La guerra de aranceles entre Europa y Estados Unidos ha alcanzado una nueva cota. Determinados productos agrícolas procedentes de determinados países de la Unión Europea pasan a ser gravados por tipos arancelarios para compensar las ayudas que estos países dieron en su momento a Airbus.

Esta imposición de aranceles ha recibido el visto bueno de la Organización Mundial de Comercio y afectará a productos del Reino Unido, Alemania, Francia y España principalmente, que son los países que forman parte del consorcio Airbus y, por tanto, responsables de los “subsidios ilegales” fueron los países que subsidiaron a Airbus (perjudicando obviamente a Boeing). En este sentido cabe señalar que la misma entidad internacional constató en 2002 que Estados Unidos había concedido ayudas fiscales indebidas a Boeing por valor de 3.700 millones de euros. Han pasado más de tres lustros y Bruselas no ha aplicado aún estas sanciones comerciales. No sería de extrañar que se desempolve ahora el viejo expediente.

El perjuicio económico para nuestro país se basa en estimaciones, que van desde los 700 a los mil millones de euros, según la secretaria de Estado de Comercio, Xiana Méndez. Y afecta a productos como el queso fresco, las aceitunas, el aceite de oliva, productos porcinos, el vino y los licores de origen español. Además, de los yogures, la mantequilla, las cerezas y los melocotones de la mayoría de los países de la Unión Europea (incluido España), así como otros muchos productos como, por ejemplo, los berberechos o las navajas en conserva y, por supuesto, componentes de aviación civil.

En total unas 1.200 empresas afectadas que el pasado año exportaron productos por valor de más de 700 millones de euros sólo en aceite y vino, de los 12.791 millones de euros que supusieron las exportaciones totales al país norteamericano.

Pero el asunto con Boeing tiene más miga. Tras el descalabro sufrido por el gigante estadounidense por el asunto del malogrado 737 MAX, con dos siniestros a sus espaldas atribuibles a problemas en su fabricación, la incertidumbre se cierne sobre la empresa, que acumuló pérdidas por valor de 2.700 millones de dólares en el primer semestre de este año. La evolución del modelo 737 de Boeing ha resultado ser un fiasco muy caro, que ha provocado un frenético proceso de actualización y mejora del aparato, además de un lavado de imagen que incluye un «solido paquete de recursos de formación y entrenamiento». Hay que tener en cuenta que el 737 es responsable de hasta un tercio de las ganancias operativas de una compañía que en 2018 superó por primera vez los 100.000 millones de dólares de ingresos (casi 89.000 millones de euros).

Así las cosas, la caída de las ventas y la cancelación de pedidos se han sucedido, a favor del modelo A320 de Airbus, que ha visto un repunte de sus encargos. Es lo que tiene cuando entre dos empresas se reparten el 90% del mercado: el tropiezo de una es el beneficio de la otra. Siendo la única duda la capacidad de Airbus para hacer frente a una avalancha de pedidos, que puede complicar los plazos de entrega.

Y en medio de este pastel entra, cómo no, China. No bien comenzó la debacle de Boeing y Airbus y China Aviation Supplies Holding Company firmaban un acuerdo para la adquisición de 300 aviones: 290 del modelo A320 y 10 del modelo A350, por un precio que no ha trascendido pero que podría rondar los 30.000 millones de euros.

Y es que, según la última previsión de Airbus sobre el mercado chino, que abarca de 2018 a 2037, China necesitará a lo largo de los próximos 20 años 7.400 nuevos aviones de pasajeros y carga. Esto representa más del 19 por ciento del total de los más de 37.400 nuevos aviones de demanda mundial. Estas estimaciones se asemejan a las realizadas por Boeing, que cifra en 7.690 las necesidades de aviones de China hasta el 2.037.

Por tanto, no es de extrañar que los nervios empiecen a cundir, tanto en Boeing, como en la protectora administración estadounidense. Que ven que Airbus se posiciona en el mayor mercado mundial mientras su flamante producto estrella sufre cancelaciones y retrasos por la incertidumbre generada a raíz de sus problemas de seguridad.

Pero el tema de la aviación comercial en China tiene otra pata que, por ahora, no parece muy preocupante, pero que a la larga dará mucho que hablar. Y es que China también quiere fabricar aviones. De hecho, ya lo hace.

La Corporación de Aviones Comerciales de China (COMAC, por sus siglas en inglés, aunque mucho me temo que acabaremos llamándola por su nombre en chino), ultima las pruebas de un avión comercial pensado y diseñado para competir con el A320 y con el Boeing 737. De hecho, el C919 es ya un símbolo de la aviación comercial china, habiendo sido bendecido por el gobierno del país asiático. Tras tres pruebas exitosas y sufrir algún retraso (se esperaba su puesta en marcha en 2.016), la empresa china confía en obtener la certificación para el avión, tanto de los reguladores chinos, como de los europeos, para el 2.020. Para ese mismo año ya cuenta con 815 pedidos de doce clientes diferentes.

Esto sólo significa que el duopolio entre Airbus y Boeing tiene los días contados. Atendiendo a lo visto con los productos chinos, comenzarán compitiendo con los dos gigantes por precio y terminarán superándoles en calidad, y sólo trabas legales y trámites burocráticos impedirán que se hagan con todo el mercado aeronáutico mundial en un par de décadas.