Quien busque hoy un piso de alquiler en España se enfrenta a una barrera cada vez más alta. Según los últimos datos de Fotocasa, el precio medio mensual se ha situado en 1.146 euros para una vivienda de 80 metros cuadrados, lo que representa un incremento del 14,9% respecto al año pasado y del 3,2% solo en el último mes. En términos absolutos, son casi 150 euros más que en mayo de 2024. Para cualquier inquilino, este salto mensual empieza a ser inasumible.

El precio por metro cuadrado ha pasado de 12,48 euros a 14,33 euros en solo un año. Un encarecimiento que, lejos de ser coyuntural, encadena tres ejercicios consecutivos de subidas. No se trata de un repunte puntual, sino de una escalada sostenida que está dejando fuera del mercado a una buena parte de la demanda. Especialmente a los jóvenes, cuyo acceso a la compra sigue muy limitado por los tipos de interés y el endurecimiento de las condiciones hipotecarias.

María Matos, directora de Estudios de Fotocasa, lo resume con claridad: el parque de alquiler se está reduciendo, muchos propietarios sacan sus inmuebles del mercado tradicional y los destinan a la venta o al alquiler turístico. Menos oferta, más presión sobre los precios. Y la vivienda se convierte, de nuevo, en un bien de lujo para una parte creciente de la población.

El desequilibrio es territorial. Madrid y Cataluña encabezan la tabla de precios con más de 21 euros por metro cuadrado al mes. Les siguen Baleares, País Vasco y Canarias, todas por encima de los 15 euros. Pero lo que llama la atención es la velocidad con la que crecen otras regiones hasta hace poco más asequibles. En Castilla-La Mancha, por ejemplo, el alquiler subió un 14,1% en un año. En Aragón, un 13,1%. Incluso en la Región de Murcia, los precios se elevaron un 11%.

A nivel provincial, el caso más llamativo es Zamora, con una subida del 29,8% interanual. También destacan Palencia, Huesca, Lugo, Lleida o Teruel, con alzas superiores al 18%. Ciudades pequeñas, tradicionalmente baratas, que ven cómo el alquiler se encarece a ritmos similares o incluso superiores a los de Barcelona o Madrid. Este fenómeno apunta a un trasvase de demanda hacia zonas intermedias, pero también a un efecto contagio del alza generalizada.

En las capitales, los precios no dan tregua. En Burgos suben un 20,3%; en Toledo, un 17,8%; en Tarragona, un 16,8%. Madrid y Barcelona se mantienen en la cumbre, con más de 22 euros por metro cuadrado, pero Málaga, Valencia o Girona ya se sitúan claramente por encima de los 16. La lista de ciudades por encima de los 13 euros mensuales por metro cuadrado es cada vez más larga.

Todo esto sucede en un contexto en el que los tipos de interés del BCE se mantienen altos —a pesar del primer recorte de junio— y con el Euríbor aún por encima del 3,6%, lo que limita la salida de muchos inquilinos hacia la compra. Así, el alquiler sigue concentrando una demanda muy tensionada, sin que por ahora haya señales de alivio. La falta de vivienda disponible se convierte en un problema estructural.