Con el arranque de la campaña de la renta, muchos contribuyentes se lanzan con entusiasmo (y algo de ansiedad) a confirmar su borrador cuanto antes. Sin embargo, la economista y divulgadora Sara Ferrer ha querido frenar ese impulso con un consejo muy claro: no hay que tener tanta prisa. En un vídeo que ya circula por redes sociales, Ferrer lo dice sin rodeos: “Nunca, nunca se hacen las declaraciones de renta la primera quincena que abren el plazo”.

¿Exageración? No tanto. La razón tiene que ver con los propios mecanismos de Hacienda. Durante los primeros días de campaña, los datos fiscales que proporciona la Agencia Tributaria no siempre están del todo actualizados. Ferrer explica que muchos bancos, aseguradoras, fondos de inversión o incluso empleadores aún están enviando información relevante sobre ingresos, deducciones o movimientos patrimoniales, y es habitual que esa información llegue a cuentagotas. Esto significa que quien se adelanta demasiado puede estar confirmando un borrador con cifras incompletas.

Y ahí es donde vienen los líos: una declaración con errores puede implicar desde tener que presentar una declaración complementaria (engorroso), hasta recibir un requerimiento de Hacienda (más engorroso todavía). Según Ferrer, los más impacientes suelen ser personas con rentas bajas que quieren cobrar cuanto antes su devolución, y precisamente ellos son los que más riesgo corren de cometer errores si no esperan lo suficiente. “Ahora testean los más pobretones y la peña que tiene prisa por cobrar”, señala sin filtros.

Las ayudas por la DANA, en el limbo fiscal

Un caso aparte lo representan quienes recibieron ayudas tras los episodios de lluvias torrenciales del pasado octubre. Ferrer advierte que aún no está claro cómo van a tributar esas compensaciones, lo que convierte en especialmente delicado hacer la declaración en estas fechas si uno está entre los afectados. “Eres un afectado por la DANA, no hagas la declaración este mes”, recomienda.

Este tipo de ayudas, como muchas otras que se conceden tras catástrofes naturales, pueden estar exentas de tributar, pero todo depende de cómo lo regule Hacienda. El problema es que, a día de hoy, la Agencia Tributaria no ha despejado las dudas. Presentar la declaración sin saber si esa ayuda cuenta como ingreso tributable o no puede llevar a errores que después haya que corregir. Y en estos casos, lo que se juega el contribuyente no es poco dinero.

¿Entonces, cuándo es buen momento para presentarla?

No se trata de apurar hasta el último día, pero sí de dar margen para que la información se asiente. A partir de mediados de mayo, explica Ferrer, es más probable que los datos fiscales ya estén bien consolidados. Eso da tiempo para revisar la declaración con calma, detectar posibles errores o lagunas, y asegurarse de que no se deja ninguna deducción por el camino.

Y para quienes han tenido cambios importantes —como un nuevo trabajo, una herencia o un cambio en su situación familiar—, la recomendación es clara: no fiarse del borrador tal cual llega. Revisarlo punto por punto o, si hay dudas, recurrir a un asesor puede evitar muchos sustos.

En resumen: hacer la declaración cuanto antes puede parecer una forma de quitarse un peso de encima, pero en realidad puede convertirse en una trampa. No es cuestión de retrasarlo eternamente, pero sí de esperar a que la información sea fiable. Porque, como dice Ferrer, la prisa con Hacienda no suele salir bien.