Según los últimos datos publicados por la Agencia Tributaria, en 2023 había 865 contribuyentes en España que declararon un patrimonio superior a 30 millones de euros, frente a los 471 que lo hicieron en 2013. Es decir, en apenas una década, el número de grandes fortunas se ha multiplicado casi por dos.

Este crecimiento no ha sido lineal, pero sí constante. Desde que en 2011 se reactivó el Impuesto sobre el Patrimonio, con carácter temporal inicialmente, la cifra de los muy ricos no ha dejado de aumentar, salvo por algún pequeño retroceso puntual como el de 2018. En 2019 el número volvió a crecer con fuerza, superando los 700 declarantes, y ha seguido esa senda hasta hoy.


¿Cuántos pagan realmente el Impuesto de Patrimonio?

En 2023, 228.575 personas estaban obligadas a declarar el Impuesto de Patrimonio, aunque solo 192.291 acabaron pagando efectivamente. ¿Por qué esta diferencia? Muchas fortunas se benefician de bonificaciones o exenciones, especialmente en comunidades como Madrid o Andalucía, que tradicionalmente han aplicado descuentos del 100% en este tributo.

El patrimonio total declarado ascendió a 934.020 millones de euros, lo que deja una media por contribuyente de más de 4 millones de euros, un 8,9% más que en 2022. Pero el dato más impactante es otro: la recaudación total subió un 57,7% en solo un año, pasando de 1.250 millones en 2022 a casi 2.000 millones en 2023.


El nuevo impuesto a las grandes fortunas: un giro en la estrategia fiscal

Uno de los grandes cambios en el mapa fiscal español llegó en 2023 con la creación del Impuesto Temporal de Solidaridad de las Grandes Fortunas, un tributo estatal pensado para gravar patrimonios superiores a 3 millones de euros. Su propósito era claro: evitar que las bonificaciones autonómicas del Impuesto de Patrimonio dejaran fuera del sistema a las grandes fortunas.

Este movimiento generó un efecto dominó. Al ver que el nuevo impuesto estatal sustituía al autonómico en caso de no haber tributación regional, comunidades como Madrid o Andalucía decidieron reactivar su propio Impuesto de Patrimonio. Así, por ejemplo, Madrid pasó de recaudar 0 euros en 2022 a ingresar 614 millones en 2023, mientras que Andalucía recaudó 20,8 millones, también partiendo de cero.


Una riqueza cada vez más concentrada

Más allá de los números, el crecimiento de los grandes patrimonios pone de relieve una tendencia clara: la concentración de la riqueza. Mientras el ciudadano medio lidia con la inflación, la vivienda inaccesible y la precariedad, una élite económica cada vez más reducida acumula fortunas multimillonarias. Esta evolución no es exclusiva de España, pero aquí tiene su propio matiz: la fiscalidad autonómica, con diferencias notables entre regiones, ha provocado desigualdades en la presión fiscal sobre el patrimonio.

Además, el auge de los grandes patrimonios plantea preguntas sobre el papel de la fiscalidad en la redistribución de la riqueza. ¿Es efectivo el actual modelo? ¿Se están tomando medidas suficientes para evitar la elusión? ¿Debe revisarse la fiscalidad del ahorro y del capital frente al trabajo?