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La manzana envenenada

Supongo que conoces el cuento de Blancanives: La Reina quiere ser la más hermosa del lugar, pero el espejo mágico le dice que la más hermosa es Blancanieves, así que decide deshacerse de ella. Para ello la va a visitar con un una cesta en la que hay un montón de manzanas. Blancanieves elige la que le parece más bonita y brillante, pero resulta ser la manzana envenenada.

En nuestro entorno laboral también hay un montón de personas, pero por desgracia, casi siempre nos encontramos con esa persona que es la manzana envenenada. Es ese compañero tóxico con el que tenemos que lidiar día a día.

Nos podemos encontrar con muchos tipos de manzanas envenenadas:

Los negativos. Ven el mundo a través de lentes oscuras. Son los reyes del “sí, pero…” Nunca ven oportunidades, sólo problemas y son expertos en contagiar su negatividad al resto del grupo. Su actitud retrasa la puesta en marcha de los proyectos y, además, hay que elevarles el ánimo.

Los sabelotodo. Si tienes un sabelotodo a tu alrededor cuida muy mucho los comentarios que haces. Si se te ocurre por ejemplo comentar un artículo que leíste en voz alta, el sabelotodo caerá sobre ti y te soltará una soflama sobre él (o un compañero que tuvo en un trabajo anterior) al que le pasó eso. Da igual lo que sea “eso”. Si hablas de la congelación de las tuberías del transiberiano, el sabelotodo tendrá un conocido que trabajó allí.

El sabelotodo va a decir lo que tenga que decir, pase lo que pase, por lo que la estrategia correcta frente a él es no darle pie. No caigas en un error de principiante frente a un sabelotodo como es discutir con él. Por mucho que domines del tema y te des cuenta de que él no tiene ni idea debes tragarte tu orgullo y seguir a lo tuyo o entrarás es una espiral sin fin.

Los quejicas. Se pasan la vida lamentándose por todo, pero no hacen nada para cambiar la situación. En realidad, esta persona sólo quiere quejarse, porque esto le produce un alivio momentáneo. Están al acecho para encontrar un interlocutor sobre el que descargar su retahíla de lamentaciones, cosa que deja al susodicho destrozado.

Los criticones. Ponen objeción a todo lo que se dice y hace. Para ellos, nunca das la talla. Por supuesto, insisten en que las críticas son “por tu bien”. Pero la realidad es que son hirientes porque disfrutan con ello. Su campo de actuación es muy amplio: el modo de trabajar, la forma de vestir o la manera de relacionarse con la gente.

El inepto o inútil total. Siguiendo el principio de Peter, cualquier persona es ascendida en una organización hasta el puesto en el que ya no es eficiente. Por lo tanto, no te extrañe que el inepto pueble los escalafones más altos de las organizaciones. El que no lo era, se ha convertido. Habitualmente son protegidos de alguien importante o se mantienen en sus puestos por la ausencia del mismo por lo que a ellos les importa un comino algo que vaya más allá de su estómago. No hay estrategia válida. Es un “o ellos o tú” y, lamentablemente, sueles ser tú.

El perfeccionista. El perfeccionista es un obstáculo serio de cara a la productividad ya que ningún trabajo le parecerá lo suficientemente bueno lo que provocará un bucle infinito de correcciones y mejoras. El problema en este caso no es la mejora continua sino la “mejora sin fin”. Un perfeccionista tiene problemas para delegar ya que, habitualmente considera que los trabajos que no hace él en persona, no son “suficientemente buenos”. La consecuencia más habitual es que un perfeccionista suele convertirse en cuello de botella de todo aquello que gestiona.

Los belicosos. Están en constante tensión y cualquier incidente provoca en ellos una reacción agresiva. Cuando los tienes cerca sientes que debes vigilar tus movimientos. Lo preocupante es que el ambiente de trabajo se empobrece porque, para evitar conflictos, la gente calla sus opiniones.

Los indefensos. Van de débiles y de víctimas. A menudo necesitan que hables por ellos, que los defiendas, que los apoyes… porque parece que no saben valerse por sí mismos. Hacer de portavoz de estos compañeros es agotador y, a veces, peligroso, porque bajo esta piel de cordero se esconce un personaje muy sagaz que, si algo sale mal, sabe escaquearse de su responsabilidad y achacar los males a otro, es decir, a su portavoz.

¿Qué otras manzanas envenenadas encuentras en tu entorno laboral?

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