La AIE pide más teletrabajo, menos avión y reducir la velocidad en autopistas para frenar el consumo de petróleo

La Agencia Internacional de la Energía presenta un decálogo de medidas de emergencia dirigido a gobiernos, empresas y hogares para recortar la demanda de crudo entre 4 y 6 millones de barriles diarios. La guerra en Irán ha provocado, según la propia agencia, «la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero mundial».

Después de coordinar la mayor liberación de reservas estratégicas de petróleo de su historia —426 millones de barriles puestos a disposición del mercado por sus 32 países miembros—, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha dado un paso más y ha puesto sobre la mesa algo que hasta ahora nadie se atrevía a pedir abiertamente: que gobiernos, empresas y ciudadanos cambien sus hábitos de consumo para reducir la demanda de crudo de forma inmediata.

El mensaje de fondo es claro y preocupante: liberar reservas no basta. Las medidas por el lado de la oferta, por sí solas, no pueden compensar la magnitud de lo que está ocurriendo en el estrecho de Ormuz.

La mayor interrupción de suministro de la historia

Para entender la urgencia del planteamiento de la AIE hay que dimensionar el problema. Por el estrecho de Ormuz transitaban cada día unos 20 millones de barriles de crudo y productos derivados, lo que equivale aproximadamente al 20% del consumo mundial de petróleo. Desde que Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero, esos flujos se han reducido a menos del 10% de los volúmenes previos al conflicto. Según la AIE, unos 350 petroleros permanecen inmovilizados en la zona, y la Guardia Revolucionaria iraní ha dejado claro que considera objetivo legítimo a cualquier buque que intente cruzar.

El resultado es el que todos estamos viendo: el petróleo Brent ha superado los 119 dólares el barril en los peores momentos de la semana, frente a los 72 dólares que costaba antes del conflicto. El gas natural TTF europeo se ha disparado por encima de los 51 euros el megavatio hora. Y la gasolina ya ha alcanzado los 2 euros por litro en gasolineras españolas.

Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos están redirigiendo parte de su producción a través de oleoductos y puertos fuera del Golfo Pérsico —Yanbu en el mar Rojo y Fujairah en el golfo de Omán—, pero como señala la consultora Kpler, las exportaciones efectivas de Oriente Medio siguen representando apenas un tercio de su nivel normal. Y los ataques iraníes con drones a infraestructuras como la refinería saudí de Samref en Yanbu demuestran que ni siquiera las rutas alternativas están a salvo.

Las diez medidas de la AIE

En este contexto, la AIE ha publicado un decálogo de medidas centrado principalmente en el transporte por carretera, que representa alrededor del 45% de la demanda mundial de petróleo. Según sus cálculos, la adopción generalizada de estas medidas podría ahorrar entre 4 y 6 millones de barriles diarios. No compensaría todo lo que ha dejado de fluir por Ormuz, pero sí aliviaría considerablemente la presión sobre los precios.

Las medidas son las siguientes:

1. Más teletrabajo. Tres días adicionales de trabajo en remoto, cuando sea factible, podrían reducir el consumo de petróleo de los automóviles entre un 2% y un 6% a nivel nacional, con ahorros individuales de hasta el 20% para cada conductor que deje el coche en casa.

2. Reducir los límites de velocidad en autopistas. Bajar al menos 10 km/h el límite de velocidad permitiría recortar entre un 5% y un 10% el consumo de carburante por vehículo. Es una de las medidas con mayor impacto inmediato y más sencilla de implementar.

3. Fomentar el transporte público. La AIE plantea incluso la gratuidad del transporte público como herramienta para desincentivar el uso del vehículo privado. El ahorro estimado: entre un 1% y un 3% de la demanda nacional de petróleo.

4. Restringir el acceso de coches a las grandes ciudades. Alternar el uso de vehículos privados por días —pares e impares, por ejemplo— podría reducir la congestión y el consumo de combustible entre un 1% y un 5%.

