En nuestro país, antes de la llegada de la crisis, vivíamos felices, aunque no hay que olvidar que “por encima de nuestras posibilidades”, pagábamos nuestras operaciones en negro con billetes de 500 euros y el dinero y el crédito circulaban por nuestra economía sustentados por un sistema bancario considerado por nuestro presidente de entonces, el Sr. Zapatero, como “el más saneado de Europa”. Pero llegó la crisis, y con ella el batacazo monumental de nuestra economía, el crédito desapareció, el dinero dejó de circular alegremente y la miseria se extendió. A partir de ese momento, la subsistencia echó mano del ingenio y, ante la falta de liquidez, comenzaron a nacer las conocidas como “monedas sociales”. Así fue como conocimos el ECO, en tierras valencianas con más de 1.000 usuarios, el BONIATO en Madrid, el PUMA en Sevilla o el EXPRONCEDA en Extremadura y como nos enteramos que de que el invento ya llevaba tiempo funcionando en Bélgica con el RES, en Alemania con el Chiemgauer o en Gran Bretaña con el BRISTOL POUND.

También fue cómo se pusieron de moda las llamadas monedas virtuales, con el Bitcoin a la cabeza, que parece ser la moneda ideal para transacciones electrónicas, sobre todo desde que cuenta con el respaldo de cada vez más empresas vinculadas a Internet, siendo ésta la razón de su creación y existencia. Otra cosa distinta es que se le viera potencial especulativo, lo que le ha hecho entrar en otro juego distinto de aquel para el que fue creada.

Con respecto a las virtuales, mucho se ha dicho ya, pero lo incontestable es su progresivo avance. Así, sin ir más lejos, a finales del año pasado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que el Bitcoin y el resto de monedas virtuales son divisas y por lo tanto cómo tales están exentas del pago de IVA y que, de esta manera, su compraventa debe ser tratada como cualquier otra moneda convencional. Este paso resulta ser fundamental para el futuro de esta moneda, ya que si hubiera sido considerado un bien, sus transacciones deben estar grabadas por el IVA pero por contra no tendría que sujetarse a los rígidos controles de las normativas de blanqueos de capitales que exigen muchos Estados sobre las divisas tradicionales o las limitaciones a los pagos en efectivos impuestos por muchos Estados y da un poco de claridad para la determinación de la naturaleza del Bitcoin.

En cuanto a las monedas sociales, la llegada a los ayuntamientos de partidos vinculados al movimiento 15-M, ha supuesto un nuevo empuje para su implantación, de modo que hasta un centenar de estas monedas, sobre todo en Andalucía y Cataluña, han aparecido, con mayor o menor éxito en su implantación en los últimos siete años. Uno de los ejemplos más recientes es el Chusky o Henar, en Alcalá de Henares, que se autodefine como un «sistema monetario de proximidad basado en la confianza y la reprocidad». Con un par de asociaciones por detrás y las bendiciones del gobierno municipal (un tripartito entre PSOE, Somos Alcalá/Podemos e IU) presenta como medio de creación de moneda la participación en una especie de juego: el Alkalapoly. Por ahora funciona con tarjeta monedero y tiene, como casi todas estas monedas, paridad con el euro.

Lo cierto es que, manos a la cabeza aparte de la oposición del PP, el auge de estas monedas está siendo evidente. Tanto que, se busca la implicación de Bruselas para la creación de un libro blanco con el fin de recopilar todas las iniciativas dentro de la UE, aclarar en qué consisten y con qué respaldo cuentan, y lograr un marco para promocionar su uso, complementario al euro. El hecho de que expertos como Thomas Mayer, ex economista jefe del Deutsche Bank, que propuso la creación de monedas paralelas como salida a los países en problemas de la Eurozona, o el ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis, que propuso emitir dinero electrónico, como una moneda complementaria, para compensar la falta de liquidez de euros causada por el Banco Central Europeo, son esgrimidos como avales a favor de la implantación de estas monedas.

¿Pero cuáles son las ventajas de estas monedas? La principal es el fomento de la economía local lo que puede ayudar al desarrollo del comercio de esa zona concreta. Por otro lado estas monedas no están sujetas a inflación, especulación y son inmunes a las burbujas financieras, ya que están limitadas al número de usuarios. Asimismo, también se habla de beneficios sociales, ya que su carácter participativo fomenta el espíritu organizativo, dando al proceso connotaciones políticas y sociales.

Los inconvenientes están claros, aparte del limitado número de usuarios y el localismo de la moneda, hay una serie de críticas añadidas: el fomento del consumo en mercados cerrados, demonizando al producto exterior, lleva al proteccionismo a ultranza y a la consiguiente falta de competencia. Por otro lado, el hecho de que estas monedas se estén desarrollando en su mayor parte desde plataformas antisistema o, en el mejor de los casos, desde colectivos vinculados al 15M, conllevan una serie de efectos colaterales, como son el hecho de que muchos de los bienes y servicios ofertados estén dentro de la economía sumergida, con lo que estas monedas pierden su carácter de complementariedad con el euro y pasan a situarse fuera del sistema, detrayendo recursos al mismo.