El ajuste de Alcampo llega en un momento en que el comercio minorista español intenta redefinirse frente a unos consumidores más digitales, más exigentes y con un bolsillo tensionado por la inflación acumulada de los últimos años. La cadena de distribución ha anunciado el cierre de hasta 25 supermercados y el despido de 710 empleados, lo que equivale al 3% de su plantilla. Afectará a 152 establecimientos en mayor o menor medida y plantea una reorganización relevante en su red de tiendas.
Esta reestructuración llega apenas un año después de que Alcampo absorbiera 224 supermercados que anteriormente formaban parte de la red de DIA. La operación respondía al objetivo de ganar masa crítica y capilaridad, pero la integración no ha sido sencilla. Según reconoce la propia empresa, parte de esos locales adquiridos no encajan con su modelo operativo, ni por ubicación, ni por tamaño, ni por rentabilidad.
Más allá del reajuste, el movimiento encierra una reflexión mayor: el hipermercado tradicional pierde fuerza frente a formatos más ágiles y urbanos. Alcampo lo admite al anunciar también la reducción de superficie en 15 de sus grandes centros y la renovación de más de 60 tiendas. La apuesta es clara: menor tamaño, más proximidad y una experiencia de compra adaptada al nuevo consumidor.
En paralelo, Alcampo refuerza su presencia en el canal online y su infraestructura logística, a la vez que formaliza contratos de energía verde a largo plazo. En la letra pequeña de esta modernización también se encuentra una optimización de costes que pasa inevitablemente por reducir plantilla.
El mensaje corporativo insiste en que se trata de una “decisión responsable” y que busca preservar la viabilidad del conjunto de la red. Pero para los trabajadores afectados, este es el primer ERE de esta envergadura en la historia de la empresa, y tanto CCOO como otras organizaciones sindicales ya han puesto en marcha los mecanismos de negociación. Los centros implicados están repartidos por toda España, con especial presencia en Madrid, Andalucía, Castilla y León y Galicia.
Esta ofensiva de ajustes no es un caso aislado. Grandes distribuidores como Carrefour o El Corte Inglés han adoptado medidas similares para redefinir su estructura de costes en plena transformación del modelo de negocio. El telón de fondo es una competencia feroz, márgenes estrechos y un cliente que compara precios como nunca. En este punto, la política monetaria también tiene su peso: con los tipos de interés aún en niveles elevados, el consumo no termina de despegar. La presión sobre la demanda se traslada inevitablemente a la cuenta de resultados de las grandes cadenas.
Queda por ver si el rediseño de Alcampo bastará para reposicionarse en este nuevo mapa de la distribución alimentaria, cada vez más polarizado entre lo ultraconveniente y lo ultrabarato. Lo que está claro es que la promesa de “más cercanía al cliente” tendrá un coste directo para cientos de trabajadores y decenas de barrios que verán desaparecer su supermercado de referencia.