Casi de la noche a la mañana, el fenómeno de Greta Thunberg ha pasado del total desconocimiento a ocupar las portadas de medio mundo con cada declaración, cada visita y hasta cada mirada de su cara poco expresiva que esta adolescente sueca pueda llevar a cabo.

El caso es que, más allá del mensaje que esta chica quiera transmitir, por otro lado, necesario y urgente como pocos, han sido muchos los medios que han señalado como ella misma, como persona, está siendo objeto de una campaña de marketing orquestada por personas cercanas a ella y aplaudida por los medios de comunicación de medio mundo.

Así, decir que Greta Thunberg ha sido la persona del año de 2.019, es algo tan cierto como que la propia revista Time así la ha bautizado. La joven activista climática, con apenas 16 años, se ha convertido en todo un fenómeno y un ejemplo de lucha por el mundo que nos rodea. Ella es la cara visible de un movimiento que le ha permitido hacer frente a líderes mundiales, además de conseguir que muchos jóvenes sigan su ejemplo y luchen contra el cambio climático. Por este motivo, la joven sueca es también un ejemplo y puede tomarse como tal para muchos. Entre ellos, empresas y marcas que quieran captar la atención de la gente y conseguir así potenciales consumidores.

El hecho de que actúe como ejemplo para millones de jóvenes, ha conseguido la movilización de los mismos, cambiando hábitos y pensamientos. Mientras siguen las andanzas de la activista en tiempo real en pantallas de millones de dispositivos, se asocian a causas, empiezan a demandar actuaciones y piden explicaciones en diferentes plataformas de internet. El paso siguiente es la reacción de las marcas. Ahora se les empieza a pedir que se alíen a una causa social, que respeten al medio ambiente y que no solo ofrezcan productos y servicios sin ningún tipo de causa tras ellos. Es decir, que estas marcas se sumen también a la causa de Greta.

¿Pero cómo empezó todo? Greta comenzó su ascensión a finales de agosto de 2018 tras iniciar por su cuenta una huelga de defensa del clima delante del Parlamento sueco. Esta huelga se hizo viral y se convirtió en el movimiento internacional Fridays for Future, en el que cada viernes se convocan huelgas y concentraciones estudiantiles en todos los rincones del planeta, aparte de concentraciones más masivas cada cierto tiempo. De esta huelga, a charlas en Estocolmo, conferencias sobre el cambio climático en Polonia, con el auspicio de la ONU, el Foro de Davos en Suiza, discursos en media Europa y, de ahí, a Estados Unidos para hablar en la Cumbre sobre Acción Climática de la ONU en Nueva York.

Lo cierto es que para muchos se ha convertido en el emblema del hartazgo de una generación, la cual ha decidido decir basta y propiciar un cambio de paradigma en el modelo de sociedad que hoy tenemos.

Para otros, esta chica no es más que una creación que, por su fama, puede ser utilizada como un producto viviente, o alguien que tal vez inconscientemente incite promociones de según qué productos.

Con respecto a los primeros, la adolescente sueca es una chica joven que, a pesar de su Asperger (enfermedad dentro del espectro autista), ha sabido enfrentarse sólo con sus hechos y sus palabras a las grandes fuerzas políticas, empresariales y mediáticas de medio mundo. Es, por tanto, un ejemplo a seguir, una guía, casi religiosa, hacia un mundo más justo, más verde y más igualitario. El hecho de verla, tan pequeña, tan frágil, tan en directo, enfrentada a los hombres más poderosos del planeta, incita a legiones de jóvenes a seguir su ejemplo, lo que mueve a empresas y gobiernos, cuando menos, a hablar de ese cambio de paradigma.

Con respecto a los segundos, esta chica, al margen de sus creencias, que nadie pone en duda, es un producto de marketing como otros tantos. De hecho, los más exacerbados críticos apuntan a que Greta no es sino una marca hecha a medida de políticos multimillonarios como parte interesada de la fama y la capacidad de movilización de la adolescente. Por tanto, desde estas partes interesadas se busca mantener el foco mediático continuamente sobre Greta, como generadora de movimientos que interesan a los grupos que en la sombra la patrocinan.

Lo cierto es que los movimientos políticos en torno a la contaminación del planeta y al cambio climático están generando una partida de ajedrez, a nivel mundial, en el que cada jugada y cada pieza está perfectamente orquestada para la consecución de unos fines.

Posiblemente estemos asistiendo al nacimiento de un nuevo orden mundial en el que el derecho a contaminar (y por tanto a producir) se conviertan en la clave. Podría llegar el momento en que un país como China, gran fábrica mundial y el mayor foco de contaminación del planeta, tenga que pagar a otros países para que le dejen seguir contaminando a cambio de que éstos puedan seguir comprando sus productos, en lugar de producirlos ellos, con lo que no contaminarían.

Es decir, los países podrán optar entre ser más respetuosos con el medio ambiente, y comprar lo que necesiten a terceros, o producir ellos mismos lo que necesiten, con lo que contaminarían su medio ambiente.

Como medida de presión para llevar a cabo este intercambio, la figura de Greta Thunberg es clave. Ella representa la alternativa: un cambio de paradigma en el que perdemos comodidad, pero ganamos calidad de vida. Menos consumo, producción más eficiente, más reciclaje y menos negocio para esos productores contaminantes, ya sean empresas o países, de modo que, o cambian ellos, o cambia el modelo de consumo.