La locomotora alemana se está calando y muchas son las noticias preocupantes que nos llegan desde ahí, tanto que han tenido que tomar medidas inusuales. El gigante alemán de suministros automotrices, Robert Bosch, ha anunciado una drástica medida frente al debilitamiento de la economía germana: 450 empleados pasarán a una jornada laboral reducida equivalente a una semana de cuatro días a partir de marzo de 2024. La decisión forma parte de una estrategia para enfrentar lo que describen como una «situación económica difícil».

A partir del 1 de marzo, estos trabajadores, ubicados mayoritariamente en las plantas de Stuttgart y Gerlingen, pasarán de trabajar entre 38 y 40 horas semanales a 35 horas, lo que también implicará una reducción proporcional en sus salarios.

Bosch, con ingresos anuales de €92 mil millones, es un peso pesado de la industria europea, diversificando su actividad en productos de consumo, tecnología industrial y soluciones de movilidad. Sin embargo, más de la mitad de sus ingresos provienen del negocio automotriz, suministrando componentes clave como frenos y bujías. Este enfoque lo ha dejado particularmente expuesto al colapso en la demanda de vehículos tanto en Europa como en mercados internacionales, además de la creciente competencia de fabricantes chinos.

Un panorama sombrío para la industria automotriz alemana

El anuncio de Bosch no es un caso aislado. En octubre, la empresa ya había adelantado la eliminación de 7,000 puestos de trabajo debido a la incertidumbre económica. Stefan Hartung, presidente del grupo, advirtió que las metas financieras de la compañía para 2024 no se cumplirán y dejó abierta la posibilidad de más recortes de personal.

Por otro lado, Volkswagen, otro gigante del sector, enfrenta su propia crisis. En medio de un ambicioso plan de recorte de costes por €10 mil millones, la empresa ha propuesto reducciones salariales del 10% y no descarta cerrar una planta en Alemania, algo sin precedentes en su historia. Sus beneficios cayeron a mínimos de tres años en la primera mitad de 2024.

La crisis manufacturera de Alemania

El contexto económico de Alemania no favorece a sus grandes corporaciones. Enfrentándose a un segundo año consecutivo de contracción económica, el país vive una tormenta perfecta: una recesión prolongada en el sector manufacturero, altos precios de la energía tras la invasión rusa de Ucrania y la disminución de la demanda externa han golpeado duramente su modelo económico basado en las exportaciones.

Mientras tanto, otras empresas del sector automotriz han optado por estrategias similares para mantenerse a flote. Fiat, propiedad de Stellantis, redujo en febrero las horas de trabajo en su planta de Turín al pasar de turnos dobles a un único turno, además de implementar suspensiones temporales para algunos empleados.

La situación de Bosch y otros actores clave refleja un cambio de era en la economía alemana, donde la estabilidad industrial que definió al país durante décadas enfrenta un desafío sin precedentes.