Una prueba más de que la economía se está recuperando, aunque sea tímidamente, a nivel mundial, a pesar de todos los nubarrones que sobrevuelan los mercados, tales como la crisis de los inmigrantes, la caída libre del precio del petróleo (que se agravará con la vuelta al mercado de Irán), etc., es que ya ni Alexis Tsipras se muestra ya combativo con la “Troika”. Sólo se ha quedado Joseph Stiglitz criticando la austeridad de la política europea, con mención espacial para España, a cuyo gobierno del PP ha dedicado alguna perla del tipo: «Están cantando victoria por bajar la tasa de paro del 25% al 22%. Yo digo que una economía que tiene un paro así y con una tasa de desempleo juvenil del 50% está en depresión«. Y el caso es que razón no le falta: somos un caso inaudito de triunfalismo en medio de unos números que asustarían a cualquier otro país: Tasa de paro de casi el 22%, inflación negativa del -0.3%, un 99% del PIB de nivel de endeudamiento, -2,3% de déficit público, pero un dato positivo, un crecimiento del PIB del 3% aproximadamente. Y con esto ya cantamos y bailamos porque estamos creciendo.

El caso es que el Sr. Stiglitz se despachó a gusto y afirmó que la disminución del paro se debía a la emigración de los jóvenes y al retorno a sus hogares de los inmigrantes, en su mayor parte; además, dijo que la política de austeridad impuesta por Europa había roto familias enteras y que lo que se había hecho con España, Grecia y Portugal era un desastre, culpando de ello al Banco Central Europeo por forzar al inicio de la crisis a los países europeos a asumir deuda privada y reiterando que la alternativa a la austeridad en Europa debió ser la ayuda.

Llegados a este punto sería interesante saber quién es este hombre que en el centro neurálgico del Neoliberalismo se atreve a hablar así. Y el caso es que este caballero fue premio Nobel de Economía en el 2001, por su descubrimiento de que en los mercados la información es asimétrica, lo que genera imperfecciones en los mercados que deberían ser corregidas por una mayor y más eficiente intervención de los Gobiernos, ya que la famosa “mano invisible” de los mercados no existe. Otra de sus aportaciones son sus estudios sobre los “salarios de eficiencia”, acerca de porqué ante el aumento del desempleo, sin un salario mínimo, éste no disminuye hasta el punto en que corrige el aumento del paro; en pocas palabras: porqué para eliminar el paro no sirve bajar sin más los salarios todo lo que sea necesario. Resulta curioso que te den un premio Nobel por formular y demostrar obviedades.

Fue también jefe del consejo de asesores económicos de Bill Clinton entre 1995 y 1997 y de 1997 al 2000 fue primer vicepresidente y economista jefe del Banco Mundial, cuando fue obligado a dimitir por sus opiniones ante las protestas contra las organizaciones económicas internacionales. Su libro El malestar de la globalización, una feroz crítica a las políticas del Fondo Monetario Internacional, se convirtió en la biblia de los movimientos alternativos, siendo acusado desde entonces de ser un “traidor” entre sus colegas, por usar información de primera mano para criticar al sistema del cual formaba parte.

El profesor salió de la cúpula del sistema, la Academia y los pasillos de Washington y se convirtió en un icono intelectual de los más desfavorecidos, además de figura pública y estrella de los medios. Defendiendo la idea de que, aunque sólo fuera por puro egoísmo, las clases favorecidas deberían estar interesadas en corregir la desigualdad ya que ésta es mala para la economía en general, por lo que una mayor igualdad les generaría mayores beneficios en un futuro. Además ha sido asesor de Zapatero, Zarkozy, Correa…

Su contacto con el 15-M en España tuvo lugar a raíz de una visita familiar a Madrid (su tercera esposa es nieta de exiliados republicanos). Altavoz en mano, se acercó, lanzó un pequeño discurso y se fue después a comer unos churros. Desde entonces, es frecuente que en sus declaraciones aparezca nuestro país, vinculadas sobre todo a críticas a las políticas de austeridad del gobierno del PP, así como a las directrices de la Unión Europea, de las que dice que están pensadas para destruir el futuro de los países del sur de Europa ya que, no sólo están fomentando una desigualdad sangrante, sino que además, con la emigración de capital humano hacia los países del norte, están hipotecando el desarrollo futuro de estos países.

Según el economista, existen otros caminos hacia la recuperación alternativos a la austeridad y es voluntad de la Unión Europea ponerlos en marcha: «La UE tiene la máquina para conseguir la recuperación de España, igual que dispone de la máquina para destruir a Grecia. Podrían empezar por subir el salario mínimo, eliminar los privilegios de los que goza Alemania, apostar por una unión bancaria que evitara que el dinero fluyera desde los bancos españoles, emitir eurobonos para obtener préstamos a bajo coste… Son muchas las medidas que la UE podría adoptar con el fin de ayudar a España, pero no se ha tomado ninguna. Lo único que les han servido ha sido desigualdad y desempleo. Están destruyendo su futuro».