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Las tensiones entre Estados Unidos y China no solo afectan al comercio global. También están teniendo un impacto directo sobre los mercados financieros, los bancos centrales… y, sorprendentemente, sobre el coste de las hipotecas en España.

La guerra de aranceles impulsada por Donald Trump está generando una desaceleración económica a nivel mundial. Y cuando la economía se enfría, los bancos centrales suelen responder con políticas monetarias más flexibles. Es decir, con bajadas de los tipos de interés para estimular la actividad. Según Ricard Garriga, CEO de Trioteca y cofundador de la Asociación Española de Brókeres Hipotecarios (AEBH), esta dinámica puede traer una buena noticia para millones de hipotecados: “El Euríbor podría continuar su tendencia a la baja”.

El Euríbor —índice de referencia para la mayoría de las hipotecas a tipo variable en España— ya ha comenzado a moderarse, y podría mantenerse en niveles bajos si las expectativas de inflación siguen contenidas. La Reserva Federal de EE.UU. planea hasta tres recortes de tipos este año, mientras que el Banco Central Europeo también se prepara para actuar en su próxima reunión del 16 de abril.

“Si la guerra comercial impacta en el comercio europeo y la inflación se mantiene baja, lo razonable es ver una política monetaria aún más flexible”, explica Garriga. Esto significaría un entorno de financiación más barato, en un momento en que más de 4 millones de familias españolas aún mantienen hipotecas ligadas al Euríbor.

Este contexto puede resultar especialmente favorable para quienes están buscando firmar una hipoteca en estos momentos. “Las condiciones son muy favorables”, señala el experto. No solo por el bajo coste del dinero, sino también porque los bancos están compitiendo ferozmente por captar clientes solventes, lo que se traduce en ofertas agresivas con tipos muy atractivos.

Ahora bien, no todo son buenas noticias. A largo plazo, Garriga lanza un aviso: “Una guerra comercial prolongada puede tener consecuencias negativas para la economía real”, como la pérdida de competitividad de las empresas exportadoras, una menor inversión y un posible aumento del desempleo. Si el entorno se deteriora, incluso aunque el Euríbor baje, muchas familias podrían encontrarse con menores ingresos o más dificultades para acceder a crédito.

Así, el mensaje es claro: sí, los hipotecados podrían beneficiarse a corto plazo de esta coyuntura internacional, pero conviene no perder de vista los posibles riesgos si la incertidumbre se prolonga. El Euríbor no vive en una burbuja: depende, más que nunca, de lo que ocurra al otro lado del Atlántico.