“Burbuja Financiera: Situación temporal en la cuál los altos precios de los activos se encuentran sustentados largamente por el entusiasmo de los inversores y analistas y no por estimaciones de valuaciones reales.”

En repetidas ocasiones a lo largo de la historia económica moderna, la sociedad en su conjunto debió enfrentarse a un fenómeno financiero con repercusiones sumamente negativas en el lugar de ocurrencia: las Burbujas Financieras.

Numerosos estudios han sido  publicados buscando explicaciones y formas de prevención para dicho suceso, pese a ello las burbujas financieras siguen apareciendo sin importar las políticas económicas que buscan prevenirlas ni el supuesto aprendizaje que los expertos deberían haber realizados gracias a sus estudios.

Al producirse un fenómeno de exceso de inversión de capital especulativo se observan cambios significativos en el comportamiento de los agentes económicos que intervienen en los mercados financieros. Dicho comportamiento conduce, en forma agregada, a una retroalimentación en la sobre valuación de precios y activos a partir del comportamiento maximizador de ganancias a nivel microeconómico de cada uno de los agentes involucrados.

Bajo estas  circunstancias es que detecto un «pacto de negación» entre los inversores y los analistas financieros, a raíz de los diversos estímulos que reciben dichos agentes para construir una realidad económica paralela a la que finalmente emerge al agotarse dicho proceso.

Es un pacto de negación porque los participantes no aceptan su participación y responsabilidad en el desarrollo del fenómeno especulativo y  actúan negando la existencia del mismo.

Al darse esta situación se crea, mediante consenso, una realidad económica paralela que busca justificar “científicamente” la exuberancia irracional de la cual se vuelve prisionera la sociedad en su conjunto.

Conocer como funciona este peligroso fenómeno, en cuanto al mecanismo de retroalimentación  que persiguen sus participantes en post de ganancias fáciles y rápidas, puede ser la diferencia entre sobrevivir o no en un mercado cada vez más complejo.

El Rol de los Inversores

“El comportamiento mas tonto del mundo es comprar acciones porque están subiendo de precio”.

El primer agente económico (y quizás el más importante) es el inversor, o sea los ofertantes de dinero, que concurren al mercado de capitales con un excedente monetario con el cual buscan obtener un rendimiento mayor a la renta ofrecida por los banco comerciales.

Los inversores se esfuerzan en tratar de hacer lo correcto con su dinero, pero lo hacen sin tener en cuenta que sus habilidades son limitadas y los patrones de comportamiento que adoptan pueden ser ambiguos cuando carecen de información apropiada.

Los mercados alcistas se producen cuando los incentivos que tienen los inversores para mantener sus acciones son mayores a los incentivos para disfrutar (en el presente) de la riqueza que estos papeles representan.

El mercado no esta restringido de alcanzar altos niveles solo porque la gente tenga alguna noción de cual es el nivel apropiado para el mismo y de cuando los índices bursátiles se encuentran sobrevaluados. Más aún, si los inversores consideraran que el  mercado se encuentra demasiado alto, la discrepancia entre la riqueza que mucha gente tendría en este caso y sus niveles de gasto corriente haría que los mismos busquen desprenderse de parte de las acciones que tienen en cartera.

Supongamos que la psicología del mercado causada por altos niveles en los valores de las acciones que componen los mercados de capitales hace que los poseedores de esas acciones  experimenten una sensación de abundancia monetaria.

En este caso, los incentivos para seguir manteniendo las acciones en cartera comienzan a verse disminuidos al aumentar los deseos de vender parte de esos papeles para empezar a tener un nivel de vida y de gasto más acorde a su nueva posición económica.

Si el mercado es netamente alcista, como de hecho lo fué el NASDAQ o el mercado hipotecario en la historia económica reciente, la mayoría de los tenedores de acciones experimentan este deseo de comenzar a disfrutar su riqueza, y para cumplir con tal fin es que venden parte de sus posiciones accionarias.

Este accionar obviamente tira los precios de los papeles hacia abajo al no haber suficientes compradores ni ingreso nacional genuino como para sustentar la riqueza de estos nuevos millonarios.

