Más de 25.000 reclamaciones por publicidad engañosa o prácticas comerciales desleales se registraron en España durante 2024, según los datos de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) y las Oficinas Municipales de Información al Consumidor (OMIC). El dato no es nuevo, pero sí es revelador: año tras año, los mismos sectores acumulan las quejas, los mismos patrones se repiten y los consumidores siguen cayendo en los mismos anzuelos. La cuestión no es si la publicidad engañosa existe, sino en qué industrias se ha convertido casi en una práctica estructural.

Lo que hace especialmente llamativo este fenómeno es que no hablamos de pequeñas irregularidades. La Ley de Competencia Desleal y la Ley General de Publicidad prohíben expresamente los mensajes que induzcan a error sobre las características, el precio o la disponibilidad de un producto o servicio, y aun así las denuncias no paran de crecer. Según el informe anual de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) de 2024, las sanciones por comunicaciones comerciales engañosas aumentaron un 18% respecto al año anterior. El problema no es que la ley no exista: es que para muchas empresas el beneficio de engañar sigue superando el coste de cumplir.

«La publicidad engañosa no es solo un problema de consumo: es una distorsión del mercado que penaliza a las empresas honestas y erosiona la confianza del consumidor en sectores enteros», señala la CNMC en su informe de supervisión de mercados 2024.

Metodología: Cómo se ha elaborado este ranking

Este ranking se ha construido a partir de varias fuentes oficiales y complementarias. La principal es el sistema de reclamaciones de las OMIC, que agrega datos de los 52 municipios con mayor volumen de denuncias en España. Se han utilizado también los informes de la CNMC sobre prácticas comerciales desleales, los datos del Sistema Arbitral de Consumo del Ministerio de Derechos Sociales y Consumo, y los registros públicos de sanciones de la Dirección General de Consumo de varias comunidades autónomas, especialmente Madrid, Cataluña y Andalucía, que concentran el mayor volumen de expedientes. Los datos corresponden principalmente al período 2023-2024, con referencias a tendencias de años anteriores cuando aportan contexto relevante. El indicador principal es el volumen de denuncias formales por sector, no el número de sanciones firmes, lo que significa que incluye casos en distintas fases del proceso administrativo. La correlación entre denuncias y prácticas efectivamente ilegales no es automática: una denuncia no equivale a una condena, pero sí es el mejor termómetro disponible del malestar del consumidor y de los sectores donde las prácticas más cuestionables son más frecuentes.

El ranking: Los 15 sectores que más denuncias acumulan por publicidad engañosa

El primer puesto no sorprende a nadie que haya intentado cancelar una suscripción de fibra óptica en los últimos años. Las telecomunicaciones lideran con claridad el volumen de denuncias por publicidad engañosa en España, acumulando en torno al 22% del total de reclamaciones en esta categoría según los datos de la OMIC. Los motivos son recurrentes: promociones con descuentos que no se aplican correctamente, velocidades de conexión anunciadas que no se corresponden con las reales y permanencias que no quedan suficientemente claras en la comunicación comercial. La CNMC ha sancionado en múltiples ocasiones a los principales operadores por estas prácticas, aunque las multas raramente han funcionado como disuasor efectivo dado el volumen de ingresos que generan.

En segundo lugar aparece el sector de la energía, con un perfil de denuncias que se disparó especialmente a partir de 2021 con la crisis del precio de la electricidad. Las comercializadoras de luz y gas han protagonizado algunas de las sanciones más relevantes de los últimos años por anunciar tarifas fijas que luego incorporaban cargos variables no especificados, o por comparativas con la tarifa regulada (PVPC) que resultaban engañosas al no incluir todos los conceptos de la factura. Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica, el volumen de reclamaciones en este sector se triplicó entre 2020 y 2023 y, aunque en 2024 se ha moderado ligeramente, sigue siendo el segundo sector con más quejas por comunicación comercial desleal.

El tercer puesto corresponde a los servicios financieros y bancarios, un sector especialmente sensible dado que las consecuencias económicas de ser engañado pueden ser muy significativas. Las denuncias se concentran en productos de inversión presentados con rentabilidades garantizadas que no lo eran, hipotecas con condiciones anunciadas de forma parcial y seguros vinculados a créditos cuya obligatoriedad se presentaba de forma confusa. El Banco de España recibió más de 32.000 reclamaciones en 2024, una parte relevante de las cuales tenía componentes de información engañosa en la fase de comercialización.

El cuarto lugar lo ocupa el sector de viajes y turismo, donde la proliferación de plataformas digitales ha multiplicado los vectores de engaño. Las denuncias más comunes incluyen fotografías de alojamientos que no se corresponden con la realidad, precios anunciados sin tasas obligatorias y políticas de cancelación que no quedaban claras en la comunicación inicial. Según la OCU, las reclamaciones contra plataformas de reservas online aumentaron un 31% en 2024, con especial incidencia en los períodos de alta demanda vacacional.

En quinta posición encontramos el sector de la alimentación y bebidas, donde el marketing nutricional se ha convertido en un campo de batalla regulatorio. Los términos «natural», «sin azúcares añadidos», «light» o «bio» aparecen en productos cuya composición real dista mucho de lo que esas etiquetas sugieren al consumidor medio. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha abierto expedientes a decenas de marcas por declaraciones nutricionales o de propiedades saludables que no cumplen con el Reglamento Europeo 1924/2006. Es uno de los sectores donde la distancia entre lo que dice el envase y lo que contiene el producto puede ser mayor.

El sexto sector es el de cosmética y cuidado personal, donde las promesas de resultados milagrosos siguen siendo moneda corriente a pesar de la regulación. Cremas antienvejecimiento que prometen reducir arrugas en porcentajes concretos, productos capilares que garantizan resultados sin ningún estudio clínico que los avale, suplementos de belleza presentados como tratamientos médicos: las denuncias se concentran especialmente en publicidad digital y marketing de influencers, un canal donde la supervisión regulatoria llega con retraso respecto a la velocidad de difusión de los mensajes.

En séptima posición aparece el sector del comercio electrónico generalista, donde las denuncias se centran en precios tachados que nunca existieron como referencia real, descuentos del «70%» calculados sobre precios inflados artificialmente y comparativas con competidores que resultan falsas o desactualizadas. La CNMC ha intensificado la vigilancia sobre estas prácticas, especialmente durante períodos como el Black Friday o las rebajas de enero, cuando el volumen de transacciones amplifica el impacto de cualquier irregularidad.

El octavo lugar corresponde al sector inmobiliario, con un perfil de denuncias que ha crecido de forma constante al calor del boom del mercado de vivienda. Las quejas más habituales incluyen anuncios con precios que no reflejan el coste real de la operación (sin incluir gastos, comisiones o impuestos), descripciones de superficies que no se corresponden con la realidad y fotografías tomadas con objetivos gran angular que distorsionan la percepción del espacio. En un mercado donde el precio medio de la vivienda en grandes ciudades supera los 3.000 euros por metro cuadrado, incluso pequeñas inexactitudes tienen consecuencias económicas relevantes.

La novena posición la ocupa el sector de la salud y medicina estética, donde la publicidad engañosa puede tener consecuencias que van más allá de lo económico. Las clínicas de medicina estética, los centros de adelgazamiento y los distribuidores de suplementos dietéticos acumulan denuncias por prometer resultados no avalados científicamente, usar testimonios de pacientes de forma engañosa o presentar tratamientos experimentales como soluciones consolidadas. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha intensificado la vigilancia sobre este sector, pero el volumen de actores y la velocidad del marketing digital dificultan la supervisión efectiva.

En décima posición encontramos el sector de la automoción, donde las denuncias se han concentrado especialmente en la publicidad de vehículos eléctricos e híbridos. Las autonomías reales anunciadas suelen corresponder a condiciones de laboratorio que difieren significativamente del uso cotidiano, y las ayudas y subvenciones se presentan en ocasiones como descuentos directos cuando están sujetas a condiciones de acceso que no siempre se explicitan. Varias marcas han recibido advertencias de la CNMC por este tipo de comunicaciones en los últimos dos años.

El undécimo sector es el de las academias y formación online, un mercado que creció exponencialmente durante la pandemia y que arrastra desde entonces un volumen creciente de reclamaciones. Los cursos que prometen salarios concretos tras su finalización, los másteres que garantizan inserción laboral sin base real para hacerlo y las plataformas que anuncian certificaciones con valor oficial cuando no lo tienen concentran algunas de las denuncias más graves por impacto económico individual, dado que el precio de estos productos puede superar varios miles de euros.

En duodécima posición aparece el sector de las apuestas y juego online, donde la publicidad engañosa adopta formas especialmente sofisticadas. Las bonificaciones de bienvenida anunciadas con grandes cifras incluyen condiciones de rollover que las hacen prácticamente inalcanzables para el usuario medio, y las probabilidades de ganar se presentan de forma que sobreestima las posibilidades reales. La Dirección General de Ordenación del Juego ha sancionado a varios operadores por estas prácticas y la nueva regulación de publicidad del juego, más restrictiva desde 2021, ha reducido la exposición, pero no ha eliminado las prácticas engañosas en los canales que escapan a la supervisión tradicional.

El decimotercer puesto corresponde al sector de los seguros, donde la complejidad técnica de los productos facilita la comunicación engañosa. Las pólizas de salud que anuncian cobertura total sin detallar las exclusiones, los seguros de hogar con coberturas que resultan inaplicables en los casos más frecuentes y los seguros de vida vinculados a hipotecas presentados como obligatorios cuando no lo son: las denuncias en este sector se caracterizan por la dificultad del consumidor para detectar el engaño hasta el momento en que necesita usar el producto.

En decimocuarta posición encontramos el sector de la telefonía móvil de segunda mano y electrónica reacondicionada, un mercado en auge que ha traído consigo un volumen creciente de irregularidades. Los dispositivos anunciados como «reacondicionados certificados» sin que exista ninguna certificación real, las garantías anunciadas que luego resultan de difícil ejercicio y los estados de conservación descritos con categorías que no corresponden al estado real del producto son las quejas más habituales. Según los últimos datos disponibles de las OMIC, este sector ha multiplicado por cuatro su volumen de reclamaciones entre 2020 y 2024.

Cierra el ranking, en decimoquinta posición, el sector de los gimnasios y centros deportivos, donde las promociones de captación de nuevos socios concentran la mayor parte de las denuncias. Las cuotas de lanzamiento que se convierten en permanencias no anunciadas con claridad, los contratos anuales presentados como mensualidades sin compromiso y los servicios adicionales incluidos en el precio de portada que luego tienen coste extra son los patrones más recurrentes. Un sector que mueve más de 2.500 millones de euros anuales en España y que sigue sin resolver sus problemas de transparencia contractual y publicitaria.

Qué tienen en común los sectores que más engañan: Patrones estructurales

Si observas el ranking con perspectiva, emergen con claridad varios patrones que van más allá de la anécdota sectorial. El primero es la asimetría de información: en casi todos los sectores que encabezan la lista, el consumidor no puede verificar de forma independiente las afirmaciones del anunciante antes de comprar. No puedes comprobar la velocidad real de tu fibra antes de contratar, ni saber si la crema antiarrugas funciona antes de usarla durante semanas, ni verificar si el piso tiene los metros que anuncia el portal antes de visitarlo. Esta asimetría crea un entorno donde el engaño tiene bajo coste de detección inmediata, lo que lo hace estructuralmente tentador para quien prioriza la captación sobre la fidelización.

El segundo patrón es la digitalización acelerada sin regulación equivalente. Los sectores con mayor crecimiento de denuncias en los últimos cuatro años, como el comercio electrónico, la formación online o los servicios de juego, son precisamente aquellos donde el canal digital ha crecido más rápido que la capacidad supervisora de las autoridades. La publicidad programática, el marketing de influencers y los algoritmos de personalización permiten llegar a millones de consumidores con mensajes altamente segmentados que escapan a los mecanismos de control tradicionales, diseñados para un entorno publicitario de medios masivos. La CNMC y la AECOSAN han reconocido públicamente esta brecha, aunque los recursos destinados a la supervisión digital siguen siendo insuficientes respecto al volumen del problema.

El tercer patrón estructural es quizás el más incómodo: el modelo de negocio de muchos de estos sectores depende, al menos parcialmente, de la opacidad. Las telecomunicaciones, la energía y los seguros son sectores donde la complejidad tarifaria no es accidental: cuanto más difícil resulta comparar ofertas, menos sensible es el consumidor al precio real y más margen tiene la empresa para captar clientes con precios de entrada atractivos que luego se ajustan al alza. Esto no significa que todas las empresas del sector actúen de mala fe, pero sí que el incentivo estructural apunta en una dirección que favorece la comunicación parcial o ambigua sobre la transparencia total.

Lo que puedes hacer tú como consumidor (y lo que debería hacer el regulador)

El consumidor tiene más herramientas de las que habitualmente usa. Denunciar ante la OMIC de tu municipio es gratuito, relativamente sencillo y tiene un impacto real: las OMIC trasladan las reclamaciones a las empresas y, si no se resuelven, pueden derivarse al Sistema Arbitral de Consumo, que resuelve conflictos sin necesidad de acudir a los tribunales. Además, la CNMC dispone de un formulario de denuncia online para prácticas comerciales desleales que cualquier ciudadano puede usar. Guardar capturas de pantalla de los anuncios en el momento de la compra, conservar los contratos y documentar cualquier discrepancia entre lo prometido y lo recibido son pasos básicos que marcan la diferencia en caso de reclamación. En un entorno donde la publicidad engañosa sigue siendo rentable para quien la practica, la presión del consumidor informado y organizado sigue siendo el contrapeso más efectivo.

Lo que dibuja este ranking no es un problema puntual ni un puñado de empresas sin escrúpulos: es el retrato de sectores enteros donde las prácticas de comunicación comercial se han alejado sistemáticamente de lo que la ley exige y el consumidor merece. La tendencia regulatoria europea, con la Directiva Omnibus ya transpuesta al ordenamiento español y las nuevas normas sobre transparencia en publicidad digital en tramitación, apunta hacia un endurecimiento de las condiciones. Pero entre la norma y su aplicación efectiva siempre hay una distancia que, en España, tiende a medirse en años. Mientras tanto, saber en qué sectores el engaño es más probable sigue siendo la mejor forma de no caer en él. Si has tenido alguna experiencia con publicidad engañosa en alguno de estos sectores, cuéntanoslo en los comentarios.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas denuncias por publicidad engañosa se registraron en España en 2024?

En 2024 se registraron más de 25.000 reclamaciones por publicidad engañosa o prácticas comerciales desleales en España, según datos de AECOSAN y las OMIC. Además, las sanciones por comunicaciones comerciales engañosas aumentaron un 18% respecto al año anterior, según la CNMC.

¿Qué sector tiene más denuncias por publicidad engañosa en España?

Las telecomunicaciones lideran el ranking con aproximadamente el 22% del total de reclamaciones por publicidad engañosa. Los motivos más frecuentes son promociones con descuentos que no se aplican, velocidades de internet que no coinciden con las anunciadas y permanencias poco claras.

¿Es ilegal la publicidad engañosa en España?

Sí, está expresamente prohibida por la Ley de Competencia Desleal y la Ley General de Publicidad. Estas leyes prohíben mensajes que induzcan a error sobre características, precio o disponibilidad de un producto o servicio.

¿Cuándo empezaron a dispararse las denuncias contra las comercializadoras de energía?

Las denuncias contra el sector energético se dispararon especialmente a partir de 2021, coincidiendo con la crisis del precio de la electricidad. Las comercializadoras fueron denunciadas principalmente por anunciar tarifas fijas que luego incluían cargos variables no especificados.

¿Dónde puedo denunciar publicidad engañosa en España?

Puedes presentar una reclamación formal en las Oficinas Municipales de Información al Consumidor (OMIC) de tu municipio o a través del Sistema Arbitral de Consumo del Ministerio de Derechos Sociales y Consumo. También puedes acudir a la Dirección General de Consumo de tu comunidad autónoma.

¿Las multas por publicidad engañosa son efectivas para frenar estas prácticas?

Según el artículo, las multas raramente funcionan como disuasor efectivo, ya que para muchas empresas el beneficio de engañar sigue superando el coste de cumplir la ley. La CNMC ha sancionado en múltiples ocasiones a grandes operadores, pero las denuncias continúan creciendo año tras año.