La volatilidad volvió a sacudir las expectativas monetarias en Estados Unidos, pero esta vez por una decisión política. El anuncio de Donald Trump de postergar durante 90 días la imposición de nuevos aranceles ha enfriado el entusiasmo de los inversores que, apenas una semana antes, apostaban por una actuación de emergencia por parte de la Reserva Federal. De esperar hasta cinco bajadas de tipos de interés en lo que quedaba de 2025, ahora el mercado se inclina por un escenario más moderado, con tres recortes como máximo.
Este cambio de guion se produjo a lo largo de apenas unos días. Primero se pasó de cinco a cuatro recortes previstos, y luego, con la prórroga arancelaria, se eliminó una bajada adicional. La hoja de ruta que hoy manejan los inversores coloca la primera reducción del precio del dinero en junio, seguida de otra en julio y una tercera en octubre. Las reuniones de mayo, septiembre y diciembre quedarían, según este planteamiento, fuera del calendario de decisiones.
Detrás de este giro está el alivio de los mercados ante la retirada (temporal) de la amenaza proteccionista. La imposición de aranceles, tal como se había planteado inicialmente, encendió las alarmas sobre un frenazo económico con riesgo de recesión, lo que justificaba un giro más agresivo por parte de la Fed. Pero la marcha atrás de Trump ha calmado ese temor y, con él, la necesidad de estímulos urgentes.
Goldman Sachs fue una de las primeras voces en reflejar ese cambio de ánimo: el banco de inversión eliminó de su escenario base la posibilidad de una recesión derivada del plan arancelario. Y no está solo. El gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau, miembro del Consejo del BCE, aplaudió la decisión de Washington, calificándola como «el comienzo de un regreso a una política económica razonable».
Villeroy no se anduvo con rodeos. A su juicio, mantener el rumbo arancelario habría supuesto un cóctel de inflación al alza y crecimiento a la baja. En resumen, un escenario en el que todos pierden, empezando por Estados Unidos. “El proteccionismo es una mala política, que juega en contra de quien la aplica”, apuntó.
La Fed, por ahora, tiene algo más de margen para mantener los tipos en niveles relativamente altos, lo cual le da oxígeno en un entorno en el que la inflación, aunque moderada, sigue presente. Pero la situación sigue siendo frágil. Basta una nueva sacudida política —o un tuit presidencial— para volver a agitar el tablero.
De momento lo más probable es que el euríbor no perfore el suelo del 2% que tan claro parecía con la guerra arancelaria y nos tocará volver a una tendencia lateral en la que veremos pequeñas subidas los próximos días.