Kate Moss fue el año pasado la tercera modelo mejor pagada del mundo, creo que la mayoría coincidiremos en que la chica es mona pero seguramente haya millones de mujeres más guapas y con más estilo que ella, modelos que no han tenido problemas con la cocaina, ni con la anorexia, ni con la prensa. En la música tenemos ahora otro fenómenos, Justin Bieber, un cantante mediocre que pese a tener 16 años ya tiene escrita hasta una autobiografía.

Es lo que los economistas denominarían un ganador de los denominados “ganadores que se quedan con todo el mercado”, predominante en industrias culturales como el arte y la música, en las que unas cuantas personas cosechan compensaciones muy lucrativas y visibles mientras la mayoría de los competidores apenas se ganan la vida antes de desaparecer en carreras más estables y menos glamorosas. La presencia de tales ganadores tan espectaculares como Kate ha generado una gran pregunta sociológica: ¿cómo, entre miles de modelos aspirantes de todo el mundo, de vez en cuando alguien tan normal es capaz de sobresalir entre el montón? ¿Cómo, en otras palabras, surgen los ganadores?

Los secretos del éxito de Kate o Justin, tienen menos que ver con su talento que con el contexto social de un mercado inestable. Hay muy poco valor intrínseco en el físico de Kate (e incluso menos en el musical de Justin), que podrían apartarla de cualquier número de adolescentes de similar constitución, cuando se trata de bienes simbólicos como la «belleza» y «el hecho de estar de moda.» Difícilmente podríamos identificar medidas objetivas de valor inherente en el bien mismo. Por el contrario, los procesos sociales están en funcionamiento en el mercado de las modelos para legar un valor cultural a Kate. El mundo social de los mercados de la moda revela cómo los agentes del mercado piensan de forma colectiva a la hora de adoptar decisiones frente a la incertidumbre.

¿Qué significa esto desde la perspectiva financiera?

Este lado social de los mercados, resulta que es clave para entender cómo los inversores pueden negociar valores respaldados en los activos de hipotecas de alto riesgo “tóxicas” al igual que el resto de las burbujas que hemos vivido… Estos mecanismos formales e informales dieron lugar a un clásico efecto de ventaja acumulada en el que los bienes que triunfan acumulan más éxito (también conocido como el fenómeno “el rico se hace más rico”)… En la economía conductual, el éxito de un modelo es un ejemplo de una cascada de información. Frente a una información imperfecta, los individuos llevan a cabo una elección binaria respecto a una actuación (elegir o no elegir) observando las acciones de sus predecesores sin tener en cuenta su propia información. En tales situaciones, unos pocos individuos clave y afortunados madrugadores acaban teniendo un gran efecto desproporcionado, como que pequeñas diferencias iniciales generen grandes diferencias posteriormente en la cascada.

El comportamiento de manada es  bastante problemático para los mercados financieros, conducen a los inversores a valores de activos que han subido de forma artificial, y de ese modo, dan lugar a burbujas y consiguientes crisis, incluso si los inversores lo sabían bien desde el principio, como ocurrió en el mercado inmobiliario en gran parte.

Pero los inversores, como seguidores de la moda, por el hecho de reaccionar entre sí, y frente a las señales en conjunto de las acciones de inversores compañeros, agravan el riesgo sistémico.

Por tanto a la hora de realizar una inversión debemos de conocer en todo momento el por qué lo hacemos e identificar el «efecto manada», no vaya a ser que al final nos vayamos con Kate Moss cuando podríamos habernos ido con Scarlett Johnansson.