Esta semana ha sido muy comentada la marcha del conocido Youtuber El Rubius y como suele ocurrir con estos temas ha generado un acalorado debate (de esos que incendian las redes sociales) entre los que le entienden y le atacan.

Todo esto ocurre en medio de otro debate, el del dumping fiscal de Madrid con el resto de España que en su día generó otro acalorado debate entre los que lo defendían y los que le atacaban.

Y es que cuando hablas de impuestos, todo termina… en un acalorado debate.

Pero hay una cosa que parece ser cierta, en general la gente que tiene dinero tiende a buscarse la vida para pagar menos a hacienda y las empresas que ganan dinero tienden a buscarse la vida para pagar lo mínimo a hacienda y en este segundo caso, al tener más dinero tienen también más incentivos para hacerlo.

En el otro lado tenemos a los países que tienden a subir los impuestos (que probablemente sea necesaria una vez pasada la pandemia), con lo que la desigualdad de los tipos impositivos entre países se incrementa y por tanto los incentivos para que las empresas y personas cambien su residencia, también.

Por tanto solo hay una manera de que los países suban sus impuestos sin temor a que sus ciudadanos se vayan al extranjero a tributar y es que todos los incrementen. Y me temo que por ahí van los tiros.

Janet Yellen, la elección del presidente electo Joe Biden para ser secretaria del Tesoro, lo dejó bien claro el pasado martes.

«Esperamos trabajar activamente con otros países a través de las negociaciones [de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico] sobre impuestos a las corporaciones multinacionales para tratar de detener lo que ha sido una carrera mundial destructiva hacia el fondo en materia de impuestos corporativos»

«En ese contexto, aseguraríamos la competitividad de las empresas estadounidenses incluso con un impuesto de sociedades algo más alto», añadió, refiriéndose a lo que podría ser un esfuerzo coordinado para reforzar las tasas corporativas.

Biden prometió en campaña electoral subir los impuestos a las empresas del 21% al 28% y esta es la típica promesa que sí se cumple.

Por tanto es de esperar una ofensiva americana para que todos los países desarrollados se coordinen para una subida impositiva, de momento a las empresas y después seguro que a los ciudadanos.