Rebajar la inflación al 2% se está volviendo una obsesión para los bancos centrales que seguirán subiendo tipos hasta que lo logren y cueste lo que cueste. Ayer conocimos las actas de la última reunión de la FED en la que quedó constancia de que seguirán subiendo tipos hasta que logren su objetivo.

El comité afirma que «casi todos» sus integrantes coincidieron en que sería adecuado incrementar el precio del dinero en 25 puntos básicos, mientras «unos pocos» se mostraron partidarios de una subida de 50 puntos al entender que una política monetaria «insuficientemente restrictiva» podría hacer descarrilar los esfuerzos acometidos hasta el momento para doblegar la inflación.

«Los miembros estiman que será necesario mantener una política restrictiva hasta que los datos recibidos confirmen de forma clara que la inflación se encuentra en una senda descendente hacia el 2%, lo que, probablemente, llevará un tiempo», reza el documento.

La Fed cree que el crecimiento económico de 2022 ha estado por debajo de la media a largo plazo y ha considerado que «se ralentizará aún más en 2023». Además, el comité comparte la apreciación de que el mercado laboral permanece «muy ajustado» por el decalaje entre una demanda de mano de obra que excede a la disponible e impulsa al alza la masa salarial.

Por otra parte, el banco central continúa considerando una recesión económica en el país como un escenario «plausible» en algún momento del año tras el débil crecimiento del gasto interno privado y las condiciones financieras «ajustadas» previstas.

Mientras tanto, a este lado del atlántico, la recientes declaraciones de varios miembros del BCE van todas en la misma dirección y ya han adelantado que volverán a subir los tipos de interés en marzo. El Banco Central Europeo podría llevar el precio del dinero a los máximos históricos vistos en el año 2000 ante la resistencia de la inflación y la fortaleza del mercado laboral.