El guion previsto para la próxima reunión del Banco Central Europeo ha dado un vuelco para los hipotecados. Si hace semanas la mayoría asumía un nuevo recorte de tipos para septiembre, ahora los inversores apuestan por una pausa. Las expectativas han cambiado con rapidez, y las probabilidades que se asignan a una bajada de tipos se han desplomado.

El mensaje lanzado por Fráncfort en julio ha tenido efecto. La política monetaria se considera ya suficientemente restrictiva, y con la inflación en torno al 2 % hay poco margen para precipitarse. Los miembros del BCE han dejado claro que se moverán solo si los datos lo justifican, y por ahora no ven razones urgentes.

El fortalecimiento del euro en las últimas semanas también influye. Una moneda más fuerte reduce el coste de las importaciones, lo que ayuda a contener los precios. Eso suaviza las presiones para que el BCE tenga que actuar con rapidez, sobre todo si los precios de la energía siguen en niveles bajos.

Este cambio de expectativas ya tiene consecuencias visibles. El euríbor, que llevaba semanas estabilizado en el entorno del 2 %, ha repuntado hasta superar el 2,15 %. Un pequeño ajuste que, si se mantiene, puede encarecer las cuotas de quienes tengan revisión hipotecaria en otoño.

En paralelo, los datos de actividad en la eurozona apuntan a un crecimiento algo superior al previsto, en torno al 1 %. No es un ritmo elevado, pero suficiente para sostener el empleo y reducir el riesgo de recesión. La inflación de los servicios se ha moderado, aunque los precios de alimentos, alcohol y tabaco han vuelto a repuntar ligeramente, algo que el BCE sigue con atención.

El mercado laboral sigue siendo sólido, pero los salarios crecen a un ritmo más contenido. Eso reduce la presión para subir precios en muchos sectores. Las empresas tienen menos margen para repercutir costes, lo que puede ayudar a que la inflación siga bajando durante los próximos meses.

Con este panorama, todo apunta a que el BCE esperará al menos hasta octubre para decidir su próximo movimiento. El recorte de tipos no está descartado, pero ya nadie lo da por hecho. Y mientras tanto, el euríbor se sitúa de nuevo en niveles que no se veían desde principios de año.