El dueño de OnlyFans, Leonid Radvinsky, estaría tanteando el mercado para una posible venta de la plataforma por unos 8.000 millones de dólares, según ha adelantado Bloomberg. La operación, aún en fase inicial, podría marcar un punto de inflexión para una de las empresas más rentables del universo digital reciente. Y aunque su nombre evoca inevitablemente contenidos para adultos, la cifra en juego y sus resultados financieros colocan a OnlyFans como una máquina de generar caja que nada tiene que envidiar a grandes tecnológicas.
Con beneficios de 485,5 millones de dólares en su último año fiscal —cerrado en noviembre de 2023— y un crecimiento del 20% respecto al ejercicio anterior, la plataforma es una rara avis: un negocio digital rentable, sin deuda significativa y con capacidad de repartir dividendos multimillonarios. De hecho, Radvinsky se habría embolsado más de 1.000 millones de dólares en dividendos desde que tomó el control en 2018.
Esa rentabilidad, poco común incluso en el sector tech, es lo que ha despertado el interés de varios inversores. Entre los que ya habrían tanteado una posible compra figura The Forest Road Company, una firma conocida por sus movimientos en el ámbito del entretenimiento y los medios digitales. Pero más allá del morbo que pueda suscitar su contenido, lo que hay detrás es un modelo de negocio basado en la economía de los creadores, que ha crecido al margen de los grandes conglomerados y que ahora busca profesionalizarse.
La intención de diversificar más allá del contenido explícito es parte de esa estrategia. OnlyFans lleva tiempo tratando de atraer a entrenadores personales, músicos o comediantes, en un intento de ampliar su base de usuarios y, sobre todo, suavizar su imagen para hacerla más digerible a posibles inversores institucionales o compradores estratégicos. Esta reconversión recuerda a los movimientos de otras plataformas de origen marginal que, al alcanzar masa crítica, han intentado entrar en la corriente principal.
Desde el punto de vista financiero, la valoración de 8.000 millones de dólares —unas 16 veces su beneficio neto— es elevada, pero no descabellada en un mercado que sigue premiando el crecimiento sostenido y la capacidad de monetización directa, especialmente en un entorno de tipos de interés más estables tras los picos de la política monetaria restrictiva. Para los inversores, no se trata solo del negocio actual, sino de su potencial para escalar hacia otros segmentos del entretenimiento o el contenido bajo suscripción.
El mercado espera ahora saber si Radvinsky está dispuesto a soltar el timón de un negocio que ha convertido en un fenómeno global, o si, como tantas veces, la operación se queda en un globo sonda.