Aunque quizás el mérito deba compartirlo con el cliente que no paraba de quejarse del grosor de sus patatas fritas, el cocinero George Crum fue el primero en cortar las patatas muy finas, freírlas en abundante aceite muy caliente y añadirles sal: las “chips” que conocemos hoy en día. Una sencilla receta de mediados del siglo XIX que para popularizarse necesitó que en 1920 se complementara con el método de fabricación de bolsas herméticas creado por Laura Scudder, con lo que se pudo evitar que en poco tiempo se pusieran rancias y blandas. Algo similar parece haber ocurrido con la Unión Europea, una gran idea que está buscando algún invento que le garantice la popularidad y el éxito. Se creyó que el € era esa herramienta pero no ha sido suficiente.

Y es que como estos días se ha visto en Egipto, economía y política están indisolublemente unidas y creer que países con diferentes políticas podían hacer viable una moneda y un banco central común ha resultado ser demasiado optimista. Quizás podía haber resultado si todos hubieran cumplido las normas del Pacto de Estabilidad pero en una situación de crisis no es realista que diferentes países con políticas económicas distintas vayan a ser tan disciplinados, sobre todo cuando los castigos son tan pueriles como una multa al que se salte el límite del déficit del 3%, como si se solucionara con dinero el que un país gaste más de lo que ingresa…en todo caso aún empeoraría más sus números. Por eso nunca se han aplicado.

Ahora se pretende solucionar el que varios países hayan perdido la confianza de los inversores en su solvencia. ¿Cómo? Prestándoles más dinero y alargando los plazos de su devolución hasta 3 décadas. Esto ha provocado fuertes mejoras del riesgo país de varios estados europeos (España entre ellos pero también Portugal –que hace un mes parecía abocado al rescate- o Bélgica) aunque aún no se ha concretado nada. En cualquier caso el problema es el mismo: ¿Cómo garantizar que cumplan si precisamente se toman estas medidas porque todos sabemos que no iban a cumplir los compromisos anteriores? Estamos ante una avalancha de mentiras que se están resolviendo asumiendo más y más riesgo. Prestándonos unos a otros un dinero que no tenemos no construiremos Europa. Europa se construye unificando fiscalidad, código penal, servicios sociales…está claro que todo eso -por lo que sea- los gobiernos –y seguramente los europeos- no lo quieren con lo que la pregunta es: ¿Es posible una Europa con la misma moneda, el mismo banco central, deudas cruzadas entre ellos pero desunida políticamente? Para mi la respuesta es negativa, y por eso la idea de los eurobonos no cuajó, aunque la solución encontrada sea muy similar.

Y es que aparte de resolver la crisis de solvencia en cierta deuda europea, los rescates y las compras de bonos de BCE olvidan el factor político. Mientras cada país sea soberano por muchas imposiciones que haya, los votantes elegirán el gobierno que quieran, y si prefieren un gobierno que no cumpla las exigencias europeas, ¿qué se puede hacer? 30 años es mucho tiempo, en tres décadas puede pasar de todo: ¿Qué pasa si gana en Francia un partido ultra –como pasó no hace mucho en Austria- que pretenda sacar al país del €, y si Italia se dedica a imprimir euros sin permiso –como hace poco supimos que hizo Irlanda-, y si Austria falsifica sus datos –como hizo Grecia-…? Desde Bruselas –o mejor dicho desde Berlín- no se puede imponer por decreto la tasa de paro, el déficit presupuestario o el ratio deuda/PIB, y cualquier país es capaz de elegir –como tantas veces ha pasado en la Historia- por mayoría absoluta al peor de los gobiernos posibles y que éste se salte todos esos límites, ¿Qué harán entonces los demás, expulsar a esa nación del € y perder todo lo que le han prestado, castigar con multas incobrables, meter en la cárcel al ministro de economía…? Creo que no es realista empeñarnos en continuar con un experimento fracasado. O nos decidimos a abandonar el concepto de soberanía nacional y formamos una Europa federal o creo que nos debemos olvidar de pretender que Grecia y Alemania compartan la misma moneda y el mismo banco central.

Pero los mercados en el corto plazo no lo ven así, y ya que BCE dejó de comprar bonos –por vez primera desde octubre- la semana pasada el mensaje que ha calado es que no lo hizo porque ya no va a hacer falta, dando credibilidad a los rumores de mayor implicación monetaria de toda Europa en los problemas de la deuda periférica. Incluso el Dow Jones tuvo el mejor enero desde 1997, y aunque estadísticamente, febrero es el segundo peor mes del año y las revueltas en varios países árabes abren un proceso de inestabilidad con una duración e intensidad difícil de prever, la mejora de la deuda periférica europea es un argumento alcista de peso. Además, una mala noticia económica, la subida del crudo y las materias primas, da alas a las compañías del sector que suelen tener bastante peso en los índices bursátiles mundiales. Con todo, se han vuelto a frenar en las mismas resistencias que comentamos hace 7 días, simbolizadas en los 11 mil del Ibex. Precisamente nuestro índice, como nuestro bono y los CDS, a pesar de que la enorme mejora desde los primeros días de enero es esperanzadora, deben ver confirmadas en noticias tantas expectativas (ampliación del fondo de rescate, compra de más bonos, solución del problema griego asumiendo una quita y alargando plazos etc.) para asegurarnos que no es una corrección –para volver a empeorar con más fuerza en cualquier momento- sino un cambio de tendencia.

Y concretando en la bolsa a nivel global, el inversor Marc Faber resume muy bien mi opinión: “Los inversores son demasiado optimistas, los mercados están sobrevalorados pero no es momento de ponerse cortos.”

Algunos datos.

Algunas opiniones.