Aún no ha empezado a funcionar y la nueva fórmula para calcular los precios del mercado eléctrico (PDF) ya acumula las críticas de todos los interesados. El ministro Soria, que ya ha declarado entender por qué no les gusta a las grandes eléctricas, no parece haber oído que tampoco les gusta a las organizaciones de consumidores.

Los 16 millones de usuarios de la Tarifa TUR, mayoría frente a los 10 millones del mercado libre, comenzarán a ser facturados por el nuevo sistema a partir del 1 de Junio, si no hay más prórrogas, ya que las dificultades para adaptar contadores y sistemas de facturación están alargando el proceso más de lo inicialmente previsto.

Tras el intento de “tarifazo” por parte de las eléctricas a finales del año pasado, el Gobierno acometió la reforma del mercado eléctrico. El mecanismo puede sonar a broma: como la subasta trimestral CESUR no era un buen mecanismo, ahora la subasta será diaria. Con ello se pretende eliminar del mecanismo de fijación de precios a los especuladores, que compraban a medio plazo añadiendo costes financieros y especulativos.

Con esta mecanismo se casarán la oferta y demanda de los productores y comercializadores de la electricidad diariamente, pudiendo el precio fluctuar cada hora; así será para los clientes con contador inteligente, para los que no lo tengan, el precio de su recibo se determinará por la media del precio diario en el mercado mayorista para el periodo de facturación. Esto, según el Gobierno hará que el precio de la electricidad se aproxime más al de un libre mercado, y que cada consumidor pague realmente el precio que le corresponde.

En teoría está muy bien, pero no hay que olvidar que este precio de la electricidad es sólo una parte del mismo, ya que sólo cubre la parte del coste de generación de la misma. La otra parte, compuesta por los peajes de acceso, transporte y toda una serie costes añadidos como la prima a las renovables, ayudas al carbón nacional, suministro a las regiones extrapeninsulares, etc., y que suponen más del 60% del recibo, seguirá en las manos reguladoras del Gobierno.

¿Pero qué opinan las empresas eléctricas?

Éstas, al margen de no entender por qué no se sigue usando el sistema anterior, han puesto el grito en el cielo. De hecho esta prórroga para la entrada del nuevo sistema viene dado por la complejidad que tienen las comercializadoras en adaptar sus procesos de facturación y reprogramar sus contadores inteligentes. Esto es así porque las variaciones horarias de precios serán reflejadas en factura, lo que entraña una gran complejidad técnica. De hecho, en los dos meses de consumo de cada período de facturación, podremos tener hasta 1.440 precios distintos del Kw/h, a razón de un precio por hora durante 60 días; esto ayudará a la creación de empleo, ya que se abrirán las puertas a un nuevo tipo de profesional: el criptógrafo del recibo de la luz.

Según Unesa, “el procedimiento propuesto supone facturar a los clientes al precio spot del mercado”. Esto genera dos problemas: uno de complejidad técnica, y otro imprevisible, a causa del impacto sobre los clientes por la volatilidad de precio a la que puedan verse sometidos. Otra crítica viene en lo concerniente a la legalidad de la norma: La norma podría vulnerar la Ley del Sector Eléctrico, que establece que la electricidad debe suministrarse «a unos precios fácil y claramente comparables, transparentes y no discriminatorios». Con el nuevo sistema esto no será posible porque no se conocerán los precios antes del consumo.

¿Al menos gusta a los consumidores?

Parece que tampoco, de hecho Facua considera que el sistema que pretende imponer Industria “es una auténtica aberración”, pues el consumidor el pagará las facturas sin conocer las tarifas. De hecho, anticipan que este sistema provocará subidas injustificadas. Además opinan que ahora, en un mes en el que los embalses están llenos, el viento ha soplado con fuerza y las centrales nucleares han funcionado, los precios serían variables, pero bajos (según los datos facilitados por el operador del mercado OMIE, el precio medio del “pool” fue de 33,62 euros el MWh en enero y de 17,12 euros el MWh en febrero); en verano, sin viento, embalses bajo mínimos y con consumos punta por el aire acondicionado, esta variabilidad provocará un enorme descontento social. Careciendo además el consumidor de la posibilidad de saber si su factura es correcta o no.

Igualmente, aseguran que este sistema vulnera el derecho del consumidor conocer el precio de un bien o servicio antes de contratarlo, recogido por la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios en su artículo 60.1.

Por tanto, sin haberse aplicado todavía, el ministro Soria acaricia un tanto: está a punto de conseguir unir en un mismo frente a empresas eléctricas y a consumidores, algo impensable hace unos meses. En su defensa, dice que esto obligará a las empresas a crear “tarifas planas” que protejan al consumidor de variaciones de precios, además  afirma que el mercado camina hacia una total liberalización, en la que la Tarifa TUR desaparecerá y se introducirá más competencia efectiva entre las compañías. Está claro que este Gobierno ha visto la luz en las tarifas planas para arreglar cualquier problema.