Recientemente nos ha llegado la noticia de la muerte de Marcos Mundstock, la voz narradora del grupo cómico-musical argentino Les Luthiers. Al ser él el maestro de las palabras de dicho grupo, es claro que su dominio de los recursos del lenguaje eran más que notables. Pues bien, como si de un visionario se tratara, o simplemente de un gran conocedor de la naturaleza humana, nos encontramos con una gran cantidad de frases lapidarias suyas aplicables a la situación por la que atravesamos.

Así, por ejemplo, a nuestro Gobierno, con sus inconsistencias en la gestión de la crisis, se le podría aplicar la de “Si no puedes convencerlos, confúndelos”. Y a ello se aplica con feroz determinación, anunciando a unos, prometiendo a otros y no cumpliendo con casi nadie. Al final, contradicciones, rectificaciones y el lío fenomenal ya está listo para que nadie se entere en realidad de lo que ocurre. Eso sí, siempre con la mayor transparencia.

Y es que, una de las medidas que el Gobierno ha marcado como clave para que la crisis económica no se agudice aún más, llámese los ERTE, pueden convertirse en una ratonera para miles de empresas debido a la mala gestión de éstos. De hecho, según el Consejo General de Gestores Administrativos y el Registro de Economistas Forenses (Refor) del Consejo General de Economistas, hasta 50.000 empresas podrían presentar concurso de acreedores debido a retrasos en la gestión de los mismos. Señalan igualmente que en todo 2019, la cifra de concursos fue de 4.000.

En concreto, Fernando Santiago, presidente del Colegio y del Consejo General Colegio de gestores Administrativos de Madrid, señala que a muchas empresas se les ha denegado el ERTE de fuerza mayor asegurando que en sus negocios no estaban obligados a cerrar. Por lo que, sin tiempo para reaccionar, se siguen generando pérdidas que no se pueden asumir.

Estas empresas, con una notificación a tiempo, hubieran podido presentar un ERTE por causas económicas, lo que quizás hubiese facilitado que los trabajadores hubieran cobrado su prestación de marzo y abril por parte del Estado. Ahora, el empresario que no tiene liquidez ni ingresos, debe afrontar el pago de unas cantidades para las que no tiene fondos porque los préstamos del ICO tampoco llegan a tiempo o no le son concedidos. El proceso de presentar un nuevo ERTE por causas económicas puede alargarse cerca de dos meses, lo que plantea dudas acerca de si estas empresas podrán sostener los costes.

Pero está claro que entre los gobernantes de nuestro país (y no importa el signo) se sigue a rajatabla la afirmación de que “Toda cuestión tiene dos puntos de vista: el equivocado y el nuestro”. Y mientras que Pedro Sánchez anuncia que 3,9 millones de trabajadores se verán beneficiados del mecanismo de emergencia habilitado por el Gobierno, lo cierto es que esta avalancha está provocando un colapso en la administración.

En la mayoría de casos, son las CCAA las que tienen que aprobar o no el ERTE, tramitarlo y mandar el expediente al Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE, el antiguo INEM). Este es el encargado de dar de alta a los empleados para que reciban el subsidio de empleo. Las comunidades tienen cinco días de plazo para presentar los expedientes. El problema es que los plazos no se están cumpliendo. De los cinco días estipulados, muchas resoluciones están llegando hasta 15 días después de cumplirse el plazo.

Ante el aluvión de despidos, algunas comunidades están tardando diez días en informar de los expedientes, lo que provoca retraso en el trámite para el cobro de la prestación y prolonga considerablemente la incertidumbre de muchos trabajadores en torno a cómo se resolverá su futuro laboral. Y de esta forma, los trabajadores empezarán a cobrar a partir del mes de mayo, un mes más tarde de lo previsto (y de lo prometido por el Presidente). Hasta el momento, de los casi 3,9 millones de afectados, solo han cobrado la prestación 600.000, de las más de 450.000 empresas que han presentado los expedientes.

La explicación del Gobierno es sencilla, según la ministra de Trabajo y Economía social, Yolanda Díaz, haciendo buena la frase de “Errar es humano, pero echarle la culpa a otro es más humano todavía”, todo dependerá de la coordinación con las comunidades. Aunque, al mismo tiempo dejase caer que la falta de fondos también pudiera ser un factor a tener en cuenta, ya que afirmó no saber “cuál es la recaudación que vamos a tener, ya que se está desplomando el empleo”, lo que explicaría en buena medida los retrasos en la gestión.

Pero según Sánchez, el Gobierno ha hecho “muchas cosas” durante el mes que lleva el estado de alarma “en favor de las familias, de los trabajadores y de los autónomos”. Ha recordado que casi un millón de autónomos han solicitado la prestación por cese de actividad y que se han puesto en marcha líneas de financiación por hasta un tope de 100.000 millones “para garantizar la liquidez y, en consecuencia, la subsistencia del tejido productivo en nuestro país”. Lo cual lleva a pensar en la certeza de que “El que es capaz de sonreír cuando todo le está saliendo mal es porque ya tiene pensado a quién echarle la culpa”.