Hace 10 años se podía considerar una empresa descabellada, hace 20, una utopía. ¿Cómo era posible que una empresa pudiera convertirse en líder de ventas a nivel mundial sin tener siquiera una sola tienda física en la que vender sus productos?

Las empresas como Amazon están cambiando la forma en la que la gente consume y, además de estar demostrando tener un modelo de negocio de éxito. La estrategia es sencilla, asumir márgenes irrisorios para ganar cuota de mercado. De hecho, Amazon, por primera vez en su historia, en el año 2.010 fue la primera vez que la compañía superó los 1.000 millones de dólares de beneficio (871 millones de euros). Y, aunque en 2.012 y 2.014 volvió a sufrir pérdidas, desde ese momento parece que las mismas son ya cosa del pasado. En 2.016 obtuvo 2.100 millones de beneficio, este año, según FactSet, se estima que apenas superará los 1.500 millones, pero, hasta el 2.020 se estima que los beneficios se multiplicarán por 6, superando los 9.600 millones de euros. Esto será así porque, por un lado, la competencia estará o erosionada o asimilada dentro del propio sistema y, por otro, el consumidor estará ya lo suficientemente “adiestrado” para que la compra online sea una de sus primeras opciones y Amazon el líder en sus preferencias. Esto posibilitará una mejora en los márgenes desde el 1,11 por ciento estimado para 2017, hasta el 3,85 por ciento que se espera para 2020.

Pero el “efecto Amazon” no sólo está arrasando en la industria de las ventas al minorista, las expectativas de crecimiento de sus beneficios en los próximos años, propician expectativas favorables en bolsa. Por ahora, su cotización ha tocado máximos históricos en julio, mientras los clásicos “gigantes” del sector de venta minorista caen con fuerza en los últimos años. Muchos, como Nike o Día ya han claudicado y rinden pleitesía al “rey del retail”. Y es que la presión que está ejerciendo en sus competidores debido a precios más competitivos, le obliga a bajar los mismos, perjudicando en este caso sus márgenes y, por tanto, sus cotizaciones: Macy’s, Target, Carrefour, etc. han perdido más de un tercio de su tamaño en bolsa desde los máximos que tocaron alrededor del 2.014. A día de hoy, hasta Inditex ha caído más de un 14% desde los máximos de junio de este año, coincidiendo con el reciente lanzamiento de Amazon de una línea de ropa, llamada Find.

Sin embargo, el desmesurado crecimiento a nivel global de gigantes de la venta online podría llegar a generar dos figuras calificadas como perjudiciales para el consumidor: Un oligopolio, en el que unos pocos ofertantes controlan el mercado de cara al consumidor, imponiendo su oferta y sus precios. Y un oligopsonio, en el que unos compradores poderosos imponen sus precios y sus preferencias en cuanto a tipo y cantidad de productos a los productores. Es decir, el crecimiento de gigantes del comercio electrónico, que sólo son distribuidores, realmente no producen nada, está propiciando un cuello de botella en la economía en los dos sentidos, perjudicando a proveedores y, en un futuro cercano a consumidores, cuando, una vez barrida la competencia, la compañía dominante comience a mejorar sus márgenes y a imponer sus productos.

Otra desventaja del sistema pasa por el empleo. El pequeño comercio es una de las fuentes principales de empleo de nuestro país. Si como resultado de este cambio de hábitos se reduce el número de tiendas abiertas la demanda de empleo del sector será mucho menor. Por mucho que el sector de la logística que alimenta el comercio electrónico crezca, no lo hará en igual medida que el empleo que destruye. Entre el último trimestre del 2008 y el mismo periodo del 2016 la cifra de ocupados en las tiendas se redujo en 76.000 personas, lo que supuso una caída del 3,8%. Al mismo tiempo, el empleo en logística y transporte creció un 18% en toda España, con 29.500 nuevos puestos de trabajo creados, según la encuesta de población activa (EPA).

A pesar de ese trasvase de empleo hacia la logística, se trata de una actividad que todavía tiene un peso mucho menor que el del comercio minorista, con un total de 194.000 puestos de trabajo en almacenaje y transporte relacionado frente a 1,9 millones en las tiendas.

Las tiendas tradicionales competían de manera local contra otras tiendas próximas del mismo sector. Llegó la competencia contra los grandes centros comerciales, que ya supusieron un varapalo para el pequeño comercio ya que convirtieron aumentaron el radio de competidores a toda la ciudad. Ahora, la competencia se ha vuelto global, a precios inalcanzables la mayor parte de las veces, y ofreciendo al consumidor algo que nunca había podido hacer antes: comprar desde casa.