¿Qué clase de abogado puede defender a los terroristas del 11M, al asesino de Pioz o a los padres de Asumpta Serna? Sobre ellos escribían el otro día aquí.

Hay letrados que venderían su alma al diablo por hacerse con la defensa de un criminal que durante semanas abrirá los telediarios. Quienes han llevado casos así confirman que un asunto así «te cambia la vida»

Como confiesa uno de los abogados.

Siempre es un dilema. Notas cómo surge un conflicto dentro de ti, pero hay que dejar la moral aislada. No se trata de eso, sino de actuar dentro de la ley y garantizar a una persona el derecho a ser defendido»

Así que de vez en cuando, a uno le toca hacer su trabajo…

Hace poco, Droblo hizo de abogado del diablo al hablar del sistema de pensiones español. Hoy veo su apuesta y lo subo ya que haré de abogado del mismísimo «Charles Manson» de los lectores de este blog. De los bancos que concedieron hipotecas.

Y para ello, recurro al blog de un Notario, que cuenta sus experiencias, evidentemente estarán sesgadas por su punto de vista pero me parecen sumamente interesantes y le concederé el beneficio de la duda. Rescato algunos párrafos a modo de resumen. Básicamente trata de la firma de una hipoteca, lo que para la mayoría de los españoles es la decisión financiera más importante de su vida.

El deudor viste de chándal y entra comiéndose un gran bocadillo que lleva dentro de una bolsa de papel y se queda de pie, frente a mi mesa, dándole bocados. Le indico que sé que tiene prisa y que tiene que volver al trabajo, pero que se siente, que la lectura, explicación y firma de la escritura nos llevará unos minutos. “Ah, vale”, afirma sin mayor problema. Vista la actitud del sujeto yo mismo aspiro a que el mal trago de esta firma se pase lo más rápidamente posible.

Me gustaría preguntar a los que tanto hablan (y a los que juzgan) sobre el asunto de las cláusulas suelo qué debería haber hecho yo con este individuo. Tal vez darle las dos bofetadas que su padre, sentado a su lado y que hipotecaba una vivienda suya para garantizar la deuda del hijo, no le iba a dar y que probablemente debió haberle dado hace mucho tiempo (me conformaría con que se las diese al salir o ya en casa). Es posible que le haya dado muchas y no hayan servido de nada. Juro que me hubiera gustado hacerlo a mi.

Y es que ha sido bochornoso ver cómo ese memo, se comía un bocadillo en una bolsa de papel, mientras yo le explicaba su hipoteca. A grandes bocados, casi a cámara lenta. Regodeándose.

¿Yo tengo que firmar?

Cuando ha llegado el momento de firmar, ha hecho la pregunta del millón de dolares, “¿yo tengo que firmar?”.“Pues claro, hombre”, le dice el padre. Y el hijo dice “¡y yo qué sé¡”. Y continúa “yo lo que quiero es que me den el dinero cuanto antes”. Y entonces el apoderado del Banco le explica cómo funcionan los trámites posteriores a la firma, que si la retirada de la escritura, que si el pago del impuesto, que si la inscripción en el Registro de la Propiedad, que si luego le mandarán la escritura.

Al terminar de explicarle el apoderado le dice al energúmeno ¿vale?” y este responde: “No sé, no he entendido nada”

Claro, que los notarios también tienen lo suyo o al menos esa es una opinión generalizada que creo expresa muy bien el comentario de un lector en esta noticia (Los notarios proponen extender su función de información al momento anterior a la firma de la hipoteca ).

Romperé una lanza por algunos notarios. Yo he conocido notarios como los que decís, de los de la lectura rápida y ‘vamos, vamos, vayan firmando que tengo mucho que hacer y no vamos a estar aquí toda la mañana’, de los que te cuelan unas escrituras en 80 papeles escritos con un tipo de letra ‘arial negrita 30.000’ y con márgenes de media hoja, para poderte cobrar más folios… Pero también los hay de otro tipo, de los que realmente te explican qué conescuencias tiene firmar según que documento, te cuentan el por qué de las cosas de unas escrituras, en definitiva, te dan confianza, y de eso se trata.

Por desgracia, al menos en mi caso, han sido mayoría los de la priemra categoría, pero no dudéis de que también los hay de la segunda: cuando he necesitado ir yo a un notario ‘eligiéndolo’, es al que he acudido. Son estos últimos los que sí podrían hacer una labor como la que se indica en esta noticia. Incluso si me apuráis, uno de los del primer tipo, de los ‘de con prisas’, a pesar de todo, se dio cuenta de un ‘pufo’ que intentaban colarnos en una compra de un inmueble y paró la compraventa: había un error en la nota registral que cambiaba mucho las condicones.

Y yo, como abogado defensor de los bancos recurro la sentencia de la cláusula suelo para que al menos se analicen cuantos contratos hipotecarios hay con «migas de pan». Porque la torta se la han llevado los bancos pero hay que reconocer que algunos clientes también se merecían una bien dada.

Como conclusión se podría decir que es mejor pasar un poco de hambre el día de la hipoteca que no pasar hambre el resto de la hipoteca.

Y con esto me quito el traje de abogado, que es un poco incómodo.