El pasado 16 de junio de 2019 entró en vigor la nueva ley hipotecaria con la intención de proteger al consumidor de las clausulas abusivas de la banca, gracias a ella los bancos estaban obligados a informar mejor a sus clientes así como asumir más costes de las hipotecas. En principio una serie de medidas que iban claramente a favor de los hipotecados.

Desgraciadamente muchas veces la buena intención no siempre se ve recompensada con buenos actos y su puesta en marcha ha supuesto un contratiempo para las rentas más bajas restringiendolas aún más el acceso a la vivienda, así de claro lo ha dejado la subgobernadora del Banco de España, Margarita Delgado en unas jornadas sobre el mercado hipotecario post-Covid.

Sin duda se debe ser especialmente cuidadoso en la concesión de nuevas operaciones, pero debemos asumir que, inevitablemente, la aplicación de unos estándares estrictos, como exige la Ley, puede restringir el acceso a la vivienda en propiedad a algunos colectivos con rentas bajas

La razón es que los clientes han de ser ahora más solventes y las garantías necesarias para la concesión de las hipotecas son también más elevadas lo que deja fuera de juego a cada vez más familias. A fin de cuentas lo que más valora un banco a la hora de conceder una hipoteca, no es la hipoteca o el inmueble en sí, si no tus posibilidades para pagarla en un futuro. Su negocio es que tu pagues las cuotas no quedarse con la casa y esto ya lo vimos en la última crisis en la que se concedieron demasiadas hipotecas a clientes que finalmente no pudieron pagarlas con el consiguiente drama social y crisis bancaria.