El mercado de capitales puede alcanzar niveles fantásticos solo si los inversores piensan que hay buenas razones para no testear esos valores tratando de disfrutar de su nueva riqueza.

Otra razón para la exuberancia bursátil es la teoría de que el público ha aprendido que la valoración a largo plazo del mercado es superior a la que se pensaba que podía llegar a ser en el pasado, y superior aún a la valoración que los indicadores sugerían que la misma alcanzaría. De acuerdo a esta teoría, el mercado alcanzó los altos niveles actuales porque los inversores han aprendido algunos aspectos simples sobre promedio históricos de rendimientos y diversificación.

Es común hoy día escuchar analistas que afirman que la gente ha aprendido recientemente que el mercado de capitales lleva implícito menos riesgo de lo que pensaban.

Este “aprendizaje” es el resultado de distintos estudios financieros que compararon los rendimientos históricos de distintas inversiones para determinar la superioridad del mercado de capitales en el largo plazo.

Lo anteriormente expuesto ayudaría a crear una actitud negadora en los inversores al comprar acciones, dado que este acto llevaría implícito cierta tranquilidad de estar invirtiendo correctamente sus ahorros debido al aprendizaje realizado, aún en períodos de irracionalidad en los mercados.

El Rol de los Analistas Financieros

“Si a los 5 minutos de estar sentado en una mesa de poker todavía no te diste cuenta de quién es el pardillo…entonces es que lo eres tu”.

Los analistas financieros, expertos de Wall Street, cumplen la función de examinar detenidamente el comportamiento de cada empresa y comunicar a los inversores que valores comprar y vender.

En el período comprendido entre 1970-1990, millones de inversores americanos depositaron su confianza en corredores y analistas, de quienes dependían. Sin embargo, los bancos de inversión de los Estados Unidos acabaron con dicha confianza, al darse cuenta los inversores que la opinión “interna” de los analistas era mucho más exacta que la opinión “pública” de los mismos.

Aquí es que detecto el primer indicio del “pacto de negación”: los defensores de los analistas afirman con toda convicción que “Los inversores tenían que saberlo”, haciendo referencia a que no se necesita ser demasiado inteligente para imaginarse que un analista se encuentra presionado para vender valores de una empresa con la cuál el banco de inversión para el cual trabaja está cerrando un trato con ganancias enormes. El tema es que como todos estaban ganando dinero a más no poder, no resulta sorprendente que pocos se molestaran en preguntar si las cifras eran razonables.

De manera conjunta inversores y analistas negaban su conducta retroalimentadora de la burbuja, seducidos por los estímulos de ganancias importantes de corto plazo. El rol y comportamiento de los analistas financieros en el proceso estudiado es por demás interesante en cuanto al poder que tienen los mismos en la formación de opinión de los medios y del público inversor en general.

De acuerdo a un estudio realizado por Zacks Investment Research en Abril del año 2000 acerca de recomendaciones hechas por analistas a sus clientes sobre un total de 6000 empresas cotizantes en los mercados americanos Dow Jones Industrial, Nasdaq Composite y S&P Index, solo el 1% de las mismas eran “sell”(vender), mientras que el 29,9% eran “hold”(mantener) y el 69,5% eran “buy”(comprar)  hacia fines de 1999.

La fecha citada no es caprichosa: por esos días comenzaba a desinflarse la burbuja financiera del Nasdaq y billones y billones de dólares invertidos en acciones supuestamente bien compradas se evaporaban.

También es importante a la hora de evaluar el comportamiento de los analistas las características de los pronósticos que los mismos elaboran.

Lo usual es el método de pronósticos a un año, lo cual propicia que los mismos sean más osados debido a la cantidad de variables que pueden acontecer en dicho período.

Un ejemplo puntual de lo expuesto es el caso “Merril Lynch”. Una nota aparecida en Diciembre del 2001 en el periódico americano “The Washington Post” señala que los analistas de este broker recomendaban empresas tecnológicas en las que ellos no confiaban mientras el banco cobraba honorarios por la colocación de las acciones de esas firmas.

