Después de dos años en los que la incertidumbre económica y el encarecimiento de los créditos hipotecarios pusieron freno a la compra de vivienda, el arranque de 2025 ha cambiado las tornas. Los datos de compraventas publicados por el INE, correspondientes a febrero, reflejan una recuperación que no se veía desde antes del estallido de la burbuja inmobiliaria: casi 60.000 operaciones, un 13,9% más que hace un año.

Hay quien habla ya de un nuevo ciclo. Y no les falta razón.

El giro del BCE ha abierto la puerta al regreso del comprador

El movimiento más esperado del Banco Central Europeo —la relajación de su política monetaria tras meses de subidas de tipos— ha empezado a notarse en la calle. Aunque los tipos oficiales aún siguen lejos de los niveles prepandemia, la bajada del Euríbor ha sido suficiente para despertar el apetito comprador. Según los principales portales inmobiliarios del país, como Idealista, Fotocasa y Pisos.com, el cambio de tendencia en el crédito está siendo clave para explicar este rebrote de la demanda.

Pero no es el único factor. El ahorro embalsado en muchos hogares durante los años más duros de inflación, junto con la desconfianza hacia otros activos más volátiles, ha reforzado la vivienda como refugio para inversores y particulares.

El contexto internacional —conflictos, tensiones económicas y una inflación todavía presente— está inclinando la balanza hacia lo tangible. Y el ladrillo, como tantas otras veces, vuelve a ganar protagonismo.

El comprador que se quedó esperando en 2022, vuelve con fuerza

En Fotocasa, calculan que hasta un 21% de los compradores actuales son personas que en su momento decidieron no lanzarse por miedo a los tipos altos. En 2022, según sus propios estudios, casi la mitad de los compradores vieron cómo el encarecimiento del crédito les dejaba fuera del mercado. Ahora que las condiciones mejoran, muchos retoman el proceso.

El resultado: un mercado animado por una “demanda embalsada” que no solo busca casa para vivir, sino también para proteger sus ahorros.

La vivienda nueva lidera el repunte, pero la de segunda mano es mayoría

Aunque la construcción no ha conseguido recuperar todavía los niveles previos a la pandemia, la obra nueva ha registrado los mayores incrementos. No obstante, el 77% de las operaciones siguen correspondiendo a viviendas usadas, que suben cerca del 12%.

Así lo apunta Ferran Font, director de Estudios de Pisos.com, quien también advierte que la escasez de suelo y la falta de mano de obra siguen limitando la producción de viviendas nuevas, lo que podría seguir tensionando los precios.

La oferta no crece al ritmo de la demanda

Uno de los grandes problemas del mercado inmobiliario español sigue sin resolverse: hay mucha más gente queriendo comprar que casas disponibles para vender. Aunque parte del stock del alquiler está regresando al mercado de compraventa —según Idealista—, eso no basta para equilibrar la balanza.

La combinación de demanda creciente, oferta escasa y financiación más barata es un cóctel conocido. Y el resultado también lo es: precios al alza.

Fotocasa ya advierte que si esta situación se mantiene, podríamos ver una nueva subida significativa en el precio de la vivienda a lo largo del año. Y lo preocupante es que esta vez no parece haber margen de reacción por el lado de la oferta.

¿Otro 2007 a la vista?

La cifra de febrero no se alcanzaba desde hace 18 años. Y si el ritmo se mantiene, el año podría cerrar con niveles cercanos a los de 2007, cuando el mercado vivió su punto álgido con más de 775.000 transacciones.

Desde el Consejo General de los Colegios de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria recuerdan que la demanda de aquellos años se fue acumulando por condiciones poco accesibles durante 2022 y 2023. Ahora, con un mercado laboral más sólido, hipotecas más llevaderas y una economía que resiste, muchos han decidido que es el momento de lanzarse.

¿Estamos ante un nuevo boom? Es pronto para decirlo. Pero sí parece claro que el mercado inmobiliario ha vuelto a ponerse en marcha. Y lo ha hecho con fuerza.