Quienes tienen una hipoteca variable no pueden bajar la guardia en este tramo final del año. El euríbor a doce meses, que dicta cuánto pagas cada mes por tu préstamo bancario, se ha instalado cómodamente alrededor del 2,80%. Este porcentaje confirma un parón en seco si miramos los datos del mes de mayo, rompiendo de momento la racha alcista que arrastrábamos.

Después de encadenar varias subidas consecutivas, los pronósticos más pesimistas colocaban al indicador rozando el 3%. Visto así, el respiro de junio alivia un poco la presión, pero conviene no confiarse. Los mercados financieros funcionan por expectativas. El índice hipotecario ya había asimilado y descontado los movimientos previos porque el Banco Central Europeo llevaba semanas telegrafiando sus intenciones sobre la política monetaria.

Hacer predicciones fiables a estas alturas del año es un terreno pantanoso. El indicador arrancó el ejercicio con una clara tendencia al alza que se aceleró especialmente durante el mes de marzo. En junio esa escalada perdió fuerza hasta encontrar una meseta, lo que abre el gran dilema actual: saber si el índice ha tocado techo definitivamente o si los próximos meses traerán jornadas de descensos continuados.

La clave para entender los próximos meses está en el día a día. La evolución de las tasas diarias marca el camino a medio plazo y todo apunta a que viviremos una época de inestabilidad, aunque con el indicador encajonado en un rango predecible entre el 2,6% y el 2,9%. Esta tónica se mantendrá como mínimo hasta la próxima reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, fijada para el 23 de julio, donde se decidirá el rumbo del dinero en la eurozona.

Sin embargo, que el indicador se estabilice ahora no borra el golpe para el bolsillo. Los hipotecados que revisen su contrato anualmente van a sufrir una subida notable en su cuota mensual. La explicación es pura matemática comparativa: hace justo un año, el euríbor cotizaba al 2%, marcando el suelo de los últimos cuatro años.

La diferencia interanual se traduce en que el índice cierra el mes casi ocho décimas por encima del nivel de hace doce meses. El verdadero peligro para las economías domésticas no es solo el porcentaje actual, sino el cambio de tendencia en el mercado. Cuando la dirección de los tipos gira de forma imprevista, las familias con préstamos variables sufren el impacto directo en sus cuentas corrientes casi sin margen de maniobra para reestructurar sus deudas.

El horizonte de la segunda mitad del año depende de factores que van mucho más allá de las oficinas de Fráncfort. Los análisis macroeconómicos sugieren que el indicador podría despedir el año rondando el 2,70%, pero esta previsión está sujeta a la geopolítica y al precio de la energía. Si los acuerdos internacionales en Oriente Próximo se mantienen estables, la inflación dará un respiro, el banco central frenará las subidas y el mercado respirará. Si el conflicto en la región se recrudece, el precio del crudo repuntará, forzando un encarecimiento del dinero tras el verano y empujando el índice al alza.

A pesar de la incertidumbre, conviene poner las cifras en perspectiva histórica para evitar el alarmismo. El escenario actual queda muy lejos de la barrera del 4% que se llegó a rozar hace unos años, y a una distancia abismal del récord histórico cercano al 5,5% que asfixió a España en la crisis financiera de 2008. El dinero ya no es gratis, pero tampoco estamos en niveles de emergencia. Para aquellos perfiles atrapados en la volatilidad de la revisión mensual o anual que busquen tranquilidad a largo plazo, la opción de cambiar a una hipoteca fija o mixta sigue sobre la mesa. Aunque los bancos empiezan a encarecer estos productos comerciales, todavía es posible encontrar ofertas competitivas por debajo del 2,20%.