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¿Estás en el trabajo apropiado?

dedoJusto lo hablaba el otro día con unos compañeros: había quien decía que no existe el trabajo perfecto, que en todos los sitios hay un garbanzo negro. Sí, estoy de acuerdo, pero hay unos sitios en los que estás mejor que en otros, independientemente del garbanzo negro. Hay muchos factores que pueden influir para que tú estés mejor o peor en el trabajo. Cada uno valora qué es lo que más le interesa: compañeros, jefe, dinero, beneficios sociales, cercanía de su casa…

Tal vez no sea el puesto que buscabas o tal vez no te pagan todo lo que te gustaría, pero hay señales claras que indican que estás en el puesto adecuado. Desde Forbes nos dan algunas claves:

Te despiertas cada mañana con energía. Hay personas que se levantan con entusiasmo también entre semana para ir a trabajar a la oficina. Cuando amas lo que haces, esta emoción resulta natural, incluso en las personas más dormilonas.

Afrontas con ganas tu lista de tareas. Te sientes preparado para llevar adelante las cosas que hay en tu lista de tareas, tachar las antiguas y añadir de nuevas para el día siguiente. Las personas que disfrutan de su trabajo aceptan de buen grato las rutinas que implica.

Exhalas felicidad. Entras en la oficina y te rodea una áurea de felicidad que contagia a los que te rodean. Por eso es extremadamente importante para las empresas tener personas felices entre sus trabajadores, porque pueden cambiar todo el ambiente de un espacio de trabajo.

El día se pasa volando. En lugar de estar mirando constantemente el reloj, en su lugar sientes que no tienes suficientes horas en tu jornada laboral, en el buen sentido de la frase. Te gustaría tener más tiempo para planificar y hacer aún mejor tus tareas.

Disfrutas del tiempo empleado en la oficina. A tu familia y a tus amigos les cuesta entenderlo, pero estás a gusto en tu trabajo. No te pone de (tan) mala leche tener que renunciar a otros compromisos porque tienes que trabajar ni te cuesta quedarte en una ocasión especial.

Estás ansioso por asumir nuevos proyectos. Trabajas duro en los grandes proyectos de tu departamento cuando la carrera contra el reloj del corto plazo te lo permite. Dejas claro a tu superior que estás interesado en nuevos proyectos e incluso le ofreces tus propuestas aunque no te las haya pedido. 

Eres optimista. Cuando se acerca una fecha límite y el equipo está agonizando, tu eres el que anima a los demás y les motiva para llegar a tiempo. Cuando otras personas se ven superadas por la situación, tu les das la luz al final del túnel porque la vas más cerca que ellos.

Ves los objetivos de la empresa como los tuyos personales. Crees que si la empresa consigue sus objetivos, tu estarás consiguiendo los tuyos, y por lo tanto te implicas al máximo en ello. Además, entre tus pensamientos vitales, tienen un espacio importante los profesionales.

Eres servicial con tus compañeros. En lugar de verlos como competidores, los ves como miembros de un mismo equipo y vas a intentar ayudarles siempre que puedas. Ellos saben que pueden acudir a ti siempre que necesiten un consejo y que lo harás sincera y gratamente.

Tu actitud fluye con tu vida personal. Las personas que disfrutan de sus puestos de trabajo son más propensas a tener una vida plena fuera del trabajo. Ya sea en tu familia, en tus amigos, en tus viajes o en la práctica de tu deporte favorito, tu positividad inspira a los que te rodean y crea vínculos más fuertes.

 Y tú, ¿Estás en el trabajo apropiado?

 

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