían nombre y apellidos y podía haber sentimiento de culpabilidad, ante la acción de una negligencia a la hora de evaluar riesgos estaba la reacción de una desgracia humana. La economía actual está dominada por productos en los que no hay personas, ni caras, ni hipotecas de verdad, comparando con el estudio mencionado antes, no es que veamos la cara es que no vemos ni si quiera las convulsiones en las manos, los daños están tan diluidos que no nos sentimos culpables de nada y así es normal que si nos pagan por hacer daño, no dudemos en hacerlo.