Fue allá por el 2007, con la crisis llamando con fuerza a la puerta, cuando se concretó la venta de Endesa a Grupo Enel. La venta de la estratégica compañía española, la mayor compañía energética de nuestro país y con una fuerte presencia en Sudamérica, no fue fácil ni barata, pero sí fue bendecida por el entonces presidente Zapatero, cuyo empeño y logro fue impedir que la eléctrica española fuese adquirida por la alemana E.ON.

La historia se podría remontar al 2001, cuando Endesa e Iberdrola intentaron fusionarse con vistas a ganar tamaño en un mercado en el que el mismo es un factor fundamental de éxito. Este intento no fructificó debido sobre todo a cuestiones regulatorias.

En 2005 fue cuando comenzaron realmente unas hostilidades en las que una serie de empresas compitieron por hacerse con el control de una compañía enorme y con unas posibilidades aún mayores. Así, Gas Natural, apoyada por Iberdrola, interesada por conseguir activos de Endesa situados en “áreas de influencia” suyas, abría el melón de los intentos de compra.

El proyecto no fructificó, a pesar de contar con un informe favorable de la Comisión Nacional de la Energía, más que nada porque entró en escena el factor que más daño ha hecho a nuestra economía en la historia: el factor político. El Gobierno del PSOE bendijo el acuerdo a través de su Ministro José Montilla (sí, el mismo que ahora dirige a los socialistas catalanes), mientras que la oposición del PP acusaba a los socialistas de enmascarar en la operación la condonación de un crédito de 6 millones de euros de La Caixa (principal accionista de Gas Natural) al PSC.

Acusaciones arriba, descalificaciones abajo, el caso es que la operación se malogró, entre la oposición de Endesa y las declaraciones explosivas de los políticos, muchos de los cuales hablaron de estas cuestiones cuando su conocimiento del mercado eléctrico se limitaba a saber accionar el interruptor de la luz.

Pero vino a complicarlo todo la irrupción de E.ON. En 2006, la compañía alemana presentó una oferta que mejoraba la de Gas Natural y, llamada de Merkel a Zapatero mediante, nuestro Presidente se dejó querer. Mientras las críticas arreciaban, llegando a decirse que el trasfondo de todo era que no se quería vender Endesa a una empresa catalana. Llámese Carod Rovira y su teoría de la “catalonofobia empresarial”.

Pero no se contaba con el espíritu numantino del todavía presidente de Endesa Manuel Pizarro (el mismo que un tiempo después, perdida la guerra, salió de Endesa con una jugosa indemnización y un puesto de Ministro en el Gobierno del PP de Rajoy). Éste seguía apostando por la viabilidad del proyecto de una Endesa fuerte y sola.

El caso es que la venta se aprobaría imponiendo determinadas condiciones a la empresa alemana. Éstas fueron tales que despertaron al ogro de la Comisión Europea, que abrió una investigación y comenzó un proceso de infracción del Gobierno español por obstaculizar la operación. El resultado fue, como siempre en política, un “sí, pero..”, se daba la razón a la energética alemana pero también se reconocía el derecho de los Gobiernos a proteger sectores estratégicos.

Y así, entre idas y venidas a Bruselas y con todos los implicados esperando acontecimientos, el tiempo ayudó a que se fraguase el nuevo asalto. A finales de 2006 Acciona compraba un 10% de Endesa (apoyada por el Santander, que se estaba perdiendo la fiesta), con el ánimo de ampliarlo hasta el 25%. A principios del 2007 Enel, compraba otro 10%, con la intención de que aumentarlo con un 7% adicional. Ambas empresas unidas controlaban ya más de un 35% de Endesa, siendo contrarias a la OPA de E.ON.

Ante el regocijo del resto de los accionistas de Endesa, la unión de Enel y Acciona presentó una OPA en 2007 que mejoraba la de E.ON. Y la alemana se retiraba de la pugna a cambio de unas modestas indemnizaciones en formas de unos pocos activos de Endesa.

Con el 92% de las acciones en manos de Enel y Acciona, Endesa comenzaba su nueva etapa en la que Enel se comprometía a “Desarrollar a través de Endesa las actividades energéticas en Latinoamérica (…) conservar el centro de decisión efectiva de Endesa en España (…) incrementar las inversiones en el sector energético español (…) y de forma muy especial para la minería nacional”.

Sin embargo, aún quedaba otro golpe de efecto. En febrero de 2009, Acciona cedería a Enel su participación en Endesa a cambio de un dinerillo (8.000 millones de euros) y unos cuantos activos más de Endesa, en concreto sus activos de energías renovables.

A día de hoy, el que será probablemente el último presidente ejecutivo de Endesa español, ya no ocupa su cargo. Con esto se continua con la “italianización” de la que es todavía la líder energética española y que muy probablemente acabará, bien diluida dentro de Enel, bien vendida nuevamente, pero convenientemente troceada.

¿El precio pagado por Enel? Fue alto, pero sus beneficios están siendo asombrosos. De los 37.831 millones que pagó, ha cobrado, o se espera cobrar este año, 26.998 millones como dividendos. A esto habrá que sumar el valor de su cartera, estimado en 16.500 millones, y los 3.133 que ganó en la OPV del 30% de las acciones en 2014. Todo ello recogida de los datos ofrecidos en sus informes anuales. Por si fuera poco, sus inversiones fueron en 2018 la mitad que en 2009 y su plantilla es un 28% más reducida.

Pero el detalle más relevante está en detalle de la gestión de los activos americanos de Endesa. A la inauguración de las plantas solares de Enel en Chile en 2015 acudió el primer ministro italiano, tras comprar las empresas latinoamericanas de Endesa financiando la compra con un dividendo extraordinario de la propia Endesa. Quizás aquí Rajoy hubiera podido decir algo, aunque sólo fuera que él también quería salir en la foto.