En el apogeo de la burbuja tecnológica, Henry Blodget y otros analistas de Merrill Lynch realizaron informes elogiosos sobre empresas que luego se vinieron abajo; pero, en privado, criticaban entre ellos a los títulos de esas compañías.

En emails que salieron a la luz luego de una investigación llevada a cabo por la SEC (Security and Exchange Comisión) una empresa bien calificada por los analistas era mencionada puertas adentro como «una basura». A otra se la llamó «gran porquería», aun cuando los analistas de Merrill aconsejaban a los inversores comprar más de sus acciones.

Los documentos presentados ante los tribunales alimentan los recelos de quienes sostienen que la pared entre los analistas (supuestamente, asesores independientes) y los banqueros de inversiones (que cobran honorarios por colocar acciones y bonos) no está funcionando como sostiene Wall Street.
Fue a partir de allí que un juez federal ordenó a Merrill Lynch que haga constar en sus análisis si la empresa evaluada por sus analistas de bolsa es a la vez cliente o posible cliente de su banco de inversiones.

Conclusión

“Cuando se va el agua de la piscina es cuando te das cuenta de quien es el que estaba nadando desnudo.”

La conclusión indica que las Burbujas Financieras son producto de una convergencia de múltiples variables.

Donde la conducta negadora se observa en forma más nítida es en el comportamiento de los inversores, quienes simplemente se ven atraídos por el “dinero fácil” , pero también por los medios (televisión, diarios especializados, revistas); y más que nada por vecinos, amigos y familiares que les cuentan de sus hazañas bursátiles y sus ganancias rápidas.

Los inversores dejan de lado el comportamiento racional a la hora de analizar las distintas posibilidades de inversión y su riesgo, y niegan la posibilidad de ser responsables en alguna medida con su comportamiento a nivel agregado de la formación de las burbujas.

El estímulo para este accionar tiene motivaciones psicológicas y materiales. Con su conducta ávida de súper-ganancias, los inversores contribuyen a la formación y manutención de la burbuja gracias a factores psicológicos que hacen que los inversores asuman este comportamiento.

Por el lado de los analistas financieros, el estudio de su comportamiento se vuelve más difícil, teniendo en cuenta que se vulnera cierta ética profesional, ya sea consciente o inconscientemente, en donde es tan fuerte el poder del pensamiento prevaleciente durante el proceso que los pocos asesores financieros que tratan de alertar sobre los peligros del comportamiento de sus pares y de los inversores en general terminan marginados por los medios e incluso por las empresas cotizantes, que se niegan a proveer de información a tan “pesimistas” personajes. Sus estímulos más importantes para este accionar también son dos: por un lado se estudió la existencia de otro pacto, esta vez entre las empresas evaluadas y los analistas encargados de dicha evaluación, con el fin de emitir pronósticos por demás optimistas sobre rendimientos futuros; pero por otro lado, los analistas mismos son presionados por sus superiores a la hora de evaluar empresas en las cuales la casa de inversión para las cuales trabajan tiene algún tipo de interés comercial.

Cualquiera sea nuestro rol en el mercado, tanto inversores o como asesores financieros, debemos conocer y estudiar profundamente estos fenómenos tan potencialmente dañinos para nosotros y para el resto de los participantes, y realizar una dura autócrita en cuanto a nuestro comportamiento y la razón por la cuál invertimos o aconsejamos invertir en determinada empresa o sector.

Finalmente, me interesa que no se malinterpreten las reflexiones vertidas en esta nota: las burbujas financieras, según lo expuesto, son parte del “folclore” económico y financiero, y por ende, no existe ninguna razón concreta para suponer que mágicamente dejen de existir.

Incluso en los tornados más salvajes existe lo que se llama el ojo de la tormenta: un lugar en el cuál se puede estar a salvo de los efectos devastadores del fenómeno estando incluso dentro del mismo.

Encontrar ese lugar (que ahora sabemos que existe) y no ser arrastrados por la corriente, es al fin de cuentas, nuestra responsabilidad.