No hace mucho releí la famosa anécdota del cuadro de Henry Matisse «Le Bateau». Resulta que en 1961 el cuadro fue expuesto en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. El éxito fue rotundo: en poco más de un mes más de 150.000 personas se admiraron por esta obra. Lo curioso fue que a los 47 días de estar expuesto y haberlo visto decenas de miles de personas que se deshicieron en elogios, se dieron cuenta…que había estado colgado desde el principio al revés. Viendo el cuadro no es tan difícil que pasara, pero el asunto es que miles de personas dijeron admirar algo que era lo opuesto a lo que el artista había dibujado.

Esto es lo que pretende hacer la SEC con la normativa para cambiar la revaluación de los activos «en circunstancias extraordinarias»: pretender que las cuentas reflejen algo que es lo opuesto a lo que es.

Para entenderlo os voy a contar una historia que yo viví de cerca pues en ese año perdí todo mi dinero jugando (pues entonces sabía tan poco que jugaba, no especulaba ni invertía) con los futuros de MEFF sobre la deuda a 10 años: 1994. En ese año -hablo de memoria, no pretendo ser una enciclopedia- se descontaba que habría fuertes bajadas de tipos en todo el mundo y especialmente en España llegando la rentabilidad del bono a 10 años a poco más del 7% cuando el tipo oficial de corto plazo estaba en el 8.5%…el caso es que pasó todo lo contrario y USA subió los tipos 6 veces ese año con lo que la deuda a 10 años española pasó a cotizar por encima del 12% de rentabilidad. Para colmo, a finales de ese año salió el escándalo de los GAL y recuerdo que los extranjeros huían de invertir en España siendo nuestro diferencial respecto al bono alemán superior a los 4 puntos (ahora nos echamos las manos a la cabeza por 60 pipos).

El Director General del Tesoro era entonces Manuel Conthe (sí, el de la polémica de hace unos meses por el tema de Endesa y la CNMV) y se le planteó que a finales de 1994 varias cajas de ahorro podían quebrar por culpa de una deuda pública española comprada de media a lo largo de ese año en torno al 9.25% y que cotizaba al 12%. Cierto tesorero español que trabajaba entonces en un banco americano con sucursal en España (y que después fue fichado por Botín para gestionar fondos de alto riesgo) le dio la idea para salvar al sistema financiero español: Crear una cartera de inversión que se revaluaría con el tipo a corto plazo y otra cartera de especulación a revaluar a precios de mercado. Y se hizo.

Automáticamente toda la posición que estaba en pérdidas pasó a ser neutra ya que los tipos a corto plazo estaban en torno a ese 9.25. Además la propia evolución de los tipos de interés y nuestro acercamiento al € fue reduciendo cada vez más esos tipos (en octubre de 1998 ya estaban por debajo del 4%) por lo que lo mismo que hubiera podido provocar quiebras y que simplemente se dejó morir en el 2004, proporcionó unos beneficios enormes a la banca. Simplemente por una habilidad contable.

Esa vez hubo suerte y ahora la SEC pretende hacer algo similar, eliminar la revaluación mark-to-market (es decir, a los precios de mercado) para los activos y, estando papá FED de momento inyectando liquidez a corto plazo contra esos mismos papeles, revertir las pérdidas en resultados positivos para la banca. Cito textualmente de un informe de una casa de estudios:

El Tesoro, la Fed y algunos banqueros consideran que suspender esta norma podría llevar a maquillar la salud financiera de las empresas y poner las semillas para la próxima crisis. Contrariamente, más de 60 abogados se han dirigido a la SEC pidiendo una suspensión inmediata de esta norma. Se alega que podría aliviar a los contribuyentes de tener que pagar millones de dólares en pérdidas potenciales si se permitiera a los bancos evitar contabilizar pérdidas en activos que, una vez la crisis crediticia haya pasado, podrían tener mucho más valor.

Esto es como cuando alguien compra una acción a 10 euros, mientras no la venda puede considerar que su inversión vale 10 euros aunque esté a 9, pero un banco o una empresa no puede hacer eso, debe constatar contablemente su pérdida ya que lo que tiene no vale 10, sino 9. Y debe provisionar una cantidad para cubrir esa pérdida. Al final, tanto el particular como la empresa ajustarán su resultado al vender la acción, sea a 5 o a 15.

Es evidente que no es lo mismo deuda pública emitida por un estado que esta deuda «tóxica» pero también lo es que eliminaría de forma rápida unas pérdidas latentes y, lo que es mejor, el tener que provisionar por ellas, con lo que se reduciría la necesidad de liquidez. Claro, si finalmente dicha deuda provoca impagados saldrá toda la pérdida a la vez…

Ese es el tema que saco a debate hoy: ¿Usar la ingeniera contable para frenar los excesos que la ingeniera contable provocó en el pasado puede ser una buena solución transitoria?

Y para terminar, el habitual resumen de prensa: