Las grandes tecnológicas siguen despidiendo a miles de personas y la excusa habitual es que la inteligencia artificial ya está lista para tomar el relevo. Microsoft, por ejemplo, acaba de proponer el primer plan de bajas voluntarias de su historia a unos 8.750 empleados en Estados Unidos. Necesitan recortar el gasto en nóminas para compensar la barbaridad de dinero que están metiendo en servidores y centros de datos. Meta y el resto de gigantes llevan meses con la misma racha de recortes.

Pero si rascas un poco ves que las cuentas no terminan de cuadrar, porque ahora mismo la inteligencia artificial no ahorra costes laborales. De hecho, sale bastante más cara que mantener a la plantilla.

Bryan Catanzaro, que es vicepresidente de deep learning en Nvidia, lo reconoció sin rodeos esta misma semana al afirmar que para su equipo la factura de computación ya supera de largo lo que gastan en los empleados. Y no es un caso aislado. En Uber les ha pasado algo parecido pero a lo bestia. Su CTO, Praveen Neppalli Naga, acaba de admitir que se han pulido todo el presupuesto anual de IA de 2026 en solo cuatro meses. Empezaron a usar herramientas de programación basadas en IA que cobran por token y el gasto se les ha ido completamente de las manos.

El MIT ya avisó de este problema en un estudio de 2024. Tras analizar qué hace falta para automatizar tareas al nivel de una persona, los investigadores vieron que la IA solo sale rentable en el 23% de los trabajos visuales. En el 77% de los casos sale mucho más barato que el trabajo lo siga haciendo un ser humano de carne y hueso. A eso hay que sumarle los fallos técnicos constantes, como los de aquel ingeniero que explicaba cómo un agente autónomo pasado de rosca le destrozó toda la base de datos por un pico de uso imprevisto.

Sin embargo las empresas tecnológicas siguen a lo suyo. Solo en estos primeros meses de 2026 ya han echado a más de 92.000 personas en el sector. Morgan Stanley calcula que este año el gasto en infraestructura de IA va a dispararse un 69% respecto a 2025 y rozará los 740.000 millones de dólares.

El contraste entre lo que cuestan las máquinas y lo que cuesta la gente deja las cosas bastante claras. No te están despidiendo porque una inteligencia artificial pueda hacer tu trabajo más rápido y más barato. Te despiden porque necesitan tu sueldo para pagar la factura de la luz y los tokens que consume esa máquina.