5. Fomentar el coche compartido. Compartir trayectos y adoptar prácticas de conducción eficiente supondría un ahorro de entre el 5% y el 8%.

6. Conducción eficiente en vehículos comerciales. Optimizar rutas y hábitos de conducción en flotas de reparto y transporte de mercancías para reducir el consumo de diésel.

7. Reducir los vuelos, especialmente los de negocios. Evitar los viajes en avión cuando existan alternativas viables podría ahorrar entre un 7% y un 15% del queroseno consumido. La AIE habla de reducir un 40% los vuelos de negocios.

8. Desviar el GLP del transporte. Preservar el gas licuado de petróleo para usos esenciales como cocina y calefacción, en lugar de destinarlo al transporte.

9. Apostar por la cocina eléctrica. Donde sea posible, sustituir la cocina de GLP por alternativas eléctricas para reducir la dependencia de los combustibles fósiles en el hogar.

10. Flexibilidad en materias primas petroquímicas. Aprovechar la capacidad de sustitución entre materias primas en la industria petroquímica e implementar medidas de eficiencia a corto plazo.

Los gobiernos deben dar ejemplo

La AIE no se limita a lanzar recomendaciones al aire. Pide explícitamente que los gobiernos den ejemplo con medidas en el sector público, acciones regulatorias e incentivos específicos. Insiste en que el apoyo a los consumidores debe ser oportuno y centrarse en quienes más lo necesitan, recordando que la experiencia de crisis anteriores demuestra que los mecanismos bien enfocados son más eficaces y fiscalmente sostenibles que los subsidios generalizados.

Es un aviso para navegantes. En 2022, cuando la invasión de Ucrania disparó los precios de la energía, varios gobiernos europeos recurrieron a subvenciones masivas al combustible que costaron decenas de miles de millones y beneficiaron proporcionalmente más a quienes más consumían. La AIE parece querer evitar que se repita ese error.

España ya ha movido ficha (pero queda mucho)

El Gobierno español aprobó esta semana la liberación de hasta 11,5 millones de barriles de sus reservas estratégicas, lo que supone el 2,9% de la contribución total de los países de la AIE. La liberación se realizará en fases: la primera, inmediata, equivale a cuatro días de consumo nacional y se pondrá en el mercado en 15 días.

La vicepresidenta tercera, Sara Aagesen, ha trasladado un mensaje de calma señalando que la exposición directa de España a los suministros que pasan por Ormuz es limitada y que el país cuenta con un sistema energético diversificado, con siete plantas de gasificación y un 57% de renovables en el mix eléctrico. Según Aagesen, los precios de la electricidad en España han sido un 45% inferiores a los de muchos países europeos en las últimas dos semanas.

Pero una cosa es la electricidad y otra muy distinta el petróleo. Los precios del crudo son un 60% más altos que antes de la guerra y los del gas un 54%. Y el decálogo de la AIE deja claro que liberar reservas, por mucho que sea la mayor operación de la historia, no resuelve el problema si el conflicto se prolonga.

El elefante en la habitación

La propia AIE lo reconoce al final de su informe: la medida más importante para estabilizar los mercados no está en ningún decálogo de ahorro energético. Es restablecer el tránsito por el estrecho de Ormuz. Todo lo demás son parches, más o menos eficaces, para ganar tiempo.

El analista Johannes Rauball, de la firma Kpler, advierte de que si Ormuz permanece cerrado otros dos meses, los riesgos para el suministro aumentarán de forma acusada y las refinerías europeas podrían verse obligadas a recortar su actividad porque las materias primas se volverían prohibitivamente caras.

Goldman Sachs, por su parte, ya contempla que los precios se mantengan por encima de los 100 dólares hasta 2027 si las interrupciones se prolongan.

Mientras tanto, los ciudadanos europeos —y especialmente los españoles, que ya pagan la gasolina a 2 euros— se enfrentan a una realidad incómoda: la solución a esta crisis no depende de que trabajemos más desde casa o bajemos la velocidad en la autopista, sino de que alguien logre parar una guerra.